Apio Claudio Caeco proviene de una familia patricia que se estableció en Roma al inicio de la República, cuando su ancestro Attus Clausus emigró desde la ciudad sabina de Regillis. En su honor se nombró una de las tribus romanas como Claudia. Aunque su cognomen original era Craso, al final de su vida fue más conocido como Caeco, “el ciego”. A pesar de la mala reputación que le otorgaron algunos historiadores, Caeco es una de las personalidades más polifacéticas de la Roma republicana, aunque a menudo queda eclipsado por figuras como Escipión el Africano, Marco Emilio Paulo o Julio César.
Carrera política
Su primer cargo destacado fue la censura, alrededor del 312 a.C., un puesto que ocupó antes de ser cónsul y a una edad en que muchos todavía no habían alcanzado la aedilidad. Durante su censura impulsó obras monumentales: la Vía Ápia, que conectaba Roma con Capua, y el Aqua Ápia, la primera acueducto romano. Curiosamente, estas infraestructuras llevan su nombre propio, una práctica poco habitual en la tradición romana y más propia de los soberanos helenísticos.
Caeco también se enfrentó al Senado, negándose a dimitir como censor tras dieciocho meses y proponiendo una reforma del sistema tribal que admitía libertos en cualquier tribu. La reforma fue revertida posteriormente por el censor Fabio Rulliano, quien limitó la inscripción de libertos a las tribus urbanas.
Fue cónsul en dos ocasiones, en 307 y 296 a.C. En su primer consulado permaneció en la capital, probablemente para consolidar la obra censal y reforzar las relaciones diplomáticas con potencias como Rodas (306 a.C.) y Cartago. En su segundo consulado participó en campañas contra samnitas, sabinos y etruscos, logrando victorias que, sin embargo, no fueron celebradas con un triunfo oficial.
Otras magistraturas que aparecen en su elogio incluyen aediles, pretores, interrex, cuestores y tribuno militar, aunque no se conservan fechas exactas. Sobre el origen de su sobrenombre “Caeco”, la versión de Diodoro Sículo (XX, 36) –que lo habría cegado para evitar los ataques de sus enemigos– parece más plausible que la de Tito Livio, que lo describe como castigo divino por su represión contra el culto al Hércules en el Ara Máxima.
En la vejez, Caeco sufrió de ceguera. En 280 a.C., ante un Senado favorable a la paz con Pirro, sus hijos lo llevaron a la asamblea, donde pronunció un discurso famoso: “Preferiría ser sordo antes que ciego, pues no quiero ver cómo el Senado aprueba esas condiciones”. Sus palabras fueron citadas por Cicerón más de dos siglos después.
Otros logros
Más allá de su cursus honorum, Caeco se destacó como promotor de las artes y del derecho. Fue descendiente de quien presidió la comisión que redactó la Ley de las XII Tablas. Encargó a su escrivano, el liberto Gneo Flavio, la publicación de fórmulas legales que permitían a cualquier ciudadano defenderse ante el pretor, lo que generó la oposición del colegio pontifical. Estas acciones sentaron las bases del ius flavianum.
También escribió una obra titulada De Usurpationibus y se opuso sin éxito a la lex Ogulnia, que pretendía abrir los cargos de pontífice y augur a los plebeyos.
Se le atribuye la autoría de Sententiae, una colección de máximas con influencia pitagórica que incluye la frase “Cada hombre es artífice de su propia fortuna”. Además, según fuentes, introdujo cambios ortográficos, como el uso de la r en lugar de la s entre vocales y la supresión de la z por su sonido considerado extraño.
Conclusiones
Todos estos hechos demuestran que, aunque a menudo subestimado o vilipendiado, Apio Claudio Caeco fue uno de los estadistas más importantes de la República Romana, dejando un legado que abarcó la infraestructura, el derecho, la literatura y la reforma política. De sus cuatro hijos varones y cinco hijas, cada rama familiar (Ruso, Pulcro, Cento y Nero) continuó influyendo en la élite romana, siendo la rama Nero parte integral de la dinastía Julio‑Claudia fundada por Augusto.
Bibliografía
- Censorship and «res publica»: constitutional contribution and political role – Eduardo Reigadas Lavandero
- Appius Claudius Caecus: La República accomplie – Michel Humm
- ‘Cicero’s Pro Caelio 33–34 and Appius Claudius’ Oratio de Pyrrho’, Classical Philology, Vol. 100, No. 4 (October 2005) – Josiah Osgood