La ropa interior se ha usado desde tiempos inmemoriales por dos motivos principales: proteger la ropa exterior de la suciedad del cuerpo y proteger al cuerpo de los materiales ásperos de la vestimenta. En climas fríos, varias capas añadían calor. Pero, ¿cómo era la ropa interior en la Edad Media?
Características generales
Al igual que cualquier prenda, los calzones medievales cambiaban según la moda, la región y la posición social. La mayoría de los tejidos eran naturales, sin blanquear ni teñir, y a diferencia de la ropa exterior, eran fáciles de lavar.
Ropa interior femenina
Hasta el siglo XVI, se consideraba inmoral que una mujer usara pantalones, y lo mismo se aplicaba a los calzones. Por ello, la mujer llevaba una sola prenda interior, conocida como niderdress, o incluso varias bajo la vestimenta exterior.
Estas prendas, generalmente de material fino, llegaban hasta los tobillos y a menudo sobresalían por el escote, las mangas o el bajo de la falda. En la nobleza, tanto la prenda superior como la inferior podían estar bordadas o adornadas con trenzas.
Una forma intermedia era el chainse, usado entre la ropa interior y la exterior (bliaud o cotta). Suele ser blanco y presentar pliegues delicados en el escote, además de bordados o topstitching.
¿Resulta poco práctico llevar varios mantos largos? No necesariamente. En el Codex Manesse se observa a mujeres trabajadoras levantar la parte inferior de su ropa exterior con el cinturón, dejando al descubierto la prenda interior más corta. Así ganaban libertad de movimiento y mantenían limpia la vestimenta exterior sin mostrar indebidamente sus piernas.
Ropa interior masculina
El hombre medieval vestía esencialmente dos piezas: una camisa y una especie de calzón, probablemente descendiente del taparrabos. A partir de la Alta Edad Media, la vestimenta inferior se componía de dos piezas: calzones y polainas.
Bruche: antecedente de los calzoncillos modernos
El bruche (también bruoch o brouche) se asemeja a los boxer shorts actuales. Su forma varió con la moda y con el corte de otras prendas, como las polainas.

El nombre proviene del latín bracae, “pantalón”. Las ilustraciones de la época muestran el bruche en blanco o en su color natural. Inicialmente llegaba a la rodilla y era ancho; a partir del siglo XIV la moda favoreció piezas más cortas y estrechas.
Polainas: mezcla entre medias y pantalones

Las polainas son los predecesores de los pantalones y evolucionaron de prendas tipo media que se alargaban gradualmente. En el siglo X llegaban hasta la parte posterior de la rodilla; para el siglo XI ya cubrían más allá de la rodilla. Era común combinarlas en colores diferentes (estilo “mi-parti”).
Se confeccionaban primero en el bruche y luego en el wamsfest. Al ser anchas en la zona de la pantorrilla, se aseguraban con ligas o envolturas.
Curiosamente, la palabra inglesa “trousers” (pantalones) proviene de esta costumbre: originalmente eran “un par de polainas”.
La camisa: contraparte femenina

La camisa interior, también llamada undershirt, protegía la prenda superior masculina. Su corte cambió poco a lo largo de los siglos, pero su longitud sí: podía llegar a la rodilla, a la mitad del muslo o quedar más corta.
El gorro: ropa interior para la cabeza

¿Gorro como ropa interior? En la Edad Media sí tenía sentido colocar una capucha bajo el casco o la corona. Desde el siglo XII era parte de la moda, usado por hombres, niños e incluso reyes.
Los gorros se ajustaban al cráneo y se ataban bajo la barbilla. Protegían contra piojos y suciedad, mantenían el calor en invierno o la sombra en verano. Los gorros acolchados servían como protección bajo armaduras y evitaban que el casco resbalara.
Ropa interior infantil
Los niños eran considerados “pequeños adultos”. Vestían las mismas prendas que los adultos, pero en tallas reducidas, tanto en ropa exterior como interior.