Cuando Benedicto XVI renunció en 2013, el mundo quedó sorprendido. Sin embargo, no fue el primer pontífice que dejó el cargo por voluntad propia.
La abdicación de Benedicto fue histórica, pero la Iglesia católica ya había visto casos similares siglos atrás. El modelo más antiguo fue Celestino V, quien, en 1294, se convirtió en el primer papa en renunciar al trono de San Pedro.
Un contexto de conflicto
Tras la muerte repentina del papa Nicolás IV en 1292, Italia se sumió en guerras entre provincias y ciudades. En el corazón del conflicto estaba la vacante papal, codiciada por poderosas familias y monarcas.
Celestino V fue el primer pontífice en renunciar voluntariamente al trono de San Pedro.
Intereses reales
El rey de Nápoles, Carlos II de Anjou, necesitaba una pronta elección para consolidar sus pretensiones sobre Sicilia. Tanto él como el rey de Aragón, Jaime II el Justo, buscaban que el nuevo papa legitimara sus acuerdos.
En Roma, la rivalidad entre las familias Orsini y Colonna paralizaba la elección. Los cardenales se enfrentaban, mientras una epidemia de peste en 1292 cobraba varias víctimas entre ellos.
La presión real y la crisis sanitaria prolongaron la sede vacante durante más de un año.
El ermitaño elegido
El rey Carlos II, frustrado, buscó al ermitaño Pedro de Morrone, un monje benedictino nacido en una familia campesina que había fundado la orden de los celestinos. Tras retirarse a una cueva en los Abruzos, su fama de santidad se extendió por toda Italia.
En julio de 1294, los cardenales recibieron una carta, supuestamente dictada por el rey, en la que Pedro advertía a la Iglesia de la ira divina si tardaba en elegir un nuevo pontífice. Impresionados por su elocuencia y reputación, lo eligieron el 5 de julio como sucesor de San Pedro, tomando el nombre de Celestino V.
Un papado breve y conflictivo
Celestino V fue coronado en Aquila, bajo la influencia de Carlos II, y nunca llegó a Roma, permaneciendo bajo la protección del monarca napolitano. Su falta de experiencia política lo llevó a ceder privilegios y beneficencias a sus protectores.
Entre sus actos destacan la restauración del cónclave como método de elección papal y la reforma de la orden franciscana.
El 10 de diciembre de 1294, Celestino emitió una bula renunciando al papado y, tres días después, la proclamó públicamente.
Renuncia y destino final
Desilusionado y anhelando la vida de ermitaño, Celestino intentó retirarse a una celda en uno de los castillos de Carlos II, pero fue detenido. Tras su abdicación, el nuevo papa Bonifacio VIII temió que pudiera causar un cisma y ordenó su captura. Celestino fue recluido en el castillo de Fumone, donde murió el 19 de mayo de 1296.
Bibliografía
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