Memoria histórica y grandeza del alma griega
La memoria histórica y la grandeza del alma griega renacen en la mente y los ojos de todo visitante que pisa la sagrada zona de los fuertes de Rupel. Allí, en la verde ladera del monte, donde la historia y la naturaleza conviven armoniosamente bajo la sombra del monumento de mármol a los soldados caídos, la mente humana no puede evitar contemplar el supremo sacrificio de los griegos frente a las tropas nazis.
Panorama y entorno
Situado a 1 339 m de altitud, el fuerte ofrece una vista despejada sobre gran parte de la frontera greco‑bulgara, a lo largo del monte Agistro y cerca del río Strymonas. El paisaje es puro, claro y casi sagrado, bañado por la luz del sol, tal como lo fue la lucha de sus defensores hace ochenta años en la famosa "Batalla de los Fortes" de la línea Metaxa.
Qué ofrece la visita
Visitar Rupel no solo permite conocer un momento crucial de la historia moderna de Grecia, sino también admirar de cerca la obra de quienes definieron esa realidad histórica. Se pueden apreciar los esfuerzos de soldados jóvenes y veteranos, oficiales nombrados y anónimos, que lucharon para mantener vivos los valores y la libertad de la patria.
Acceso y requisitos
El acceso al fuerte es fácil y rápido desde la autopista Egnatia (eje vertical A25) que conduce a la frontera greco‑bulgara y a la aduana de Promachona. La entrada es gratuita, aunque el recinto sigue siendo una zona militar vigilada. En circunstancias normales, los visitantes deben presentar su DNI a la entrada y lo recuperarán al salir. Existe aparcamiento organizado para coches y autobuses y la carretera está asfaltada de extremo a extremo.
Entorno natural
Al subir la colina del fuerte, la majestuosidad del entorno natural resulta imposible de ignorar. En otoño e invierno, la niebla matutina puede bloquear la visibilidad, creando una sensación única de estar por encima de las nubes. En primavera y verano la naturaleza se muestra en todo su esplendor, recordándonos que, en aquel esplendor, ocho décadas atrás, decenas de soldados de ambos bandos perdieron la vida.
Experiencia en el recinto militar
La amabilidad, la disposición cordial y la sonrisa cálida de los soldados que reciben a los visitantes generan una experiencia muy enriquecedora. La formalidad del personal militar subraya que se está en un espacio sagrado, cargado de simbolismo y respeto, al que todo griego y extranjero debe rendir un humilde homenaje a los defensores del fuerte.
Un café en la cafetería del fuerte y una breve pausa antes del recorrido preparan al visitante para sumergirse en los acontecimientos de la batalla de tres días, durante la cual las fuerzas nazis bombardeaban literalmente a las tropas griegas.
El día de la capitulación
El 10 de abril de 1941, fecha decisiva para los fuertes y para Grecia, está inmortalizada en una fotografía que domina la entrada del pórtico central, punto de inicio y final de la visita guiada. Ese día, el teniente coronel Georgios Duratsos entregó la rendición a los invasores alemanes, exigiendo que “ningún alemán suba al fuerte hasta que los últimos griegos lo abandonen”. La dura batalla duró tres días a lo largo de la línea Metaxa; aunque los alemanes lograron la victoria, sus bajas fueron casi el doble de las griegas.
El coronel alemán que tomó posesión del fuerte felicitó al comandante griego, expresando admiración por la resistencia y el heroísmo de sus soldados, y afirmó que era un honor para los alemanes enfrentarse a un ejército tan valiente. Tras la ceremonia, oficiales y soldados marcharon a pie hacia Sidirokastro y Serres.
“Los fuertes no se rinden, se ocupan”
En la entrada del pórtico se exhiben las palabras del teniente coronel Duratsos: «Los fuertes no se rinden, se ocupan», resaltando la magnitud del valor griego. El intenso bombardeo alemán no logró quebrantar la moral de los defensores.
Datos del fuerte
El fuerte de Rupel contaba con apenas 27 oficiales y 950 soldados de infantería, equipados con ocho cañones distribuidos entre el capitán Kozonis y el teniente Kyriakides, bien ocultos. Las fuerzas alemanas disponían de armamento numéricamente superior y tecnológicamente más avanzado.
Durante los cuatro días de bombardeo se registraron 14 muertos y 38 heridos entre los defensores. El fuerte nunca fue capturado gracias al heroísmo de los griegos, que combatieron hasta el último momento. La rendición se produjo cuando ya se conocía la capitulación de Grecia.
Museo militar y la historia de Kyriakides
Una de las paradas más emotivas es el museo militar del fuerte, donde se exhiben uniformes, banderas y armas de los ejércitos griego y alemán, así como una de las dos cañoneras antitanque de 1941. Un lugar destacado ocupa el material personal del capitán Alexandros Kyriakides y sus soldados, hallado en una trinchera en 2001, sesenta años después de su muerte heroica.
El capitán Kyriakides se negó a cesar el fuego de su artillería, convirtiéndose en blanco de los Stuka alemanes. Junto a sus hombres, perdió la vida en el refugio de artillería. En abril de 2001, bajo la iniciativa del oficial Ilias Kotridis, se inició la búsqueda de los restos óseos de los artilleros caídos.
Legado y conclusión
El fuerte de Rupel nunca cayó, gracias a la resistencia sin igual de sus defensores y a su construcción robusta. Ocho décadas después sigue en lo alto del monte, como si también poseyera un alma que testimonia la lucha desigual pero honorable de los soldados griegos por la defensa y la libertad de la patria. Solo en Rupel el visitante puede sentir el latido de sus defensores al recorrer sus laderas empolvadas y sus laberínticas galerías subterráneas.
APE‑BE, V. LIOLIDIS