Introducción
Extracto del libro De Covadonga a Tamarón.
Fin del reinado
El 20 de diciembre de 910 falleció Alfonso III el Grande, uno de los monarcas más destacados de los reinos peninsulares medievales. Su acceso al trono estuvo marcado por la oposición de Fruela Bermúdez, conde de Lugo, quien intentó destronarlo. Alfonso se refugió en Castilla bajo la protección del conde Rodrigo y, tras la intervención de la nobleza asturiana, logró regresar y ocupar el trono, mientras el traidor fue ejecutado.
Gobierno y expansión (866‑910)
Alfonso III reinó durante cuarenta y cuatro años, ampliando considerablemente las fronteras a costa del debilitado Emirato de Córdoba. Conquistó ciudades como Porto, Coyanza (actual Valencia de Don Juan), Sahagún, Braga, Coimbra, Cea y Guimarães. En 878, cerca de Benavente, obtuvo una victoria decisiva en La Polvoraria, con bajas árabes estimadas en trece mil. Poco después derrotó a otro contingente musulmán en Valdemora, próximo a la actual Valencia de Don Juan.
La defensa de Zamora
En 901, el príncipe omeya Ahmad ibn Muawiya reunió un ejército de unos sesenta mil hombres para atacar Zamora. Alfonso III lideró las fuerzas cristianas y, tras varios días de combate, rodeó el campamento musulmán de noche, logrando la victoria conocida como el “Día del foso de Zamora”.
Mapas territoriales
Los mapas siguientes comparan la situación en 850, justo antes del ascenso de Alfonso III, con la de 930, poco después de su muerte.
Política de fortificaciones y repoblación
Tras la victoria de 878, Alfonso obtuvo una tregua de tres años con el emir de Córdoba, que aprovechó para reforzar la defensa del reino. Se construyeron numerosos castillos entre la cordillera cantábrica y el Duero (Luna, Alba, Gordón, La Valcueya) y fortificaciones en la costa asturiana (Castrillón, San Martín). En la zona de Castilla, bajo el conde Diego, se repoblaron los Campos Góticos y Ubierna (882) y se fundó Burgos en 884 como futura capital castellana.
Reforma eclesiástica y monumental
Alfonso III aprovechó la tregua para reorganizar la administración y la iglesia, restaurando sedes episcopales visigodas y erigiendo monasterios como San Salvador de Valdediós, San Adriano de Tuñón, San Miguel de Villarderío, San Pedro de Cardeña y San Benito de Sahagún. Destacó la donación de la Cruz de la Victoria a la catedral de Oviedo, que simboliza la supuesta cruz de madera de Don Pelayo.
Crónicas y propaganda
Durante su reinado se iniciaron las primeras crónicas asturianas: la Crónica albendense (c. 883) y la Crónica alfonsina, atribuida al propio Alfonso o a sus colaboradores. Estas obras, aunque con claro sesgo expansionista, buscaban legitimar la idea de que la monarquía asturiana era heredera de la Hispania visigoda, sentando las bases ideológicas de lo que más tarde se conocería como la Reconquista.
Contexto del Emirato de Córdoba
En la década de 880 el emirato se encontraba en descomposición, con rebeliones en Mérida, Toledo, Ronda y Zaragoza, lo que limitaba su control al entorno de Córdoba. Este debilitamiento impulsó a Alfonso III a soñar con la recuperación total de los dominios visigodos.
Conclusión
Los últimos años del reinado de Alfonso III fueron convulsos y dieron paso a una sucesión turbulenta, tema que se abordará en la segunda parte de esta serie.
Fuentes: Fernández de Lis (2019), Cádiz Álvarez (2017), Fernández Conde (2015), Ladero Quesada (2014), Manzano Moreno (2015), Gordo Molina y Melo Carrasco (2017), entre otras.