No sabemos con certeza cómo era Cleopatra, la última reina del Egipto ptolemaico, pero sí que su capacidad de seducción fue múltiple y compleja. Amante del lujo, la ostentación y las joyas, también disfrutaba del poder y de los placeres gastronómicos y orales, tanto que sus contemporáneos la apodaron "la de la boca abierta" y "la boca de diez mil hombres".
Seductora a través del estómago
Como muchas mujeres a lo largo de la historia, Cleopatra creía que la gastronomía podía ser un arma eficaz de conquista. En su época, alimentos ricos en fenilalanina (carnes rojas, huevos, garbanzos o espárragos) favorecían la producción de oxitocina, la "molécula del amor", aunque ella desconocía la ciencia moderna. Parece que su relación con Marco Antonio se consolidó, al menos en parte, tras una apuesta gastronómica.
Menús de lujo, dulzura y voluptuosidad
En la literatura franquista del siglo XX se alude a una supuesta "sociedad de los Inimitables", un círculo de sibaritas que organizaba banquetes fastuosos. Sin embargo, la cocina cotidiana de Cleopatra era mucho más sencilla. Entre los platos que se servían en su mesa se encontraban aves asadas, carne de jabalí rellena, aves de corral con sangre, y dulces bañados en miel.
El Haman Mashi del amoroso dúo
Papeles encontrados en la oásis de Fayum, rica durante el reinado de Cleopatra, revelan que un menú típico podría haber incluido Haman Mashi, paloma rellena de arroz o trigo verde, acompañada de verduras de la época, seguida de sopa de habas y cebada, carne de caza asada, pescado del Nilo al spit y tortas de higo con miel, todo acompañado de vino griego y cerveza egipcia.
La lechuga, considerada un potente afrodisíaco, también estaba presente: servida cruda, aliñada con aceite de oliva y sal, junto a cebollinos verdes, alimentos que en la iconografía egipcia aparecen como ofrendas a los dioses.
Boca y flirteos
Plutarco, en sus "Vidas paralelas", menciona que los encantos de Cleopatra no residían solo en su apariencia, sino también en su conversación, su voz melódica y su ingenio. Según algunos relatos, la reina habría organizado encuentros en los que demostraba su dominio del placer oral, una práctica que, según la tradición, habría inspirado posteriores relatos eróticos.
Se dice que, en una ocasión, un centenar de oficiales romanos fueron atendidos por la reina y que, tras el encuentro, sus secreciones fueron recogidas en una copa de oro que ella bebió. Aunque la veracidad de esta anécdota es discutible, ilustra la fama de Cleopatra como mujer de extraordinario magnetismo sexual.
Innovaciones inesperadas
Algunos autores la vinculan, de forma anecdótica, con el origen de dispositivos que producían vibraciones para el placer, describiendo cómo se podrían haber utilizado abejas en calabazas huecas para crear una vibración natural. Estas historias, aunque entretenidas, carecen de pruebas arqueológicas sólidas.
En definitiva, entre banquetes fastuosos, conversaciones cautivadoras y leyendas de placer, Cleopatra se consolidó como la primera celebridad del mundo, tal como la describe el crítico Harold Bloom.
Colaboración de Miguel Ángel Almodóvar para iHstoria Magazine