¿Sabías cuál fue el imperio que llegó a ser el territorio más extenso de la historia? La respuesta es el Imperio Británico.
El inglés, lengua común de ese imperio, llegó a nuestras escuelas obligatorias y el modelo parlamentario británico se adoptó en muchos países.
Aunque el periodo medieval y posterior es muy conocido, la historia premedieval de Gran Bretaña suele quedar en el olvido. Solo después de la conquista normanda de 1066 aparece con más detalle en los libros de historia japoneses. En este artículo nos centramos en Alfredo el Grande, un monarca que vivió antes de ese momento.
Los siete reinos anglosajones
Tras la caída del Imperio Romano, gran parte de Europa quedó bajo el control de pueblos germánicos, que con el tiempo influyeron en gran parte del mundo. En el siglo V la autoridad romana abandonó Britania.
Hasta entonces la isla estaba habitada mayoritariamente por celtas. La retirada romana provocó enfrentamientos entre celtas y germánicos. La leyenda del rey Arturo (con la espada Excalibur y la isla Avalon) refleja, en parte, esas luchas.
Los germánicos lograron imponerse; los celtas fueron desplazados al oeste, convirtiéndose en los progenitores de los galeses. El nombre “Inglaterra” proviene de “land of the Angles”, una de las tribus germánicas que se asentaron allí. Sin embargo, los germánicos tampoco formaban un bloque homogéneo y pronto surgieron rivalidades internas.
En la zona que hoy es Inglaterra se establecieron siete reinos que vivieron una época similar a la de los Estados en guerra. Uno de los más poderosos fue Mercia, bajo el reinado de Offa, quien derrotó a los reinos de Essex y Sussex, promulgó un código legal y acuñó la primera moneda de plata, el penique. Offa mantuvo relaciones de igualdad con Carlomagno, rey de los francos.
Al morir Offa, Mercia perdió su preeminencia y el reino de Wessex, liderado por Alfredo, comenzó a destacar.
Invasiones danesas
La historia de Inglaterra está estrechamente ligada a la de Escandinavia. Después de expulsar a los celtas, los germánicos se vieron amenazados por los daneses, famosos como vikingos.
Los daneses, expertos navegantes y guerreros, habían asaltado París durante la época de Carlomagno y obtenido importantes botines. Inspirados por esos éxitos, lanzaron una gran invasión contra los anglosajones.
Los reinos de East Anglia y Northumbria fueron rápidamente sometidos, y Wessex quedó parcialmente ocupado. En ese momento Alfredo, hijo del rey Ethelred, asumió el trono tras la muerte de su suegro.
Al principio Alfredo optó por pagar tributo a los daneses para ganar tiempo. En 875 los invasores volvieron y la lucha se intensificó. En 876 los anglosajones hundieron 120 barcos daneses en el río Severn, pero también perdieron el estratégico Chippenham.
El punto de inflexión llegó en la batalla de Edington (878), donde Alfredo obtuvo una victoria decisiva. El tratado de Wedmore obligó al rey danés Guthrum a reconocer la soberanía de Alfredo y a convertirse al cristianismo.
Reformas legales y consolidación del reino

Tras expulsar a los daneses, Alfredo retomó el código de Offa y promulgó nuevas leyes que reforzaron la autoridad del rey de Wessex, sentando las bases del fortalecimiento monárquico.
El número de reinos se redujo de siete a cuatro, pues los demás fueron devastados por la invasión. Alfredo redistribuyó tierras entre nobles y emitió “certificados de territorio” que consolidaron el control wessexiano sobre Inglaterra.
Además de sus logros militares, Alfredo es recordado por su impulso cultural. Dominaba el inglés y el latín, patrocinó la traducción de obras clásicas y fundó una escuela real donde se educaba a los hijos de la aristocracia.
Reformó la administración local creando los “shires” (condados) y nombró a alguaciles (shire‑reeves) que actuaban como representantes del rey, sentando las bases del futuro sistema estatal inglés.
Alfredo murió en 899, tras haber transformado profundamente la sociedad anglosajona. Sus nietos continuaron su labor y, bajo el reinado de su nieto Athelstan, se logró la unificación definitiva de los reinos bajo el título de “Rey de Inglaterra”.
Valoración histórica de Alfredo el Grande
Sin Alfredo, la historia de Inglaterra habría tomado un rumbo muy distinto. Los daneses podrían haber establecido un dominio permanente y el idioma inglés quizá no habría llegado a ser la lengua global que es hoy.
Su defensa contra los invasores y la centralización del poder real sentaron las bases del futuro Imperio Británico, cuyo legado influyó en la expansión colonial y en la difusión del inglés.
Por todo ello, Alfredo el Grande se considera una de las figuras más relevantes de la historia occidental.