Historia de Europa

¿Qué sucedió con la República Catalana libre en el siglo XVII tras romper con la Monarquía Hispánica?

Contexto histórico

Al inicio del siglo XVII la Corona de Castilla, tradicional fuente de hombres y tributos para los reyes Carlos I y Felipe II, estaba exhausta. Tras un siglo de guerras continuas, la población había disminuido, la economía se colapsaba y los flujos de plata de América llegaban con retraso y en menor cantidad (Joseph Pérez).

¿Qué sucedió con la República Catalana libre en el siglo XVII tras romper con la Monarquía Hispánica?

El Conde‑Duque de Olivares, favorito de Felipe IV, propuso la Unión de Armas, un sistema para que todos los reinos y señoríos de la Monarquía Hispánica aportaran hombres y dinero según su población y riqueza. Para lograr su aprobación viajó a las Cortes de los distintos territorios. En Barcelona, durante la convocatoria de 1626, se leía la siguiente carta del rey:

«Mis catalanes, vuestro conde llega a vuestras puertas atacado y molesto por sus enemigos, no para pediros regalos vanos… Mil veces os digo que no pretendo quitaros privilegios, sino resucitar la gloria de vuestra nación, olvidada durante tantos años.»

Sin lograr un acuerdo, el monarca abandonó la ciudad y las relaciones entre ambos dominios se deterioraron.

La Guerra de los Segadores (1640‑1641)

En 1635 España entró plenamente en la Guerra de los Treinta Años contra los protestantes, lo que permitió a Olivares reforzar la Unión de Armas. Cataluña, que ya estaba en conflicto con la autoridad real, se negó a proporcionar tropas. La falta de soldados locales obligó al rey a enviar un ejército mayoritariamente mercenario, cuya presencia provocó robas y saqueos, desatando una revuelta popular.

El 7 de junio de 1640, durante la fiesta del Corpus Christi, un enfrentamiento entre segadores y autoridades locales se convirtió en la Corpus de Sangre. Los rebeldes tomaron Barcelona durante tres días, proclamando «¡Viva la tierra, muerte al mal gobierno!» y asesinando al virrey, el Conde de Santa Coloma. Este hecho marcó el inicio de la Guerra de los Segadores, una revuelta campesina que pronto se transformó en una guerra civil entre catalanes.

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Alianza con Francia y la breve República Catalana

Ante la imposibilidad de controlar la revuelta, la Generalitat buscó apoyo extranjero. En enero de 1641 una delegación catalana se reunió en París con Cardenal Richelieu, quien prometió protección bajo la condición de que Cataluña se constituyera como república al estilo de Génova.

«El rey os protegerá y favorecerá, deseando que seáis una república independiente y soberana…»

Así, el 7 de enero de 1641 se proclamó la República Catalana Libre, bajo la protección del rey Luis XIII de Francia. La independencia duró apenas siete días; al verse amenazada por el avance de las tropas de Felipe IV, los catalanes pidieron más ayuda a Francia.

Richelieu aceptó, pero a cambio exigió que Luis XIII fuera reconocido como soberano de Cataluña y que ostentara el título de Conde de Barcelona. Cataluña pasó entonces a ser escenario de la contienda franco‑española, financiando y alojando al ejército francés, lo que supuso una nueva forma de ocupación.

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Decadencia y fin de la República

La presencia francesa trajo problemas: los virreyes franceses favorecían a sus propios intereses, los comerciantes franceses acapararon el puerto de Barcelona, la economía se hundió y las cosechas fueron escasas. La población empezó a considerar la ocupación francesa peor que la española.

Con la firma de la Paz de Westfalia en 1648, la Guerra de los Treinta Años concluyó y la lucha se redujo a un conflicto directo entre Francia y España. En 1651 Felipe IV ordenó el asedio de Barcelona. El 1 de octubre de 1652 la ciudad cayó; el ejército franco‑catalán se rindió y Felipe IV reconoció los fueros catalanes, aunque la república había desaparecido.

El conflicto dejó a Cataluña devastada y permitió a Francia anexar territorios como Rosellón y parte de la Cerdanya, donde se suprimieron los privilegios catalanes y se prohibió el uso del catalán.