Introducción
Algunos hábitos humanos son tan antiguos que siguen vigentes hoy. Desde la época de los primeros civilizaciones mesopotámicas, la necesidad de mantenerse limpio ya era una prioridad, y la gente ideó diversos métodos para combatir los malos olores y la suciedad.
Evidencias arqueológicas
En los yacimientos de la región sumeria‑acadia se han encontrado indicios de actividades higiénicas: tuberías de cerámica en el Palacio de Mari, una habitación de baño en la ciudad de Umma y referencias escritas en poemas y textos médicos que describen rituales de baño.
Prácticas de la población humilde
Los habitantes más modestos se limpiaban frotándose con ceniza o barro y luego enjuagaban su piel con agua de pozo. Los canales de la zona servían principalmente para la navegación y el riego; su uso para bañarse estaba prohibido por leyes que castigaban severamente cualquier contaminación.
Rituales de la clase media
Quienes podían permitírselo aplicaban aceite de oliva sobre la piel y luego lo frotaban para eliminar la grasa y la suciedad. Las mujeres añadían una fina mezcla de soda diluida y ceniza de incienso, frotándola con una piedra pómez, lo que también funcionaba como método de depilación. Posteriormente utilizaban cremas hidratantes a base de leche de almendra y avena.
Los primeros jabones
Los ciudadanos acomodados empleaban una técnica más avanzada: después de untarse con aceite de oliva, espolvoreaban un polvo oscuro compuesto de ceniza de incienso y una sustancia misteriosa llamada «agua de madera». La combinación de grasa y álcali bajo fricción produce lo que hoy conocemos como jabón, por lo que podemos afirmar que ya utilizaban un jabón primitivo.

Agua de lana y lanolina
Los muy ricos descubrían que el agua ligeramente jabonosa que sobraba tras el primer lavado de la lana recién esquilada dejaba la piel suave y luminosa. Ese líquido contiene lanolina, una grasa natural de la lana que todavía se usa en cremas cosméticas modernas.

Grooming y estética
En ambas culturas era común que las mujeres se depilaran las piernas con cuchillos de piedra; la práctica se consideraba de buen gusto. Por su parte, los hombres mostraban orgullo por sus piernas peludas, su pecho robusto y sus barbas, que en los acadios solían ser rizadas.
Conclusión
Si bien algunos costumbres de higiene se han mantenido a lo largo de los milenios, otras han evolucionado significativamente. La creatividad de los sumerios y acadios nos muestra que la preocupación por la limpieza y la apariencia siempre ha sido parte esencial de la vida humana.
Contribución de Joshua BedwyR, autor de In a Dark Blue World