Estados Unidos suministró enormes cantidades de ayuda financiera, equipamiento militar y provisiones a las fuerzas aliadas. Entre los recursos enviados se incluían alimentos, municiones, armas, barcos y aviones.
El país también estableció bases militares estratégicas tanto en Gran Bretaña como en Irlanda del Norte, lo que facilitó la logística y el despliegue de tropas.
Más de 4 millones de estadounidenses sirvieron en el conflicto, participando en algunas de las operaciones más importantes en Europa, África y el Pacífico.