Contexto histórico
Rámina, conocida hoy por la famosa batalla de 1944, ya había sido escenario de un enfrentamiento crucial en la época bizantina. El emperador Justiniano buscaba recuperar Italia, entonces dominada por los ostrogodos, cuyo rey era Witigis.
Desobediencia y asedio
El general bizantino Belisario, agotado por la falta de recursos, delegó al comandante Juan (John) la misión de conducir una pequeña fuerza de 2 000 caballeros al valle de Picentini, al este de los Apeninos, para amenazar la capital ostrogoda, Rávena.
Juan, apodado "el sediento de sangre", aceptó y, al recibir la petición de los habitantes de Rámina (entonces Ariminum), avanzó hacia la ciudad, creyendo que una presión desde allí obligaría a Witigis a levantar el asedio de Roma.
Tras derrotar al general ostrogodo Oliteo, Juan tomó la ciudad. Witigis, al enterarse, abandonó el sitio de Roma y marchó contra Rámina. Belisario, anticipando sus intenciones, envió a los oficiales germanos Ildigeros y Martín con infantería para reforzar la defensa y liberó a su élite de caballería, poco adecuada para un asedio prolongado.
La torre de asedio
Witigis ordenó la construcción de una torre de asedio. Los bizantinos cavaron una zanja para impedir su avance, pero los ostrogodos la rellenaron con madera y tierra. Cuando la torre intentó cruzar la zanja, se hundió parcialmente y, pese a varios intentos, no pudo avanzar.
Juan intentó aprovechar la situación y salió de la ciudad con parte de sus tropas, pero fue repelido y tuvo que regresar. Los ostrogodos, pese a sus pérdidas, decidieron mantener el cerco, esperando que el hambre obligara a los bizantinos a rendirse.
Estrategia de Belisario
Belisario respondió dividiendo su ejército en tres columnas:
- Una bajo el mando de Ildigeros, que llegó por mar.
- Otra bajo Martín, que se acercó de noche encendiendo numerosos fuegos para simular la llegada de un gran ejército.
- La propia columna de Belisario, que avanzó por tierra desde el norte, derrotando a una guarnición gótica en el camino.
Los ostrogodos, al ver los barcos bizantinos y los focos iluminando la costa, entraron en pánico. Liderados por Witigis, abandonaron el asedio y huyeron, temiendo una masiva fuerza bizantina.
Resultado
Belisario logró una victoria decisiva y completamente sin sangre, superando a un enemigo al menos dos veces mayor mediante maniobras y engaños. Juan, resentido, atribuyó el éxito a Narsés, pero la mayoría de los historiadores consideran que la brillantez estratégica fue propia de Belisario.