Un escenario histórico más allá de 480 a.C.
El paso de Termópilas, conocido por la famosa defensa de 480 a.C., volvió a ser escenario de una cruda confrontación siglos después. En el verano de 997 d.C. el emperador bizantino Vasilios Bulgaroktonos, enfrentado a la invasión del zar búlgaro Samuel, decidió actuar en la zona.
Contexto de la invasión búlgara (996‑997)
En 996 d.C. los búlgaros, bajo el mando de Samuel, aprovecharon la ocupación del emperador en el frente árabe y sitiaron Tesalónica. Al no lograr tomar la bien fortificada ciudad, se desplazaron hacia el sur, saqueando hasta Larisa y llegando hasta Corinto, donde arrasaron la población.
Ante la gravedad de la amenaza, Vasilios envió al general Nikephoros Uranos con un contingente para defender Grecia. Los búlgaros, cargados de botín y prisioneros, marcharon de regreso al norte; Uranos los siguió, hostigando sus retaguardias siempre que tuvo oportunidad.
El juego del gato y el ratón hasta Termópilas
Esta persecución se prolongó hasta el paso de Termópilas, donde, a mediados del verano de 997, los búlgaros acamparon en la ribera sur del río que separa ambas orillas, ralentizados por el peso del saqueo y los cautivos.
Las intensas lluvias hicieron que el río fuera prácticamente intransitable. Los búlgaros reforzaron su posición con pequeñas guarniciones a lo largo de la ribera, convencidos de que los bizantinos no podrían cruzar.
La audaz maniobra de los bizantinos
Los caballeros ligeros de Tabriz, al servicio del ejército bizantino, descubrieron un punto estrecho donde el paso era posible, aunque dificultoso. Nikephoros Uranos, al confirmar la viabilidad del cruce, ordenó que sus tropas se prepararan para atravesar el río bajo el amparo de la noche.
Siguiendo la orden, los bizantinos cruzaron en silencio, rodearon el campamento búlgaro y esperaron al alba para evitar el caos de una batalla nocturna que pudiera costar la vida a los prisioneros griegos capturados por los búlgaros.
La victoria y sus consecuencias
Al romper el alba, los bizantinos avanzaron con el grito "¡Señor, ten piedad!". Los búlgaros, tomados por sorpresa, apenas pudieron organizar resistencia; muchos huyeron dejando atrás su botín y cautivos. Aproximadamente 1 000 búlgaros que intentaron combatir fueron muertos y unos 12 000 fueron capturados.
La mayor victoria fue la liberación de los prisioneros griegos, que, con lágrimas, agradecieron a los soldados que los rescataron. Samuel y su hijo Radomir, que seguían al frente, lograron escapar, pero la derrota marcó el inicio del fin del Primer Imperio Búlgaro.
Conclusión
La batalla de Termópilas de 997 demuestra cómo una estrategia audaz y una ejecución precisa pueden cambiar el curso de una guerra, poniendo fin a la expansión búlgara y reafirmando el poder bizantino en los Balcanes.