Política de tierra arrasada
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Rojo adoptó la estrategia de "tierra arrasada" para impedir que las fuerzas alemanas se apropiasen de recursos clave al retroceder.
Objetivos principales
- Destruir minas y campos mineros.
- Demoler centros industriales y fábricas.
- Sabotar y quemar campos petrolíferos.
- Interrumpir las infraestructuras de transporte (ferrocarriles, carreteras, puentes).
Impacto en la campaña alemana
Estas tácticas ralentizaron el avance de las tropas de Hitler, obligándolas a enfrentarse a la escasez de combustible, municiones y suministros en territorio soviético.
Consecuencias para la población civil
El uso sistemático de la tierra arrasada provocó un sufrimiento masivo entre la población civil, que se vio privada de alimentos, calefacción y medios de vida al ver desaparecer los recursos esenciales en las zonas ocupadas por los alemanes.
En resumen, la política de tierra arrasada fue una medida de sacrificio extremo destinada a negar al enemigo cualquier ventaja logística, aunque a un alto costo humano y material para la propia Unión Soviética.