A mediados del siglo XIV la Península Ibérica estaba dividida en cinco reinos. Portugal acababa de superar sus últimas guerras civiles, Navarra se limitaba a entrometerse en los asuntos de su vecino francés y el Reino de Granada luchaba por conservar los territorios que había heredado. Solo quedaban dos grandes poderes: el Reino de Castilla, el más extenso territorialmente, y la Corona de Aragón, empeñada en expandirse por el Mediterráneo. Ambos iniciaron la Guerra de los Dos Pedros, que terminó sin cambios políticos pero sentó las bases de la unión dinástica que, un siglo y medio después, daría origen a la España moderna.
La Península Ibérica durante la Guerra de los Dos Pedros.
El conflicto surgió en un momento crítico para Europa occidental: la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia arrastraba a los reinos hispánicos, mientras la peste negra (1348‑1353) diezmaba la población. La guerra y la epidemia provocaron hambrunas y tensiones sociales que agravaron la situación.
Protagonistas de la guerra
Pedro I de Castilla (1350‑1369)
Hijo de Alfonso XI, Pedro I subió al trono a los 16 años. Su principal desafío fueron los diez hermanos ilegítimos nacidos de Alfonso y Leonor de Guzmán. Apodado “el Cruel”, pasó los primeros años de su reinado eliminando a los pretendientes, salvo a Enrique de Trastámara, que buscó apoyo extranjero. Así, Castilla quedó atrapada en tres guerras simultáneas: la externa (la Guerra de los Cien Años), la civil contra su medio hermano y la disputa con Aragón.
Pedro IV de Aragón (1336‑1387)
Pedro IV, conocido como “El de los Puñales”, heredó una Corona de Aragón que buscaba dominar el Mediterráneo (Mallorca, Sicilia, Cerdeña y Atenas). Los primeros años de su reinado los dedicó a someter a la nobleza alta aragonesa y a consolidar su poder antes de lanzar sus ambiciones mediterráneas.
Los inicios del conflicto
La guerra no pudo separarse de la Guerra Civil castellana ni de la Guerra de los Cien Años. Pedro I acusó a su homólogo aragonés de proteger a los hermanos bastardos, entre ellos Fernando de Trastámara. Por su parte, Aragón reclamaba territorios mediterráneos que chocaban con los intereses de la República de Génova, aliada tradicional de Castilla. El tratado de Elche (1305) también alimentó la tensión, pues había cedido a Aragón parte de Murcia y el sur de Alicante.
El detonante ocurrió en las aguas de Cádiz: barcos genoveses fueron capturados por galeotes catalanes frente a Sanlúcar de Barrameda, bajo la mirada de Pedro I. Castilla respondió confiscando los bienes de los comerciantes catalanes y exigió a Aragón que reparara el agravio, lo que llevó a ambos reyes a alzar la espada.
El primer gran episodio bélico fue el asedio de Alicante en septiembre de 1356. Aunque los castellanos lograron entrar, la ciudad recobró su independencia pocos días después.
Aragón, por su parte, buscó la diplomacia. Pedro IV firmó el Tratado de Pina con el rebelde Enrique de Trastámara, cediéndole territorios de Fernando de Aragón a cambio de su apoyo contra Castilla. Además, fomentó una rebelión en Andalucía contra Pedro I.
Ante la presión, el rey castellano solicitó una tregua, mediada por el legado papal, que se firmó en Tudela (Navarra). El objetivo era aplazar el conflicto mientras se sofocaban las revueltas internas.
La flota castellana contra la marina aragonesa
Castilla dominaba el territorio, pero Aragón controlaba el mar del Mediterráneo occidental. Pedro I intentó equilibrar la balanza construyendo una flota con ayuda de Portugal y de sus aliados genoveses. Entre 1358‑1359 se construyeron más de cien naves en Sevilla y la Bahía de Vizcaya. La armada castellana atacó Barcelona y luego Ibiza, sin lograr desembarcar, pero sí demostrar presencia en el Mediterráneo por primera vez.
La ofensiva de Enrique de Trastámara
En septiembre de 1359 Enrique, respaldado por Aragón, lanzó una invasión desde Soria, arrasando Ólvega. La batalla de la Araviana, en las laderas del Moncayo, supuso una rotunda derrota castellana; muchos prisioneros fueron enviados a Aragón.
Pedro IV aprovechó la victoria y tomó la ciudad fronteriza de Tarazona sin resistencia. Posteriormente, la marcha aragonesa se dirigió hacia la garganta de Pancorbo, obligando a Pedro I a abandonar sus planes mediterráneos.
La Paz de Terrer
Tras varios reveses, Castilla buscó reforzar sus alianzas. Con Portugal se pactó el intercambio de nobles enemigos, mientras que con Inglaterra se afianzó la participación en la Guerra de los Cien Años del lado victorioso (1360). Aragón, debilitado, optó por la paz. El 13 de mayo de 1361 se firmó en Terrer la paz que obligó a Castilla a renunciar a algunas pretensiones territoriales y a Pedro IV a retirar su apoyo a Enrique de Trastámara. Enrique, a su vez, se refugió en Francia.
El imponente castillo de Peracense fue remodelado durante la Guerra de los Dos Pedros.
La gran ofensiva de Pedro I
Con la paz en Terrer, Pedro I tomó el trono de Granada, sustituyendo a Muhammad VI, y lanzó una serie de campañas contra los bordes castellanos: Alhama, Ariza, Ateca y, en agosto, la sangrienta toma de Calatayud. En primavera de 1363 conquistó Teruel y Segorbe, dejando a Aragón humillado y solicitando una nueva tregua mientras Valencia estaba sitiada.
El regreso de Enrique y la internacionalización del conflicto
Un nuevo tratado de paz se firmó en Sagunto, pero poco después Enrique de Trastámara fue asesinado en el castillo de Monzón por órdenes del rey de Aragón, que buscaba un pacto secreto con él. A cambio de territorios castellanos (Murcia, Soria, Cuenca y Molina), Aragón reconocía a Enrique como legítimo rey de Castilla.
En 1365, la guerra tomó un cariz internacional: el rey aragonés Pedro IV, sitiado en Valencia, se enfrentó a Enrique, ahora principal candidato al trono castellano, y a Bertrand du Guesclin, comandante de los mercenarios franceses que cruzaron los Pirineos tras la Paz de Bretaña.
Estatua de Bertrand du Guesclin en Dinan, Bretaña.
En este punto resultaba imposible distinguir si la contienda era la Guerra de los Dos Pedros, la Guerra Civil castellana o una extensión de la Guerra de los Cien Años.
El final de la guerra
En marzo de 1366 aparecen dos reyes de Castilla: Pedro I y el autoproclamado Enrique II, apoyado por Aragón y por mercenarios franceses que habían cruzado Navarra. Pedro I huyó a Burgos, luego a Andalucía, Portugal y Galicia, y finalmente buscó refugio en Aquitania, bajo control inglés, donde pactó con el príncipe Eduardo, el “Príncipe Negro”. A cambio de territorio castellano, el príncipe inglés le proporcionó tropas.
El pacto entre el Príncipe Negro y Pedro I, según James William Edmund Doyle.
En febrero de 1367 se libró la segunda batalla de Nájera; con el apoyo de los arqueros ingleses, Pedro I derrotó a Enrique II, que huyó a Francia. Sin embargo, el Príncipe Negro se enfadó por la falta de pago y abandonó Castilla, aunque no antes de garantizar la paz final entre Castilla y Aragón, firmada el 13 de agosto de 1367.
La muerte de Pedro I, el Cruel
La guerra civil continuó en 1368. Enrique de Trastámara, ahora con apoyo francés, buscó la victoria definitiva. Pedro I, cada vez más impopular, pactó con el diablo: contrató a mercenarios musulmanes para reforzar su ejército. En Montiel (Ciudad Real), el francés Bertrand du Guesclin llegó con la intención de cambiar de bando, pero fue recibido por Enrique II, quien acabó con la vida de Pedro I a sangre fría.
La muerte de Pedro I “el Cruel”, según Arturo Montero y Calvo.
Con la victoria de Enrique II se inició la dinastía Trastámara en Castilla; medio siglo después, la misma familia heredaría la Corona de Aragón, consolidando la unión de Castilla y Aragón que daría origen a la España moderna.
Más información:
Historia de España en la Edad Media, Vicente Ángel Álvarez Palenzuela, Ed. Ariel, 2011.
La contraofensiva aragonesa en la Guerra de los Dos Pedros, Antonio Gutiérrez de Velasco, 1963.
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