Antecedentes
Tras la victoria en Gaugamela, Darío III huyó hacia las montañas de Media, pensando que Alejandro tardaría en seguirle. El rey persa se refugió en Ecbatana (actual Hamadán, Irán) y, contra el consejo de sus generales, decidió enfrentar al macedonio allí.
Su confianza se desplomó; fue traicionado por su propio chiliarca Nabarzanes y por el sátrapa de Bactria, Bessos, que planeaban entregarlo a Alejandro a cambio de conservar sus provincias.
La muerte de Darío y la continuación de la campaña
Antes de que Alejandro llegara, Darío fue asesinado por sus traidores. El macedonio envió el cuerpo a Ecbatana para que su madre, Sisígamnis, le diera sepultura, y siguió su marcha hacia el nuevo rival: Bessos, quien se había autoproclamado Artajerjes V.
En 329 a.C. Alejandro entró en Bactria. Bessos fue capturado, encadenado y ejecutado por haber matado a Darío y por desafiar al nuevo rey.
La rebelión de Spitamenes
El sátrapa de Sogdiana, Spitamenes, había esperado que Alejandro le concediera autonomía, pero al no ser así reunió una coalición de bactrianos y tribus nómadas con una temible caballería de arqueros a caballo. Tras derrotar a los escitas en el río Jaxartes, Alejandro persiguió a Spitamenes, que había sitiado Maracanda (actual Samarcanda).
Después de varios enfrentamientos y de una retirada temporal de Spitamenes, el macedonio consolidó su posición construyendo fuertes en la zona de Margiana, asegurando los recursos hídricos y dejando sin posibilidades de maniobra al rebelde.
La fortaleza de la Roca Sogdiana
El bacio de Oxiartés, aliado de Bessos, había dejado a su familia –incluida su hija Roxana– en la temida «Roca Sogdiana», una posición considerada inexpugnable por su altitud, nieve y escasez de acceso.
Cuando Alejandro les ofreció clemencia a cambio de rendición, los defensores se rieron y preguntaron si sus soldados podían volar. El macedonio, confiado, propuso una recompensa: doce talentos al primero que escalara la roca y 300 darics al último.
Treinta valientes se lanzaron al ascenso nocturno, usando cuerdas de lino, estacas de madera y clavos de hierro. Treinta murieron; los sobrevivientes alcanzaron la cima, ondearon pañuelos como si fueran alas y anunciaron su hazaña.
El espectáculo psicológicamente devastó a los defensores, que se rindieron sin necesidad de combate. Así, Alejandro obtuvo una de sus victorias más singulares.
El premio inesperado
Entre los prisioneros se encontraba Roxana, la joven hija de Oxiartés, quien cautivó al conquistador. Según la tradición, Alejandro la tomó por esposa poco después, consolidando su dominio en la región y asegurando la lealtad local.