Introducción
Durante siglos los historiadores han debatido la ausencia de la caballería persa en la famosa batalla de Maratón. Algunas teorías extravagantes hablan de fuerzas secretas o intervenciones sobrenaturales, pero la explicación más razonable se basa en la propia naturaleza de la caballería persa y en la estrategia que Milcíades diseñó para los griegos.
La caballería persa y sus limitaciones
La caballería era, sin duda, el arma preferida de los persas, pero estaba sujeta a restricciones logísticas. Los caballos necesitaban ser atados cada noche para evitar que escaparan, y esa atadura consumía tiempo valioso para que los jinetes se prepararan antes de la batalla. Además, los persas temían infiltraciones nocturnas que pudieran asustar a los animales.
Si los griegos lanzaban un ataque sorpresivo, los jinetes persas tendrían poca oportunidad de desatar su carga, ya que estarían atados o, en el peor de los casos, relegados a la segunda línea como reserva.
Estrategia griega
Milcíades, consciente de la mentalidad persa, decidió “poner a dormir” a sus adversarios. Ordenó que la infantería griega avanzara hasta aproximadamente 1 500 m (8 estadios) de los puestos persas, construyendo barreras de madera en los flancos para impedir que la caballería persa los rodeara.
Los persas, al no encontrar resistencia inmediata, relajaron sus precauciones. Creyeron que la pequeña fuerza griega no representaba una amenaza y, confiados por su superioridad numérica, dejaron la caballería detrás de la infantería, entre los pantanos y la Fuente Bendita.
El plan de Milcíades
Conociendo la disposición típica del ejército persa —cuerpo central persa rodeado de vasallos en los flancos—, Milcíades organizó su ejército de forma inversa: cuernos fuertes y un centro débil. Aproximadamente 4 000 hoplitas formaron cada cuerno, mientras que 2 000 hombres ocuparon el centro, creando una línea total de 1 400‑1 500 m.
Desarrollo de la batalla
Según los relatos, los griegos atacaron una hora antes del amanecer, cuando la luna se había puesto y la oscuridad era total. Los persas, desprevenidos, estaban preparando sus caballos, pero éstos estaban atados y sin espacio para desplegarse.
Los hoplitas griegos avanzaron a pie, cubriendo solo los 200 m críticos dentro del alcance efectivo de los arcos persas. Al llegar, rompieron la barrera de escudos persa y empujaron a los arqueros saca (Saka) hacia atrás.
En los flancos, los cuernos griegos superaron a la caballería persa, que no pudo participar por estar atrapada detrás de la infantería. En el centro, los 2 000 atenienses resistieron la presión persa sin romperse, permitiendo que los cuernos se envolvieran y rodearan al enemigo.
Milcíades dejó una vía de escape hacia los barcos persas para evitar una lucha a muerte que habría consumido tiempo valioso. Los persas, al ver que sus líneas colapsaban, huyeron hacia sus embarcaciones; muchos cayeron en los pantanos o se ahogaron.
El desenlace
Los griegos alcanzaron los barcos, donde se produjeron escaramuzas finales. Solo seis naves fueron capturadas; el resto escapó. La batalla duró aproximadamente tres horas, concluyendo alrededor de las 08:30.
Maratón: la victoria griega a pesar de la presencia persa en el mar.