Contexto de las elecciones en la Roma antigua
En una sociedad tan jerárquica y estructurada como la romana, el acceso a los cargos públicos estaba regulado mediante elecciones relativamente democráticas. Solo "relativamente" porque, para presentarse como candidato, había que disponer de recursos económicos y solo los hombres libres con ciudadanía romana podían votar –las mujeres estaban, una vez más, excluidas de la historia. La mayoría de los cargos eran anuales, no remunerados y, en ocasiones, se ocupaban por dos personas para evitar la concentración del poder (aunque esa dualidad a veces dificultaba la toma de decisiones). Al no haber salario, sólo los miembros de familias acomodadas podían aspirar a ellos, ya que tenían que costear la campaña y los gastos del mandato. Para ganarse el favor del pueblo financiaban obras públicas, espectáculos teatrales, carreras de cuadrigas o combates de gladiadores. Para algunos, el cargo era un honor, una especie de servicio público; para otros, una inversión para alcanzar una posición vitalicia en el Senado, el "cementerio de elefantes".

El origen del término "candidato"
Curiosamente, la palabra proviene del latín candidatus, que significa "el que viste de blanco". Durante la campaña electoral los aspirantes debían llevar una túnica blanca, símbolo de pureza e inocencia, para demostrar su honradez ante el electorado.
La campaña electoral romana
Una vez anunciadas las elecciones, comenzaba la verdadera contienda por el voto. El nomenclador –esclavo que susurraba al candidato el nombre de cada ciudadano que encontraba –era crucial; conocía la familia, la ocupación y la riqueza de cada persona, por lo que necesitaba una memoria prodigiosa. Además, los candidatos utilizaban carteles y graffiti en los mejores "escaparates" de la ciudad para promocionar sus virtudes o difamar a sus rivales. Aunque la compra de votos estaba prohibida, el dinero y los favores seguían influyendo en la decisión del electorado, manteniendo viva la corrupción.
Paralelismo con las elecciones de Hispania (10 de noviembre)
Conociendo el proceso romano, trasladamos a los partidos y candidatos actuales de Hispania al marco de la Antigua Roma, basándonos en el hilo de Twitter de Cierva de Sertorio.

Unita Possumus – Hermanos Graco
Los populares hermanos Graco lideran Unita Possumus ("Unidos Podemos"), con un nombre neutro para evitar discriminaciones de género. Defienden los derechos del proletariado y de las mulieres, inspirándose en su madre Cornelia, una de las mujeres más influyentes de su época. El movimiento está abierto a todos los socii y peregrini.

Magis Patria – Cayo Octavio Turino
El joven Cayo Octavio Turino encabeza Magis Patria ("Más Patria"), una facción surgida este año a raíz de la crisis política. Acoge a veteranos de todos los partidos populares y es considerado por muchos el futuro de la Res publica. Sus ideas no difieren mucho de las de Unita Possumus.

Popularis Factio (ad) Orbem Excipiendum – PFOE (PSOE)
La Popularis Factio (ad) Orbem Excipiendum, abreviada PFOE, es una facción ambigua. Es popular, pero su popularidad está condicionada por el poder que ejerce César, quien no suelta el control y lo reserva para sí. Aun así, goza del mayor número de representantes.

Cives (Ciudadanos)
La facción Cives no agrada ni a César ni a Sila. Representa a los ciudadanos acomodados y movidos por intereses particulares. Su popularidad crece gracias a las campañas y hazañas de su líder.

Pro Populo (PP)
Cayo Cayo (Cato) y su tradicionalismo se reflejan en Pro Populo. Los optimates defendían el Mos maiorum (costumbres ancestrales) y se oponían a los intentos progresistas de los populares. Desconfían de los extranjeros y su lema es "Gibraltar Delenda Est".

Vox – Sila
Finalmente, Sila lidera Vox, la facción más optimata. Pretende salvar la república del populismo y establecer un nuevo orden, incluso mediante prohibiciones. Su campaña utiliza el águila romana y alude a los ataques de Mitrídates en el Este contra Roma.