El fin de la Primera Guerra Mundial no provocó directamente la Segunda Guerra Mundial, pero una serie de acontecimientos y tensiones surgidos en el período de entreguerras crearon el caldo de cultivo para el conflicto de 1939. A continuación se describen los factores más determinantes.
Tratado de Versalles
El Tratado de Versalles, que puso fin oficialmente a la Gran Guerra, fue percibido por muchos alemanes como una humillación. El tratado culpó a Alemania, le impuso reparaciones onerosas y le arrebató territorios, generando un profundo resentimiento y un deseo de venganza que serían explotados por los nacionalistas.
Inestabilidad económica
La Gran Depresión de los años 30 devastó las economías de Alemania y de otras naciones. El colapso económico provocó desempleo masivo, malestar social y una creciente desconfianza en los gobiernos democráticos, lo que facilitó la aparición y el auge de movimientos extremistas como el Partido Nazi.
Ascenso del fascismo y el militarismo
En la Europa de entreguerras surgieron regímenes fascistas en Alemania, Italia y, en menor medida, en Japón. Estos gobiernos se caracterizaron por su autoritarismo, nacionalismo agresivo y una política militarista orientada a la expansión territorial.
Fracaso de la Sociedad de Naciones
La Sociedad de Naciones, creada para mantener la paz, resultó incapaz de responder eficazmente a las agresiones de los estados revisionistas. Su debilidad minó el sistema de seguridad colectiva y dejó espacio para que los países beligerantes persiguieran sus ambiciones expansionistas.
Política de apaciguamiento
Algunas democracias occidentales adoptaron la política de apaciguamiento, cediendo a demandas de los dictadores con la esperanza de evitar una nueva guerra. Esta estrategia sólo animó a líderes como Adolf Hitler a intensificar sus planes agresivos.
Acuerdo de Múnich (1938)
El Acuerdo de Múnich, en el que Reino Unido, Francia e Italia permitieron a Alemania anexar los Sudetes de Checoslovaquia, es considerado un punto de inflexión. Demostró la disposición de potencias europeas a ceder ante Hitler, sin detener su expansión.
La combinación de estos factores, junto a otros acontecimientos, creó las condiciones que desembocaron en la invasión de Polonia en septiembre de 1939 y, con ella, el inicio de la Segunda Guerra Mundial.