Contexto histórico
El dominio otomano se impuso en Pogoni a finales del siglo XIV, antes de la caída de Ioannina. Al principio los conquistadores mostraron cierta tolerancia, pero tras la caída de Constantinopla en 1453 la zona pasó a ser objetivo de frecuentes y brutales incursiones y saqueos, motivados por la riqueza heredada del antiguo despotado de Epiro.
Ataques contra la población y la fe
Los ataques no solo devastaron la propiedad material, sino también el patrimonio espiritual y cultural: numerosos templos y monasterios fueron destruidos. En el siglo XVII la presión sobre los ortodoxos griegos se intensificó. En 1626 se registraron unos 4 000 habitantes, tres monasterios y al menos 24 iglesias; para 1661, tras las incursiones de los llamados turkalvans, la población había caído a unas 200 personas distribuidas en cuatro familias.
Islamización de Albania y Epiro
La violencia física fue el principal motor de la conversión masiva al islam, pero también influyeron factores económicos, como la diferencia tributaria entre cristianos y musulmanes. Muchos nobles albaneses adoptaron el islam para conservar sus privilegios y tierras; algunos lo hicieron de forma superficial, manteniendo su fe en privado, mientras que otros la abandonaron por completo, convirtiéndose a veces en perseguidores de sus antiguos co‑creyentes.
La ausencia de una lengua escrita y de literatura cristiana en albanés dificultó la resistencia cultural, y la falta de educación tanto entre albaneses como entre griegos favoreció la expansión del islam en el siglo XVII.
Los nuevos mártires
Durante este periodo surgieron numerosos neomártires que se convirtieron en símbolos de resistencia: San Jorge de Ioannina, San Juan de Konitsi, San Anastasio de Paramythia, San Zacarías de Arta, San Nicodemo de Vithkouki y otros. Sus testimonios fueron recogidos por el santo Nicodemo en su famosa obra "Nuevo Testimonio".
Obra del obispo Sofianos
Entre los clérigos que marcaron la época destaca el obispo de Dryinoupolis, Sofianos (también llamado San Sofía), que falleció el 26 de noviembre de 1711. Se desconoce su fecha de nacimiento, pero los registros episcopales indican que ocupó el cargo entre 1667 y 1720.
En 1672 fundó una escuela en el monasterio de Agios Athanasios, cerca de Polytsani. Alrededor de 1700 abandonó el episcopado y se retiró al monasterio como monje, dedicándose a la enseñanza del Evangelio y a la defensa de la fe frente a la presión de los turkalvans.
Su labor incluyó:
- Visitar cada domingo y fiesta los pueblos de Zagori, Dropoli y Pogoni, predicando y consolando a los fieles.
- Negociar con las autoridades otomanas para evitar asentamientos mixtos y trasladar a los cristianos amenazados a Malesovo.
- Realizar supuestos milagros, como la localización del fez de un rico turco gracias a una cigüeña y la profecía de la floración de cerezos plantados en llamas.
- Organizar defensas armadas contra los turkalvans, convirtiendo su monasterio en refugio y base de resistencia (1730‑1735).
El monasterio de Agios Athanasios albergó una importante biblioteca, vestiduras de oro, una campana de Constantinopla y manuscritos hasta su destrucción parcial en 1921 durante un enfrentamiento con bandoleros turkalvans.
Legado y veneración
Tras su muerte, Sofianos fue venerado como santo local; se celebró una gran fiesta religiosa que asistieron tanto cristianos como turcos. Sus reliquias, conservadas en un relicario de plata, fueron robadas durante el régimen comunista, pero parte de sus restos permanecen en la iglesia de Pammegisto Taxiarchon en Polytsani y en otras iglesias de Grecia y del exterior.
Su figura fue inmortalizada por el himnógrafo Gerasimos Mikrayannanitis y por el estudioso Charalambos Bousias, quienes resaltaron su papel como guardián de la fe y promotor de la educación griega en la región.
En síntesis, el obispo Sofianos fue un factor clave para detener la islamización del Epiro, preservando la ortodoxia y el helenismo en Riza, Pogoni y Zagoria, y se le considera precursor de la revolución de 1821 junto a Nektarios Terpos y San Cosmas Aitolos.