La batalla del Vesubio: el primer gran enfrentamiento
La lucha en el Monte Vesubio marcó el inicio de la llamada Tercera Guerra Servil. Fue también el primer choque entre los rebeldes de Espartaco y las legiones regulares romanas, donde el estratega tracio demostró su genio militar.
Según Plutarco, Espartaco era un tracio descendiente de la “raza de la Doncella”. Plutarco lo describe como "sabio, valiente y, por su prudencia y mansedumbre, digno del reconocimiento de su pueblo y de los griegos".
Espartaco llegó a ser gladiador en Capua (sur de Italia) tras desertar del ejército romano o ser capturado como prisionero de guerra. En el 73 a.C. encabezó una revuelta de unos 78 gladiadores armados con cuchillos de mesa y lanzas, que superaron a sus guardias y escaparon.
Aliados y primeros éxitos
Junto a Espartaco lucharon los galos Oinomaus y Cryxos. Los fugitivos saquearon la zona, tomaron armas y liberaron esclavos, formando un núcleo pequeño pero muy experimentado.
Presionados por Roma, los rebeldes se refugiaron en las empinadas laderas del Vesubio. La República, alarmada, envió una fuerza de aproximadamente 3 000 hombres (unas seis cohortes) bajo el pretor Gayo Claudio Glabrión.
El asedio de Glabrión
Algunos historiadores consideran que las tropas de Glabrión eran más una milicia desorganizada que legionarios veteranos. Sin embargo, la ventaja numérica y el mejor armamento romano eran evidentes; los 78 gladiadores apenas podían compararse.
Glabrión bloqueó la única ruta de escape y planeó un asedio, confiando en que el hambre obligaría a los rebeldes a rendirse o a descender y ser derrotados.
La audaz solución de Espartaco
Espartaco comprendió que la única salida era actuar de forma no convencional. Observó el terreno y decidió utilizar las enredaderas del Vesubio para fabricar cuerdas y poleas resistentes.
Durante una noche en que los romanos estaban desprevenidos, los rebeldes descendieron con sus armas atadas a las cuerdas. Un gladiador quedó atrás para bajar a sus compañeros.
De repente, los gladiadores aparecieron vestidos con ropas de jaches, sorprendiendo y aterrorizando a los romanos, que fueron masacrados sin piedad. Los supervivientes huyeron despavoridos. El destino de Glabrión es incierto: algunos creen que murió en combate, otros que sobrevivió avergonzado.
La continuación de la rebelión
Tras esta victoria, Roma subestimó la amenaza y envió otra expedición bajo el pretor Varinio, quien también fue derrotado y apenas escapó con vida. La revolución de Espartaco mostró que, aunque Roma podía perder batallas, la guerra contra un ejército de desesperados era mucho más compleja.
Espartaco y sus seguidores se convirtieron en un símbolo de resistencia; su nombre quedó inmortalizado entre los guerreros que jamás se doblegaron.
Espartaco y sus hombres en el Vesubio.
Espartaco muere luchando.
Gladiador en la arena.
Sus seguidores deifican a Espartaco.