Es del siglo III d.C., y más del siglo X, cuando nacieron las grandes civilizaciones precolombinas (antes de la llegada de Cristóbal Colón). Las más conocidas son los mayas, toltecas, aztecas e incas. Sustentadas en la agricultura y con estructuras políticas y religiosas desarrolladas, cada una de ellas fundó poderosos imperios. Los vestigios arqueológicos que dejaron son impresionantes: Palenque, Tikal y Chichén Itzá, Monte Albán o incluso Machu Picchu. Por brillante que fuera su arte, estas civilizaciones resultaron frágiles por la falta de conocimientos técnicos y de verdadera metalurgia, y no pudieron resistir la oleada de europeos que arribaron al continente a partir del siglo XVI.
El problema de las fuentes sobre las civilizaciones precolombinas
Todo historiador depende de sus fuentes, y en el caso de la América prehispánica el problema es muy real. La mayor parte de la información proviene de los españoles, que a su vez se basaron en testimonios orales de los pueblos indígenas, lo que genera dudas sobre la exactitud. Además, las poblaciones autóctonas manejaban una noción de tiempo circular, muy distinta a la europea.
Otro recurso es la arqueología, pero en América está fragmentada y es difícil de interpretar. Sólo en Mesoamérica las dificultades disminuyen gracias a la existencia de calendarios y escritura. El inconveniente es la mezcla de hechos históricos con mitos, y la diferencia de unidades temporales al tratar las dinastías.
Una población numerosa y dispersa
Hoy sabemos que los pueblos amerindios no son estrictamente "indígenas", ya que llegaron desde Asia hace unos 30 000 años.
El debate principal gira en torno al número de habitantes; los historiadores han variado entre 100 y 10 millones. Un estudio reciente de William M. Denevan (1992) sitúa la población total del continente en poco más de 50 millones al momento de la conquista, con 4 millones en Norteamérica y 14 millones sólo en México. La característica de esta población es su gran dispersión, con alta densidad en la zona del Pacífico y, en menor medida, en la zona del Atlántico, mientras que las grandes llanuras parecían escasamente pobladas.
Los estudios de sitios arqueológicos revelan que estas poblaciones vivían en aldeas densas; una parte también era nómada, sobre todo en Norteamérica. En el siglo XV, por ejemplo, los inuit migraron hacia el este, llegando a Groenlandia.
América del Norte
Esta región corresponde a lo que hoy son Canadá y los Estados Unidos. Los lingüistas del siglo XIX identificaron lenguas y dialectos, clasificándolos en doce grandes grupos que permiten observar la movilidad tribal y el mestizaje étnico. Las áreas geo‑culturales principales son: el noreste boscoso (familias algonquinas e iroquesas), el sureste (cherokees, seminoles), el suroeste árido (hopi, apaches, navajos), las Grandes Llanuras (sioux, blackfeet, cheyenne), las mesetas de las Montañas Rocosas (paiutes, nez‑percés), la costa del Pacífico (yuroks, tlingits, nootkas) y las regiones árticas (inuit, aleut).
Esta lista no es exhaustiva, pero da una idea de los diferentes grupos que los conquistadores encontraron y de sus relaciones. Aunque conocemos parte del funcionamiento de estas sociedades muy diversas (no todas nómadas), resulta mucho más difícil reconstruir su "historia" antes de la conquista que la de los pueblos mesoamericanos o andinos, por la escasez de fuentes. Solo se conservan algunos ejemplos de estructuras políticas a finales del siglo XV, como la reunión de tribus iroquesas en Ontario, que creó un sistema cuasi‑democrático y que tendría importancia en el siglo XVII.
¿Los mayas desaparecidos?
La caída de las grandes ciudades mayas del periodo clásico (aprox. 300‑900 d.C.) sigue generando muchas teorías, y a veces se interpreta que la civilización maya desapareció con la llegada de los conquistadores. No es así: aunque los principales centros fueron abandonados, persisten algunos, como Mayapán, que sucedió a Chichén Itzá tras su derrota en la primera mitad del siglo XIII. Se estima que Mayapán al borde de la conquista albergaba más de 10 000 habitantes, aunque también fue abandonada poco antes de la llegada española (probablemente alrededor de 1440).
Al final del siglo XV la situación maya era compleja: las grandes urbes estaban desiertas y el pueblo estaba dividido en provincias rivales (eran dieciocho cuando Cortés inició la fase final de la conquista en la década de 1530). Esa fragmentación facilitó la tarea del conquistador en Centroamérica, aunque la resistencia permaneció feroz hasta finales del siglo XVI.
Los aztecas (o mexicas)
No repasaremos toda la historia de los aztecas, pero para comprender su ascenso al poder imperial debemos remontarnos a la caída de la ciudad tolteca de Tula en el siglo XII. Los aztecas forman parte de los pueblos nahuas que, tras la caída de Tula, migraron desde el norte de Mesoamérica al Valle de México. Esta migración es un mito fundante de la cultura azteca; se dice que provinieron de la misteriosa ciudad de Aztlán. Lo que sí sabemos es que llegaron al valle en el siglo XIII, guiados, según la tradición mexica, por el dios Huitzilopochtli.

Los mexicas aún no estaban estructurados como una civilización consolidada y fueron rechazados por otros grupos de la zona. Tras un período difícil, fundaron su capital, Tenochtitlán, en 1325. Sin embargo, permanecieron bajo la amenaza (e incluso tutela) de ciudades tezcocanas, sobre todo Azcapotzalco, capital de los tepanecas. La rivalidad entre ambas ciudades terminó beneficiando a los mexicas: en 1418 estalló la guerra, Tezcoco fue derrotado y quedó sometido al tepaneca Tezozómoc. Los mexicas, aliados de éste, obtuvieron parte del tributo y derecho de inspección sobre la ciudad vencida.
El conflicto se reavivó tras la muerte de Tezozómoc. Esta vez, Tenochtitlán se alió con Tezcoco y Tlacopan, formando la Triple Alianza. En 1428 lograron derrotar a Azcapotzalco y consolidar el imperio azteca, liderado por los mexicas. A partir de Moctezuma I (desde 1440) la hegemonía se extendió por gran parte de Mesoamérica. Para la década de 1480 sólo quedaban rezagadas ciudades como Tlaxcala o regiones de Guerrero y Tarasco que resistían. También se institucionalizó la "guerra florida", en la que se capturaban prisioneros de ciudades fuera de la alianza para sacrificios al Sol.
Cuando los españoles arribaron en 1519 encontraron un imperio en plena apogeo, pero marcado por presagios ominosos: la aparición de un cometa en 1509, el incendio del santuario de Tóci, enfermedades y hambrunas que generaron descontento. Moctezuma II, paralizado por esas profecías, recibió a los conquistadores con una actitud que facilitó la caída del imperio.
Los incas
El siglo XV marca el nacimiento del imperio inca. Partía de una pequeña sociedad centrada en la ciudad de Cuzco, en los Andes, que a comienzos del siglo se había expandido hasta la orilla del lago Titicaca. Su líder entonces era Viracocha Inca. Al igual que los aztecas con Tula, los incas se vinculaban a una civilización ancestral de la región, la ciudad de Tiahuanaco del siglo X.
Los incas tenían rivales, los chancas, asentados al noroeste de Cuzco. A finales de la década de 1430 los chancas intentaron invadir el territorio inca y sitiaron Cuzco, defendido por el hijo de Viracocha, el futuro Pachacútec ("El que sacude el mundo"). La ofensiva chanca fracasó estrepitosamente; la contraofensiva inca fue brutal: se invadió el territorio enemigo y se ejecutaron a sus líderes. 
Una vez en el poder, Pachacútec impulsó una serie de reformas y dio inicio al gran auge inca en los Andes. La red de caminos fue clave para esa rápida expansión. Con Tupac Inca Yupanqui el imperio alcanzó su mayor extensión en el último tercio del siglo XV, llegando incluso a los bordes de la Amazonía. Su sucesor, Huayna Cápac, extendió la red vial hasta Quito y consolidó el dominio inca sobre toda la cordillera.
A principios del siglo XVI la situación siguió siendo de continuidad; los incas desconocían los problemas que aquejaban a los mexicas. Continuaron fortificando su imperio y expandiéndose hacia la Amazonía, pero la muerte de Huayna Cápac en 1524 reveló la fragilidad subyacente: comenzaron conflictos internos que debilitaron al imperio justo antes de la conquista.
¿Un continente precolombino conectado?
Este inmenso continente, con una población numerosa pero irregularmente distribuida, sistemas políticos muy diversos y al menos dos grandes y estructurados "imperios" (aztecas e incas), ¿estaba realmente conectado? ¿Existían relaciones comerciales o diplomáticas entre estos espacios y poblaciones?
En primer lugar, sabemos que los pueblos del extremo norte mantenían contactos con Asia a través del estrecho de Bering, evidenciados por prácticas culturales similares. Dentro de Norteamérica, los grandes ríos (Ohio, Tennessee y Mississippi) servían como vías de intercambio comercial, conectando a los pueblos del sur con los del noreste, incluidos los iroqueses. Incluso se hallan objetos mesoamericanos y sudamericanos, lo que indica intercambios a escala continental.
Mesoamérica también estaba muy interconectada, incluida la región del Caribe, mediante el comercio de cabotaje y una carretera en Yucatán que enlazaba ríos interiores. Los mayas, por ejemplo, mantenían relaciones con los pueblos de Panamá.
Fue precisamente en Panamá donde Pizarro se enteró del gran imperio del sur, el inca. Las políticas imperiales fomentaban esas conexiones por su afán expansionista; existen relatos legendarios, aunque con base real, de viajes marítimos en el Pacífico durante el reinado de Tupac Yupanqui. El océano Pacífico era escenario de intenso tráfico marítimo a lo largo del actual Perú, combinando el cabotaje con el comercio terrestre. Los ríos, desde el Orinoco hasta el Amazonas, también fueron importantes vectores de unión.
Sin caer en caricaturas sobre un declive general en el siglo XV, cabe señalar que, al borde de la conquista, el intercambio entre esas áreas parecía menos vigoroso que en el periodo clásico, tanto en el Mississippi como en Mesoamérica tras el abandono de las grandes ciudades mayas. Además, no existen pruebas de contacto directo entre los dos grandes imperios, el azteca y el inca. No obstante, las Américas que los europeos estaban a punto de explorar y conquistar estaban bien desarrolladas y conectadas, lejos de ser civilizaciones perdidas o completamente "bárbaras" como a menudo se ha afirmado. Algunos pueblos resistieron durante siglos, como los mapuches, que lucharon hasta la independencia de Chile en 1818.
Bibliografía
- P. Boucheron (dir.), Historia del mundo en el siglo XV, Fayard, 2009.
- Eric Taladoire, Civilizaciones precolombinas, ¿Qué sé?, 2019.
- E. Taladoire, B. Faugère‑Kalfon, Arqueología y arte precolombinos: Mesoamérica, École du Louvre, 1995.
- C. Bernand, S. Gruzinski, Historia del Nuevo Mundo, vol. 1: del descubrimiento a la conquista, Fayard, 2002.