Historia de Europa

Cómo la jerarquía social en los banquetes romanos podía volver loco a uno (literalmente)

Del symposium griego al convivium romano

En la Grecia clásica existía el symposium, una reunión nocturna en la que sólo los hombres bebían vino, charlaban y disfrutaban de música y danzas tras el deipnon (la comida principal). Los sirvientes limpiaban la mesa, coronaban a los invitados con hojas de hiedra y servían el vino mezclado con agua en grandes kraters de barro. Como relata Xenofonte, "en los symposiums el dolor se adormece y el deseo se despierta".

«En los symposiums el dolor se adormece y el deseo se despierta».

Cómo la jerarquía social en los banquetes romanos podía volver loco a uno (literalmente)

El convivio romano y sus diferencias

Los romanos adoptaron una versión propia: el convivium. A diferencia del symposium, allí participaban hombres y mujeres, y el vino que cada comensal bebía dependía de su posición social. El convivium reflejaba la rígida estructura de patronos y clientes que regía la vida pública romana.

Plinio el Viejo describe cómo, en un banquete, el anfitrión y sus iguales recibían vino de primera categoría, los clientes obtenían vino de segunda y los libertos (ex‑esclavos) se quedaban con el vino de menor calidad.

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El mito del vomitorio

Existe la leyenda de que los romanos tenían una sala llamada vomitorium donde vomitaban para seguir bebiendo. En realidad, el término designa las salidas de los anfiteatros y circos, que permitían evacuar a 50 000 espectadores del Coliseo en apenas 15 minutos. El “vomitar” como tratamiento médico para los excesos existió, pero no era una práctica habitual en los banquetes.

El caso de Marco Antonio y la trágica confusión del vino

Marco Antonio, político republicano que alcanzó la consulación en 99 a.C., se vio envuelto en una curiosa anécdota relacionada con la jerarquía del vino. Durante la guerra civil entre Sila y Mario, Antonio se refugió en la casa de uno de sus clientes. El anfitrión, sin saber que su invitado era de alto rango, le ofreció el vino de menor calidad. Antonio, al percibir que se le servía vino inferior a su estatus, pidió un vino mejor y, al no encontrarlo, salió a comprarlo.

El vendedor, al reconocer al cliente de Antonio, sospechó que el político se ocultaba allí y alertó a las autoridades. Antonio fue arrestado y ejecutado. La historia, aunque mezclada con leyendas, ilustra cómo la distinción del vino podía desencadenar consecuencias mortales en la Roma de la época.

En resumen, el convivium romano no solo era una fiesta para los sentidos, sino también un espejo de la estratificación social, donde el nivel del vino servía como marcador de posición y, en casos extremos, podía costar la vida.