El contexto tras Salamina
La derrota en Salamina desanimó a Jerjes. Mardónio, cerebro de la invasión persa, le imploró que retirara sus tropas, pero el rey decidió quedarse con 300 000 soldados de élite para intentar conquistar Grecia el verano siguiente.
El invierno y la preparación griega
Durante el invierno de 480‑479 a.C., ambas partes se observaron sin iniciar grandes batallas. Mardónio acampó en Beocia mientras los griegos movilizaban sus fuerzas. En total se reunieron 110 000 hombres, de los cuales 38 700 eran hoplitas y el resto infantería ligera. El ejército griego se instaló al pie del monte Kithairón, asegurando sus suministros de comida y agua, por lo que no tenían prisa por combatir.
Problemas persas y la trampa de Plataea
Los persas ya no contaban con tiempo. Mardónio enfrentaba una grave escasez de víveres y, ante la imposibilidad de reabastecerse, decidió atacar. Eligió la llanura de Plataea, terreno favorable para su caballería, y organizó una operación bajo el mando de su comandante de caballería, Masistio.
El ataque fanático
Al alba, la élite persa avanzó rápidamente contra las líneas griegas. Los hoplitas respondieron alzando sus escudos y formando una densa pared de lanzas. Al observar las falanges alineadas, Masistio ordenó a sus tropas que se formaran en profundidad, acercarse a distancia de jabalina o flecha y atacar con cualquier arma disponible, esperando romper la formación griega y permitir que su caballería avanzara sin resistencia.
Resistencia griega
La estrategia persa fracasó. A pesar de los lanzamientos, los griegos mantuvieron su formación y no persiguieron al enemigo. Un sector vulnerado fue el de los hoplitas de Magnesia, cuyas alas quedaban expuestas. Masistio ordenó el ataque contra esos flancos; los magnesios sufrieron pérdidas, pero mantuvieron la compostura formando un cuadrado protegido por sus escudos, resistiendo la lluvia de lanzas y flechas persas.
En el momento crítico, los magnesios recibieron refuerzos: 300 hoplitas atenienses y, sobre todo, la pequeña pero eficaz unidad de arqueros atenienses, quizá la única contingente de arqueros del ejército griego. Los arqueros se infiltraron entre el cuadrado de hoplitas y, bajo su protección, comenzaron a diezmar a la caballería persa con sus flechas.
La caída de Masistio
Masistio luchó valientemente en la vanguardia, pero una flecha alcanzó el pecho de su caballo, provocando que caíse junto al jinete. Un hoplita, aprovechando la ocasión, se lanzó desde la línea y le hundió la lanza en el rostro aturdido de Masistio.
Al ver a su líder muerto, la caballería persa lanzó una furiosa pero descoordinada carga contra el cuadrado griego, sin lograr nada y sufriendo graves bajas a manos de los arqueros enmascarados, que se retiraron.
La victoria griega
Cuando el general espartano Pausanias intervino, otra división persa rompió sus líneas y huyó. El primer enfrentamiento, decisivo para la moral de ambos ejércitos, concluyó con una victoria rotunda de los griegos.