Una resistencia titánica en Nagasaki
Se cuenta que a principios del siglo XVII, el capitán portugués André Pessoa se encontró frente a una guarnición completa de samuráis en Nagasaki. Los portugueses apenas eran 50 hombres; los japoneses, alrededor de 3.000. Durante más de tres días la nave Madre de Deus resistió como leones, convirtiéndose en una de las defensas más legendarias de la historia.
El puerto de Nagasaki, puerta al mundo
En el siglo XVI, Nagasaki se transformó de una pequeña aldea pesquera en el principal puerto de comercio internacional del Japón. Portugueses, españoles, holandeses, chinos y misioneros católicos convergían allí. Desde 1580 los jesuitas, mayormente portugueses, administraban la ciudad, convirtiéndola en un feudo católico bajo la autoridad del señor local convertido al cristianismo.
Portugal y el "Barco de Paso"
Los portugueses fueron los primeros europeos en llegar a Japón (1543) y, hasta finales del siglo XVI, disfrutaron de un monopolio casi total. El llamado kurofune (barco negro) llevaba seda china a cambio de plata japonesa. Cada año una enorme carraca, conocida como el Barco de Paso, zarpaba de Macao cargada de mercancías; su capitán podía retirarse rico después de un solo viaje.
Problemas en Macao (1608)
En noviembre de 1608, un grupo de wakō japoneses, bajo el mando del daimyo cristiano Arima Harunobu, causó disturbios en Macao. Pessoa, entonces gobernador de facto, reprimió la revuelta, ofreciendo clemencia pero luego ejecutando a los líderes. El episodio aumentó la tensión entre portugueses y japoneses.
"Son mansos en su tierra, pero auténticos demonios fuera de ella." – Testimonio de un marinero europeo.
El Barco de Paso parte hacia Japón (1609)
En mayo de 1609 la Madre de Deus zarpó de Macao con dos años de mercancía acumulada. Al llegar a Nagasaki en junio, las autoridades locales pusieron trabas para descargar la carga y acusaron a Pessoa de insolencia, lo que desencadenó una larga disputa diplomática.
Escalada del conflicto
El gobernador de Nagasaki denunció a Pessoa al shogun Tokugawa Ieyasu, quien, pese a su retiro, mantuvo el control. Los jesuitas intervinieron, pero la rivalidad quedó asentada. En septiembre de 1609, el gobernador de Filipinas, Rodrigo de Vivero, ofreció a Ieyasu más barcos españoles, lo que inclinó la balanza contra los portugueses.
El asedio a la Madre de Deus (enero 1610)
El 3 de enero de 1610, apenas 50 tripulantes (incluidos esclavos negros e indios) defendían la Madre de Deus anclada en la bahía, rodeados por aproximadamente 3.000 samuráis y wakō. Durante tres días se sucedieron ataques nocturnos de junks armados, todos rechazados por la artillería del galeón.
El 6 de enero, una tormenta permitió que la nave intentara escapar, pero los japoneses construyeron una torre de asalto sobre dos barcazas, cubriéndola con pieles mojadas. Tras una violenta carga, varios samuráis lograron embarcar, pero fueron repelidos por los portugueses. En el fragor del combate, un disparo de arcabuz alcanzó a un marinero que estaba a punto de lanzar una granada; la explosión provocó un incendio que devoró el barco.
Ante la inminente captura, Pessoa ordenó que la pólvora restante fuera detonada, prefiriendo hundir su navío antes que entregarlo. Con una breve oración, el capitán se despidió de su tripulación y desapareció en la explosión. Nunca se halló su cuerpo; el galeón se partió en dos y se hundió en la entrada del puerto.
La leyenda de Pessoa
Si bien las crónicas portuguesas pueden exagerar la hazaña, no se puede negar que el kurofune era una fortaleza flotante cuyas armas superaban en potencia a cualquier contingente japonés de la época. Además, gran parte de los atacantes eran wakō, ronin y mercenarios, no la élite samurái.
Lo que quedó claro es que André Pessoa prefirió morir con su barco que rendirse. Su gesto resonó en la cultura samurái, que valoraba el coraje y la lealtad por encima de todo. Como decían los hidalgos de la época: "Antes quebrar que doblar". Y Pessoa, sin duda, no se dobló.