Historia de Europa

La guerra de los caballos celestiales: los herederos de Alejandro Magno contra China

Antecedentes

Alexander Magno difundió la cultura griega hasta el lejano Oriente. En el valle de Fergana (actual Tayikistán) fundó la ciudad de Alejandría Echati, a orillas del río Yaxarti (hoy Sir Darya), colonizando el territorio con griegos.

Estos colonos convivieron bajo el reino helenístico de Bactria hasta alrededor del 160 a.C., cuando tribus nómadas conquistaron la zona y los aislaron. En el siglo III d.C. los descendientes griegos habían llegado hasta la actual región de Turkmenistán y Yunnan, China. Los chinos conocían a este reino como Dayuan, que significa “grandes jonios”, es decir, “griegos”.

Durante la dinastía Han, Dayuan mantuvo relaciones diplomáticas con China. Un viajero chino que llegó al reino alrededor del 130 a.C. describió a Dayuan como una capital llamada Alejandría el Grande, con una cultura avanzada y un ejército de 60 000 hombres.

La causa del conflicto

Según la tradición china, la guerra estalló porque los griegos se negaron a vender a los chinos los famosos caballos de paso, “caballos celestiales”, que el emperador Wu necesitaba para su caballería. El rechazo fue visto como una afrenta, y el emperador ordenó al general Li Guang‑Li que emprendiera una campaña contra Dayuan, dotándolo de 6 000 caballeros y 20 000 infantes reclutados entre los estratos más bajos de la sociedad china.

Primera expedición (104 a.C.)

El ejército chino cruzó Xinjiang y el desierto de Taklamakan, esperando abastecerse en los oasis. Los gobernantes locales se negaron a colaborar, obligando a los soldados a combates, incendios y saqueos. Al llegar a la frontera de Dayuan, la marcha estuvo marcada por una severa pérdida de hombres. La derrota en la batalla de Yucheng y una retirada caótica dejaron al ejército prácticamente aniquilado.

Segunda expedición (102 a.C.)

Sin desanimarse, el emperador organizó una fuerza mucho mayor: 60 000 infantes, 30 000 caballería, acompañados de 100 000 cabezas de ganado y 20 000 bueyes de tiro. De nuevo bajo el mando de Li Guang‑Li, el ejército cruzó Xinjiang y el desierto sin mayores contratiempos gracias a su superior número.

La gran columna llegó a Alejandría Echati, que los chinos llamaban Ersi, y la sitió. Tras varios intentos fallidos de los defensores por romper el cerco, los chinos cortaron el suministro de agua.

Tras 40 días de intensos combates, lograron abrir una brecha en la muralla exterior y penetrar en la ciudad. Los nobles de la ciudad, al verse rodeados, ofrecieron una capitulación condicionada.

Los chinos, exhaustos, aceptaron pero exigieron la cabeza del rey, llamado en los textos chinos Wugua. Los nobles traidores entregaron al monarca y también entregaron 3 000 caballos de guerra.

Sin ocupar la ciudad, el general Li Guang‑Li instaló como rey a un noble local llamado Mikai y se retiró.

Consecuencias

De los 90 000 hombres que partieron, solo 11 000 regresaron, la mayor parte de las bajas se debieron al asedio y al desgaste. A diferencia de la primera campaña, el ejército contó con alimentos suministrados por Dayuan tras el tratado, y sufrió pocos ataques de los guardianes locales.

Aunque la guerra terminó, la campaña china fue esencialmente un fracaso estratégico. En 101 a.C. los nobles de Dayuan asesinaron a Mikai, considerado un títere chino, y pusieron al hermano del rey fallecido Wugua en el trono. China no respondió militarmente y se limitó a restablecer el comercio y la diplomacia con Dayuan.

Así concluye la “guerra de los caballos celestiales”, un episodio en el que la dinastía Han no logró su objetivo de conseguir los preciados corceles y sufrió una derrota estratégica frente a los herederos helenísticos de Alejandro Magno.

La guerra de los caballos celestiales: los herederos de Alejandro Magno contra China