Introducción
La aventura groenlandesa de los escandinavos nos muestra a los vikingos no solo como hábiles navegantes y colonizadores, sino también como familias que buscaban tierras para establecer granjas y vivir lejos de los conflictos políticos y la presión demográfica de Europa.
Investigaciones recientes, sin embargo, revelan que la principal actividad de los colonos fue la caza, que les proporcionaba marfil y pieles muy demandados en el continente europeo. La agricultura, en el clima severo de Groenlandia, quedó relegada a un papel complementario dentro de una economía basada en el intercambio con Islandia y el resto de Europa.
Rompiendo el mito del granjero vikingo
Este breve ensayo intenta invertir la imagen tradicional del vikingo groenlandés como un incansable agricultor que fracasó por el deterioro climático. Sin negar la influencia del frío o los choques con los pueblos árticos, analizaremos tres causas decisivas de su abandono: factores climáticos, económicos y las relaciones con los skraelingar (pueblos indígenas).
De Islandia a Groenlandia
Los noruegos se establecieron en Islandia a finales del siglo IX y ya conocían la existencia de tierras más al oeste alrededor del año 900, cuando el navegante Gunnbjörn se desvió de su ruta y avistó las islas groenlandesas, aunque sin desembarcar. Ochenta años después, Erik el Rojo, exiliado de Islandia tras ser acusado de asesinato, partió con su familia en busca de un territorio habitable.
Después de explorar la inhóspita costa este y la zona sur, Erik encontró un área de fiordos en la costa oeste, donde pasó el invierno. Allí decidió fundar una colonia permanente y, con la promesa de una “tierra verde”, reunió 25 barcos y cerca de mil personas, entre mujeres, niños y ganado, para cruzar a Groenlandia.
Los primeros asentamientos
Solo 14 embarcaciones llegaron al fiordo que hoy lleva su nombre, el Fiordo de Erik, cerca del extremo sur. Aproximadamente 500‑600 colonos se establecieron, pero el territorio disponible se agotó rápidamente. Algunos se desplazaron al noroeste y fundaron Vesterbygden, cerca de la actual Nuuk.
Esta primera ola buscaba tierras para la agricultura, y coincidió con el llamado optimum climático medieval, que favoreció el desarrollo de los asentamientos y la comunicación marítima con Islandia, de donde importaban madera, hierro y cereales.
El auge del comercio de marfil y pieles
La relativa facilidad de navegación permitió a los colonos desarrollar una actividad comercial más rentable que la agricultura. Europa demandaba intensamente aceites, pieles, marfil y cueros, y los vikingos groenlandeses los obtenían de focas y morsas, abundantes en la zona norte.
El punto de caza más importante era la Bahía de Disko, a unos 500 km al norte del asentamiento occidental. Allí compitieron con los Dorset, un pueblo amerindio que también buscaba marfil y pieles. Los vikingos los llamaban skraelingar y mantuvieron relaciones variables, a veces amistosas y otras conflictivas.
Factores del declive
A comienzos del siglo XIV el clima empezó a empeorar. El fin del optimum climático dio paso a lo que muchos historiadores denominan la pequeña edad de hielo, dificultando las rutas marítimas y aislando a Groenlandia. Una carta al Papa Alejandro VI en 1492 describe la pobreza y el aislamiento de la comunidad.
Económicamente, la llegada del marfil africano a Europa redujo la demanda del marfil groenlandés, y los comerciantes de la Hansa báltica mostraron poco interés en establecer rutas con la lejana isla.
Finalmente, las relaciones con los skraelingar se volvieron más tensas. Desde el siglo XIII, los inuit desplazaron a los Dorset y, empujados por el clima adverso, se expandieron hacia el sur, entrando en conflicto frecuente con los colonos escandinavos.
Estos tres factores —climático, económico y hostilidades con los inuit— aceleraron el abandono de los asentamientos, que desaparecieron antes del siglo XV.
El legado olvidado
Tras cinco siglos de lucha contra el entorno, los vikingos desaparecieron de la escena histórica hasta que, en 1721, el misionero noruego Hans Egede llegó a la isla y descubrió que los inuit todavía conservaban en sus relatos la memoria de los “cazadores blancos”.
Notas
[1] Se recomienda la tesis Pastoral Settlement, Farming, and Hierarchy in Norse Vatnahverfi, South Greenland, de Christian Koch Madsen (2014), y el artículo de Andrew Dugmore y Thomas Howatt McGovern Norse Greenland Settlement and Limits to Adaptation.
[2] Referencia a la Saga de los Groenlandeses y a la Saga de Erik el Rojo.
[3] Sobre el calentamiento medieval, leer Raymond S. Bradley, Climate of the Last Millennium (2003).
[4] Carta al Papa Alejandro VI, disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.