En la historia de la expansión británica, el control de los mares fue clave. La Royal Navy necesitaba la mejor flota, los mejores marineros y, sobre todo, una solución para una enfermedad que diezmaría a sus tripulaciones: la escorbuto.
La escorbuto y sus consecuencias
La escorbuto, provocada por la falta de ácido ascórbico (vitamina C) en la dieta, ha existido desde la prehistoria. Un estudio de la Universidad de Burgos y el equipo de Atapuerca descubrió un esqueleto de unos 5.000 años que mostraba signos claros de la enfermedad. En los viajes marítimos del siglo XV al XVIII, la escorbuto era la principal causa de mortalidad, superando guerras, tormentas y hundimientos. Los alimentos a bordo consistían en carne seca, salada, verduras escasas y pan duro; la fruta fresca, fuente de vitamina C, era prácticamente inexistente.

El experimento de James Lind
En 1747, el médico británico James Lind, a bordo del Salisbury, realizó el primer ensayo controlado contra la escorbuto. Dividió a doce marinos enfermos en seis grupos de dos y les administró diferentes remedios: vinagre, ácido sulfúrico, limones y naranjas, agua de mar, agua de cebada y nuez moscada. Sólo el grupo que recibió cítricos mostró una recuperación completa. Lind publicó sus hallazgos en 1753 (A Treatise on Scurvy), pero cometió un error: atribuyó la cura a los cítricos en sí, sin reconocer la vitamina C. Además, intentó conservar el jugo hirviéndolo, lo que destruye gran parte de la vitamina.

Gilbert Blane y la adopción oficial
El verdadero impulso vino del cirujano escocés Gilbert Blane. En 1780 publicó un informe titulado On the most effective means of preserving the health of sailors, particularly in the Royal Navy, donde recomendó el uso de frutas cítricas frescas. Como Comisionado de la Junta de Enfermos y Heridos de la Admiralty, presionó para que la Marina adoptara el jugo de limón como ración obligatoria. En 1794 el almirante Alan Gardner probó barriles de jugo de limón en un viaje sin escalas a la India; casi no hubo casos de escorbuto. Desde 1795, todas las naves de la Royal Navy debían llevar jugo de limón, y más tarde se sustituyó por jugo de lima, abundante en las colonias caribeñas.
Así nació el apodo limey: los marineros británicos eran conocidos por consumir limas para evitar la escorbuto. Con el tiempo, la expresión se extendió a cualquier inglés, incluso fuera del contexto naval, y todavía se usa en países como Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica.