Tras 1830, la revolución industrial originada en Gran Bretaña se propagó por gran parte del continente europeo, creando nuevos centros de producción y modernizando economías tradicionales.
Francia
En Francia la industrialización se concentró en el norte, especialmente en ciudades como París, Lille y Lyon. El sector textil fue un motor clave, mientras que la minería de hierro y carbón también se desarrolló con fuerza.
Bélgica
Bélgica fue uno de los primeros países continentales en industrializarse, gracias a sus abundantes recursos de carbón y mineral de hierro. La industria textil, particularmente el lino y la lana, jugó un papel importante.
Alemania
La industrialización alemana avanzó rápidamente, impulsada por la unificación política, avances tecnológicos y recursos naturales abundantes. La región del Ruhr se convirtió en un gran polo industrial de acero, carbón y química.
Países Bajos
Con una larga tradición comercial, los Países Bajos basaron su industrialización en la fabricación textil y la construcción naval, respaldados por un sólido sector bancario que facilitó la inversión.
Suiza
Suiza se destacó por la ingeniería de precisión y la relojería. Un mano de obra altamente calificada y una cultura de innovación impulsaron su proceso industrial.
Austria
En Austria la industrialización se centró en Viena y otras ciudades importantes. El sector textil tuvo relevancia, al igual que la producción de hierro y acero.
Italia del Norte
En el norte italiano, sobre todo en la zona de Milán, la industrialización tomó fuerza en los textiles, la maquinaria y la química.
Cada una de estas regiones siguió una trayectoria propia, pero todas compartieron la influencia de los precedentes británicos.