La Primera Guerra Mundial (1914‑1918) transformó radicalmente el panorama laboral, creando tanto oportunidades como obstáculos para los sindicatos.
Efectos positivos
Aumento de la afiliación: la demanda de mano de obra en la industria bélica hizo crecer rápidamente el número de trabajadores en sectores como la manufactura y la minería, y los sindicatos incorporaron a muchos de ellos.
Mejora salarial: gracias al alto requerimiento de mano de obra, los sindicatos lograron negociar salarios más altos para sus afiliados.
Reducción de la jornada: la escasez de trabajadores permitió a los sindicatos presionar por jornadas más cortas.
Beneficios ampliados: se consiguieron mejores prestaciones, entre ellas seguros de salud y pensiones.
Efectos negativos
Represión gubernamental: algunos sindicatos, como la Industrial Workers of the World (IWW), fueron perseguidos por considerarse una amenaza al esfuerzo bélico.
Persistencia de la discriminación: mujeres y trabajadores afroamericanos siguieron enfrentando exclusión y salarios inferiores dentro de muchos sindicatos.
Riesgos y pérdidas humanas: numerosos afiliados resultaron heridos o murieron trabajando en industrias peligrosas vinculadas al conflicto.