1. Poderes limitados de los estados
La Constitución estableció un gobierno federal con facultades específicas, reservando al resto los poderes no delegados a nivel federal a los estados. Los antifederalistas temían que, con el tiempo, el gobierno federal fuera usurpando esas competencias estatales, disminuyendo su autonomía y autoridad.
2. Representación en el Congreso
El texto constitucional creó un legislativo bicameral: la Cámara de Representantes se basa en la población, mientras que el Senado otorga a cada estado una representación igual, sin importar su tamaño. Los antifederalistas sostenían que este esquema beneficiaría a los estados más poblados y reduciría la influencia de los estados pequeños en el gobierno federal.
3. Cláusula de supremacía
La Constitución declara al gobierno federal como autoridad suprema cuando exista conflicto entre leyes federales y estatales. Los antifederalistas temían que esta cláusula permitiera al poder central invalidar leyes estatales y vulnerar la soberanía de los estados.
4. Revisión judicial
Se concedió a la Corte Suprema la facultad de declarar inconstitucionales las leyes. Los antifederalistas creían que este poder judicial federal podría interferir en los asuntos estatales y anular normas locales que el gobierno federal considerara contrarias a la Constitución.
5. Declaración de derechos
Los opositores exigieron la inclusión de una Declaración de Derechos para proteger libertades individuales y limitar el poder del gobierno federal. Sin esas garantías, consideraban que el gobierno central podría volverse demasiado poderoso y vulnerar los derechos de los estados y sus ciudadanos.
6. Temor a la concentración del poder
En general, los antifederalistas temían que la creación de un gobierno central fuerte conlatará en la concentración del poder en manos federales, dejando a los estados con escasa autonomía. Defendían que cada estado debía conservar su soberanía e independencia.