Historia antigua

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna y el Sacrificio “Brazo a Brazo”

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna y el Sacrificio “Brazo a Brazo”

La viruela es una enfermedad infecciosa causada por un virus que hoy está erradicada. Existen tres variantes (en simios, bovinos y humanos); la humana es la más mortal, con una tasa de mortalidad de hasta el 60 % y graves secuelas en los sobrevivientes. Llegó a América en el siglo XVI con los colonizadores españoles y produjo un impacto mucho más devastador que en Europa.

En 1796 Edward Jenner inoculó experimentalmente a James Philips, de ocho años, una pequeña cantidad del líquido extraído de las pústulas de una lechera inglesa infectada de viruela bovina (cowpox). El niño contrajo una forma leve de la enfermedad y, lo que resultó crucial, adquirió inmunidad contra la viruela humana. Este descubrimiento impulsó a médicos de todo el mundo a buscar métodos para prevenir la temida enfermedad.

Preocupado por la situación sanitaria de las colonias americanas, el rey Carlos IV encargó al médico militar Francisco Javier Balmis, cirujano honorario de la Corte, la misión de vacunar a la población de los territorios ultramarinos. El reto principal era cómo transportar el líquido vacunal, que debía mantenerse fresco, a destinos tan lejanos como Tenerife, Puerto Rico, Venezuela, Cuba, Nueva España, Colombia, Perú, Bolivia, Chile, Ecuador, Filipinas y China, sin contar con métodos de congelación o liofilización.

El pus debía extraerse de pústulas recién aparecidas; una vez que la lesión sanaba, el líquido perdía su viabilidad y la persona ya estaba inmunizada de por vida, por lo que no podía volver a servir de fuente. Balmis intentó conservar el líquido en pequeñas botellas de vidrio, pero resultó impracticable para los largos viajes marítimos.

La Expedición Real Filantrópica

Con ingenio y determinación, Balmis ideó una solución arriesgada: llevar a bordo niños de entre 3 y 10 años, inicialmente varones, sanos y sin antecedentes de viruela. Estos niños actuarían como “reservorios humanos” del virus vacunal. Cada semana se vacunaba a dos niños con el pus extraído de los dos niños vacunados la semana anterior, manteniendo así viva la cadena de inmunización.

Hoy este método puede parecer una atrocidad, pero en el contexto del siglo XIX la medicina estaba en sus inicios y no existían los códigos de bioética ni los derechos del paciente que regulan la práctica actual. En la España de entonces abundaban familias humildes con muchos niños que morían de desnutrición o enfermedades, y la Corona se comprometió a cubrir su alimentación, vestimenta, higiene, educación y futuro profesional.

Aunque muchas familias desconfiaron de la propuesta, Balmis logró reunir a 22 niños en el puerto de La Coruña (trece de la Casa de Expósitos, cinco del Inclusa del Real Hospital de Santiago y cuatro de la Casa de Desamparados de Madrid). Uno de ellos falleció durante el viaje; los demás sirvieron como fuentes vivas del vaccino hasta llegar a América. En cada puerto se vacunó a la población local, se establecieron puestos de vacunación y se capacitó a los sanitaristas, al tiempo que se seleccionaban nuevos niños‑reservorios, incluso tres esclavos comprados en La Habana cuando no se hallaron niños sanos.

El espacio a bordo era limitado y la escasez de alimentos complicaba la logística. Por ello, Balmis dejó a los “22 galleguitos” en Nueva España, garantizando su sustento, pero nunca volvió a saber de ellos. La expedición culminó en 1806 con el regreso de Balmis a España, habiendo vacunado a gran parte de las colonias americanas y asiáticas.

Este proyecto, considerado uno de los mayores logros médicos de la época, plantea serios dilemas éticos contemporáneos: menores utilizados sin el consentimiento de sus tutores, exposición a enfermedades, viajes peligrosos, abandono al término de su utilidad. Sin embargo, su legado es innegable; gracias a esa cadena de vacunación la OMS declaró la erradicación de la viruela en 1980. Estudios recientes han recuperado la identidad de esos niños‑héroes, reconociendo su aporte a la salud pública mundial.

Bibliografía

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Este artículo fue ganador del I Concurso de Microensayo Histórico Desperta Ferro. La veracidad, documentación y originalidad son responsabilidad exclusiva del autor.