Historia antigua

La música en la Edad Media

La música en la Edad MediaDesde el canto del monje que alaba a Dios seis u ocho horas al día hasta las improvisaciones de un juglar o un trovador, la música marcó el ritmo de la vida cotidiana en la Edad Media, tanto en lo colectivo como en lo privado. Sin embargo, la sociedad medieval no la concebía como mero entretenimiento; la consideraba una piedra angular de la sociedad cristiana occidental. De allí surge una concepción filosófica heredada de la antigüedad grecolatina, adaptada al cristianismo por los Padres de la Iglesia, que convierte a la música en arte y, al mismo tiempo, en una ciencia matemática, filosófica y divina cuya armonía contribuía al orden del mundo.

La herencia grecolatina de la música en la Edad Media

Desde la Antigüedad griega hasta el siglo XVI se mantuvo la teoría de que el universo se rige por relaciones numéricas armónicas y que las distancias entre los planetas se distribuyen según proporciones musicales. Tradicionalmente llamamos a esto la música o la armonía de las esferas. En aquella época sólo se conocían siete cuerpos celestes (Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno) que se creía giraban alrededor de la Tierra; más tarde, con Copérnico y el heliocentrismo del siglo XVI, se comprendió que giran alrededor del Sol, lo que corresponde a los siete intervalos musicales (excluyendo la octava) desde un punto de vista matemático. Esta idea de una música cósmica es de origen pitagórico y fue popularizada por filósofos griegos como Platón, en su Timéo y República, y por Aristóteles. La teoría prosperó también en autores latinos como Plinio o Cicerón y permaneció viva en las escuelas neopitagóricas y neoplatónicas, con figuras como Macrobius o Martiano Capella.

La música en la Edad MediaSin embargo, fue el filósofo Boecio quien, alrededor del año 510, sintetizó los principios fundamentales de la teoría pitagórica y platónica. Su tratado De institutione musica se convirtió en la referencia esencial durante toda la Edad Media. De hecho, fue el "best‑seller" entre los musicólogos medievales y el manual de referencia en la enseñanza musical de la Universidad de París en el siglo XIII.

Boecio organizó la música en tres categorías: musica mundana, musica humana y musica instrumentalis. La primera, la música del mundo (la armonía de las esferas), ocupa el nivel más alto y ordena armoniosamente el universo. La música humana corresponde a la relación armónica entre el alma y el cuerpo, producida por el propio cuerpo. La última se refiere a la música de los instrumentos y la voz, la única música perceptible a priori por los sentidos. Así, aunque Boecio reconoce una práctica musical ligada a lo sensible, presenta la música fundamentalmente como una ciencia especulativa y racional organizada en torno a los números.

¿Una ciencia matemática?

Por extraño que parezca hoy, en la Edad Media la música no se enseñaba únicamente como disciplina artística, sino sobre todo como disciplina matemática. Para Boecio, sólo los aspectos teóricos de la música merecían estudio, ya que la práctica era cuestión del trabajo manual del artesano, del instinto y del servicio. Su tratado examina los diferentes tipos de proporciones, consonancias y disonancias según su naturaleza matemática.

La música en la Edad MediaEsta concepción de la música como ciencia matemática se impartía en todo el medievo, principalmente dentro del cuadrivium de las artes liberales. En la universidad medieval, todos los estudiantes comenzaban sus estudios con una base común: el trivium (gramática, lógica y retórica) y el cuadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música). No obstante, la música a veces fluctuaba entre ambos grupos, ya que el dominio del canto se asemejaba al dominio del habla y, por tanto, a la retórica.

Además de Boecio, otro tratado universalmente conocido y usado durante la Edad Media fue el De musica de San Agustín. El obispo de Hipona del siglo IV consideraba la música "la ciencia del número hecho audible", capaz de producir una buena modulación. Desde entonces, la ubicó claramente del lado de las matemáticas, pero también la entendió como el espejo de la armonía universal, es decir, como reflejo de la belleza divina.

De la ciencia espiritual a la práctica musical

Para los teóricos cristianos de la Edad Media, la música permitía que la razón ascendiera a la contemplación de la belleza y la sabiduría divina. De ciencia matemática, pasó a ser una ciencia espiritual y filosófica que acercaba al ser humano a lo divino, lo que explica su omnipresencia en la liturgia medieval. Sin embargo, esa visión también requería la práctica musical. El enciclopedista Vincent de Beauvais, en el siglo XIII, resumió la música tanto desde el punto de vista teórico como físico, describiendo aspectos estrictamente musicales como ritmo, melodía e instrumentos. Se situó en la tradición del famoso musicólogo del siglo XI, Guido de Arezzo, inventor del sistema de notación occidental, quien rechazó en parte el tratado de Boecio, considerándolo más útil al filósofo que al cantautor.

A finales del siglo XIII muchos pensadores medievales se distanciaron de los textos fundacionales y pusieron el aspecto práctico por encima de la teoría. Para ellos, la música debía servir al placer humano y no limitarse al solo elogio a Dios. Este giro provocó debates teológicos sobre el lugar y el papel de la música. Tomás de Aquino, en su Summa Theologica, acepta los placeres y entretenimientos que un juglar pueda ofrecer, siempre que se mantengan moderados y al servicio del bien común.

Finalmente, citamos la fórmula del más famoso compositor francés del siglo XIV, Guillaume de Machaut: "Y la música es una ciencia que nos hace reír, cantar y bailar; la cura no tiene melancolía". Este cambio de concepción al final de la Edad Media se relaciona con el desarrollo artístico de la ars nova y revela la dualidad inherente a la disciplina.

La música en la Edad Media: una concepción polifacética

La música en la Edad MediaA lo largo de la Edad Media occidental, la concepción cristiana de la música mantuvo una sorprendente ambivalencia, heredada desde la antigüedad grecorromana. En el siglo XIII, el predicador dominicano Étienne de Bourbon relata en sus historias el episodio de la Odisea de Homero en el que Ulises se tapa los oídos para no oír el canto irresistible de las sirenas.

Con este relato, Étienne pretende advertir a los fieles sobre los efectos psicológicos de la música. Para los pensadores medievales, la música podía influir en el alma humana, por lo que su poder era a la vez útil y peligroso. Aunque se reconocían sus efectos terapéuticos, los médicos medievales la consideraban impredecible y, por tanto, riesgosa. Los Padres de la Iglesia combatían la música perniciosa, que consideraban una manifestación decadente y efeminada del arte pagano. Clemente de Alejandría buscaba prohibir la música artificial que llevaba a la idolatría; Juan Crisóstomo la rechazaba por el peligro de la inmoralidad, denunciando especialmente las voces seductoras de las mujeres.

De ahí que el mayor peligro para los teólogos cristianos fuera el juglar —actor, trovador, comediante—, a quien se le asociaba con el diablo y que no podía ser sepultado en tierra consagrada (pensemos, por ejemplo, en el caso posterior de Molière). No obstante, la visión del intérprete no fue uniforme a lo largo de la Edad Media. Los teólogos valoraban sus dotes oratorias y musicales y no dudaban en presentar al rey David como el "juglar de Dios". La literatura clerical abundaba en relatos donde, mediante su arte, el trovador convertía al fiel a la fe divina. Este contraste evidencia las dos concepciones opuestas de la música: por un lado, medio para alabar la grandeza divina; por otro, posible fuente de pecado.

El panorama musical medieval está lejos de ser homogéneo. Entre la música erudita o aristocrática, la ciencia filosófica o el arte, lo oral o lo escrito, lo sagrado o lo profano, no es posible ofrecer una definición única. La música, lejos de estar fijada tanto en teoría como en práctica, se presta a múltiples interpretaciones y evoluciona con el tiempo, dejando al historiador un testimonio fascinante de los retos culturales y sociales de la época.

Bibliografía

- Jacques Chailley, Historia musical de la Edad Media, París, PUF, 1950.
- Martine Clouzot y Christine Laloue (eds.), Representaciones de la música en la Edad Media, actas del coloquio del 2 y 3 de abril de 2004, París, Cité de la Musique, 2005.
- Olivier Cullin, Breve historia de la música en la Edad Media, París, Fayard, 2002.
- Olivier Cullin (ed.), El lugar de la música en la cultura medieval, Turnhout, Brepols, 2007.