Historia de Europa

Condenada a muerte la primera mujer que participó en los Juegos Olímpicos

El encendido de la llama olímpica en el Templo de Hera

En el Templo de Hera, en la ciudad de Olimpia, se enciende hoy la antorcha que iniciará su recorrido hasta Londres, donde el 27 de julio dará comienzo a los Juegos Olímpicos de 2012.

Los Juegos Olímpicos de la Antigüedad

Los Juegos Olímpicos clásicos se celebraban en Olimpia cada cuatro años, a partir de 776 a.C., hasta que el emperador Teodosio los prohibió en 394 d.C. Hombres libres de distintas polis competían por la gloria; como recalcaba el poeta Píndar:

“El vencedor disfrutará, por el resto de sus días, de una felicidad tan dulce como la miel”.

La saga de Diagoras de Rodas

Una de las familias más célebres fue la de Diagoras de Rodas. Murió mientras sus hijos, Diamageto y Acusilaus, lo llevaban en hombros para celebrar su victoria. Sus descendientes siguieron triunfando: su hijo Dorieo y los nietos Eucles y Pisírodo también ganaron en distintas pruebas.

Condenada a muerte la primera mujer que participó en los Juegos Olímpicos

Calípatra: la primera mujer en romper la prohibición

En la tradición antigua, las mujeres estaban excluidas de asistir y participar en los Juegos. Sin embargo, Calípatra, hija de Diagoras y madre de Pisírodo, decidió no perderse la victoria de su hijo. Se vistió con la ropa de los atletas y logró colarse entre la multitud. Cuando su hijo ganó, Calípatra, emocionada, saltó la valla para felicitarlo, pero su vestimenta se quedó atrapada y quedó desnuda ante todos los presentes.

Según la normativa de la época, una mujer que infringiera la prohibición debía ser arrojada al Monte Típeo, lo que implicaba la muerte.

El destino de Calípatra

Los jueces, conmovidos por el valor de Calípatra y en honor a su padre y a sus hijos, decidieron perdonarle la vida. A raíz de este episodio, se instauró una nueva regla que obligaba a los entrenadores a presentarse desnudos, al igual que los atletas, para evitar futuras incursiones similares.

Fuente: “Banquetes y batallas” – Javier Murcia Ortuño