Fervor religioso
El principal motor de las Cruzadas fue la devoción cristiana. Los europeos creían que era su deber recuperar Tierra Santa del dominio musulmán, expandir el cristianismo y luchar por una causa justa.
Oportunidades políticas y económicas
Las expediciones ofrecían a caballeros y nobles la posibilidad de adquirir tierras, riquezas y prestigio. Muchos buscaban aventura y ascenso social, y algunos monarcas apoyaron las Cruzadas para ampliar su influencia territorial.
Influencia papal
La Iglesia Católica, poderosa en la Edad Media, jugó un papel central. El Papa organizó y dirigió las Cruzadas, viéndolas como medio para aumentar el poder y la prestigio de la Iglesia, y concedió indulgencias y otras recompensas espirituales a los participantes.
La caída de Jerusalén en 1071
La conquista de Jerusalén por los turcos selyúcidas provocó conmoción en el mundo cristiano y generó un sentido de urgencia para recuperar la ciudad sagrada.