Historia antigua

Balduino IV, el rey leproso de Jerusalén

Contrario a la creencia popular, el hecho de que Balduino IV (reinado 1174‑1185) padeciera lepra no lo convirtió en un monarca incapaz, ni a sus generales menos. Mientras él luchaba contra una enfermedad devastadora, Saladín consolidaba treinta años de guerras para afianzar su poder y crear las condiciones necesarias para la victoria. La política de la época era compleja, pero muestra cuán equilibradas estaban las fuerzas en conflicto y evidencia que, pese a su grave enfermedad, el reino cruzado representaba una amenaza real para Saladín durante gran parte del reinado de Balduino.

Los inicios de su reinado

Balduino fue coronado rey de Jerusalén el 15 de julio de 1174, en el 75.º aniversario de la conquista de la Ciudad Santa. Era hijo de Amalrico y de Inés de Courtenay, cuya unión fue polémica porque Inés ya estaba comprometida con Balian de Ibelín. A la muerte de su padre en 1174, Balduino, de apenas trece años, necesitó un regente. La regencia quedó mayormente en manos del conde Ramón III de Trípoli, su pariente más cercano en Tierra Santa.

Al entrar en la pubertad, la lepra empeoró: inflamación nerviosa, pérdida de sensibilidad, incapacidad para sudar y úlceras que destruyeron huesos de manos y pies, dejando al rey ciego y sin nariz. Ante su deterioro, buscó un marido para su hermana Sibila, pues el cónyuge se convertiría automáticamente en regente y heredero.

En 1176, la élite cruzada encontró al candidato ideal: Guillermo de Montferrato (apodado Longa Espada), hijo del conde de Montferrato, proveniente de una familia de cruzados vinculada a las coronas de Francia y Alemania. Llegó a Levante en octubre de 1176 y se casó de inmediato con Sibila, garantizando una sucesión en caso de muerte o incapacidad del joven rey. En julio de 1176, Balduino alcanzó la mayoría de edad (15 años) y la regencia de Ramón terminó.

Primeros enfrentamientos con Saladín

Para comprender el reinado de Balduino, es necesario situarse en el mundo musulmán. En 1174, tras la muerte de Nur al‑Dín, el mundo islámico se fragmentó, rompiendo la coalición entre Egipto, Siria y la Alta Mesopotamia. Saladín, entonces sultán de Egipto, se proclamó heredero del legado de Nur al‑Dín, tomó Damasco en octubre de 1174 y se declaró defensor de la ortodoxia suní.

En el verano de 1177, Guillermo Longa Espada murió junto a su esposa embarazada Sibila. La necesidad de un nuevo regente llevó al surgimiento de Reinaldo de Châtillon, antiguo príncipe de Antioquía, que había sobrevivido a quince años de cautiverio musulmán.

En noviembre de 1177 Saladín cruzó Ashkelón, pero en Montgisard, cerca de Ibelín, fue sorprendido por una pequeña contingente cruzada liderada por el príncipe Reinaldo y, a pesar de su enfermedad, por el propio Balduino. La batalla resultó en una gran victoria cruzada; Saladín escapó con pocas fuerzas, mientras que los cruzados sufrieron alrededor de 750 heridos que fueron atendidos por la Orden de los Hospitalarios.

Esta derrota fue un duro revés para Saladín, que ocultó la noticia a su pueblo egipcio y quedó en evidencia la insuficiencia de sus ejércitos para derrotar a los cruzados, aun cuando su rey estaba gravemente enfermo.

Balduino IV, el rey leproso de Jerusalén

El valle de Jacob

Animados por Montgisard, en otoño de 1178 los cruzados emprendieron la arriesgada construcción de un castillo en el paso de Jacob, sobre el río Jordán, a 55 km de Damasco. El proyecto, de gran escala y presupuesto, debía ser guarnecido por 80 caballeros templarios y 900 combatientes.

Saladín intentó sobornar a los cruzados para que abandonaran la fortaleza, sin éxito. En junio de 1179 lanzó un asalto total; cinco días después, antes de que Balduino pudiera llegar con un ejército de rescate, el castillo cayó. Los defensores fueron masacrados; los restos de varios cruzados, con múltiples heridas de flecha y amputaciones, se hallaron en excavaciones modernas, atestiguando la brutalidad del conflicto.

Un brote epidémico en el ejército de Saladín impidió que aprovechara la victoria, obligándolo a retirarse a Siria.

Inestabilidad interna

En la primavera de 1180 el reino vivía una gran agitación. Sibila había dado a luz al hijo póstumo de Guillermo Longa Espada, Balduino V. Tras el duelo, se buscó un nuevo marido para Sibila; se eligió al duque Hugo III de Borgoña, aunque aún no había llegado a Levante. Mientras tanto, Ramón de Trípoli volvió a la capital, temiendo por el trono y por la influencia de Balian de Ibelín.

Impulsado por su madre, Agnes de Courtenay, y su tío Joscelino, Balduino casó a su hermana Sibila con Guido de Lusignan, recién llegado al reino. El matrimonio, celebrado en la Semana Santa de 1180, sorprendió a todos y provocó la ruptura del consenso entre las familias gobernantes.

Balduino IV, el rey leproso de Jerusalén

Halcones y palomas

Algunos historiadores, como Runciman, describen este periodo como la lucha entre “halcones” (nuevos llegados agresivos: Guido, Reinaldo de Châtillon, la madre de Balduino y el maestre templario Gerard de Ridefort) y “palomas” (barones tradicionales que favorecían la paz: Ramón de Trípoli, la familia Ibelín y el arzobispo Guillermo de Tiro). Otros, como Edbury, muestran la inconsistencia de esa división. En realidad, la contienda se dio entre la línea materna de Balduino (Inés) y la paterna (Ramón y Bohemundo III).

Para principios de la década de 1180, el equilibrio de poder estaba cambiando. William de Tiro describió una tregua humillante para los cruzados, que se vieron tratados como iguales, mientras el emperador bizantino Manuel Comneno fallecía en 1180, perdiéndose uno de sus mejores aliados.

Ante la derrota en el paso de Jacob y la creciente debilidad del rey, el Papa Alejandro III convocó una nueva cruzada en 1181, dirigida a Felipe II de Francia y Enrique II de Inglaterra. Sin embargo, la petición fracasó, en parte porque el propio Balduino fue presentado como un rey castigado divinamente por sus pecados.

Regencias y candidatos a la sucesión

En otoño de 1183 la salud de Balduino se había deteriorado tanto que tuvo que nombrar regente. Eligió a Guy de Lusignan, esposo de Sibila, pese a su escasa experiencia militar. Saladín preparaba una invasión; Guy reunió 1 300 caballería y 15 000 infantería, pero no logró enfrentarse al ejército musulmán. La falta de acción le valió críticas y Balduino revocó su regencia, aunque siguió ejerciendo su autoridad como rey legítimo.

Se decidió que el sobrino de Balduino, Balduino V, de cinco años, fuera coronado junto a su tío. En 1184, ante la debilidad del reino y el ascenso de Saladín, se envió una delegación de alto nivel (Patriarca Heraclio y los maestros templario y hospitalario) a Verona, donde el Papa Lucio III emitió una bula para una nueva cruzada, sin lograr convencer a los monarcas franceses e ingleses.

Mientras tanto, Saladín sitió el castillo de Kerak. Balduino, ya imposibilitado de montar a caballo, fue llevado en camilla al castillo, donde su presencia obligó a los musulmanes a retirarse. Consciente de su inminente muerte, Balduino intentó anular el matrimonio de Guido y Sibila para impedir que tomaran el poder. Finalmente, en 1185 solicitó a Ramón de Trípoli que asumiera la regencia, imponiendo condiciones que limitaban su autoridad y mantenían los castillos bajo control de las órdenes militares.

Muerte y legado

Balduino IV falleció en mayo de 1185, a los 23 años. A pesar de su enfermedad, mantuvo el respeto tanto de cruzados como de musulmanes y siguió comandando en campaña siempre que su salud lo permitía. Su carisma y determinación evitaron su derrocamiento, algo casi imposible en la época.

Su muerte profundizó las rivalidades entre Ramón y Guido; en 1186 murió el pequeño Balduino V y Guy y Sibila se afianzaron en el trono. Saladín aprovechó la fractura interna y, como señala Ibn al‑Athir, la desunión de los cruzados facilitó la conquista de Jerusalén en 1187.

Bibliografía

  • Barber, M. (2012). The Crusader States. Londres.
  • Hamilton, B. (2000). The Leper King and his Heirs. Cambridge.
  • Phillips, J. (2009). Holy Warriors: A Modern History of the Crusades. Londres.

Este artículo se publicó en Desperta Ferro Antigua y Medieval nº 27 como avance de la siguiente edición, Desperta Ferro Antigua y Medieval nº 28: La caída de Jerusalén (1187).

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