En la actualidad la arquitectura bioclimática utiliza la energía solar pasiva, es decir, el aprovechamiento directo de la radiación solar sin convertirla en otro tipo de energía. Aunque ese concepto lleva un nombre moderno, ya en la Grecia antigua se tenían en cuenta estos principios al diseñar edificios.
Los principios de Sócrates
«Quien desea construir la casa adecuada debe hacerla lo más agradable y útil posible. ¿No es mejor una casa fresca en verano y cálida en invierno? En las viviendas orientadas al sur, el sol invernal entra por los pórticos, mientras que en verano pasa por encima, proporcionando sombra. Es necesario que las casas del sur tengan un segundo piso para que el sol no quede oculto en invierno, y que las del norte sean más bajas para que los vientos fríos no penetren.»
La aplicación de estas ideas socráticas en Atenas se extendió también a áreas rurales, donde era más fácil elegir la orientación adecuada. En el siglo V a.C., la ciudad de Olinto, fundada por los calcídios, se considera la primera “ciudad solar” de la historia.


Los descubrimientos arqueológicos revelan que la ciudad estaba organizada en una cuadrícula de siete calles norte‑sur que se cruzaban perpendicularmente cada 35 m con calles este‑oeste. Todas tenían 5 m de ancho, salvo las arteriales centrales de 7 m. En los bloques formados por esas intersecciones se ubicaban las casas, todas orientadas al sur, maximizando la captación solar.
Aristóteles y la arquitectura climática
Aristóteles defendió principios similares al afirmar que «protegidos del frío del norte y aprovechando el calor del sol, vivimos de manera más civilizada». El dramaturgo Aesquiles también usó la arquitectura para distinguir a los griegos civilizados de los bárbaros:
«[…] aunque tenían ojos para ver, veían en vano; tenían oídos, pero no comprendían. Como figuras de sueños, sin propósito, arrojaban todo al caos. No conocían casas orientadas al sol y vivían bajo tierra como hormigas en cavernas sin luz.»
La aportación romana: Vitruvio
Los romanos adoptaron y perfeccionaron estas ideas. Vitruvio, arquitecto e ingeniero del siglo I a.C., expuso en el Libro VI de De architectura una guía detallada basada en clima y latitud:
«Si queremos que nuestros diseños sean correctos, debemos observar cuidadosamente el país y el clima donde se construirán. En los países del norte conviene que los edificios sean cerrados y orientados hacia las zonas más cálidas; en los del sur, donde el sol es abrasador, deben ser abiertos y orientados al noroeste. Así, mediante el arte, se mitigan los inconvenientes que la naturaleza impone.»
Vitruvio también describió la orientación de los espacios según su uso: dormitorios y bibliotecas hacia el este para aprovechar la luz del amanecer y proteger los libros de la humedad; galerías de arte, salas de bordado y talleres de pintura hacia el norte para garantizar una luz constante y uniforme.

Materiales y primeras soluciones de vidrio
Desde el siglo I, los romanos emplearon el lapis specularis (yeso translúcido) como “vidrio” para ventanas. Este material dejaba pasar la luz y acumulaba calor solar, proporcionando calefacción natural sin combustible. Además, se utilizó en las primeras invernaderos para aumentar la producción agrícola y cultivar especies de otras latitudes.

Conclusión
Con todos estos antecedentes, es razonable afirmar que la arquitectura bioclimática ya existía en la antigüedad.