Historia antigua

La Gran Guerra Irmandiña en Galicia (1467‑1469)

La Gran Guerra Irmandiña en Galicia (1467‑1469)\n

Los documentos que conservamos son escasos, pero destacan la demanda Tabera‑Fonseca y la obra del hidalgo gallego Vasco de Aponte, \"Recuerdo de las viejas casas del Reino de Galicia\", escrita a principios del siglo XVI. Entre los investigadores actuales sobresalen Anselmo López Carreira y Carlos Barros, entre otros.

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Esta segunda revuelta irmandiña no puede separarse del contexto político castellano, marcado por el turbulento reinado de Enrique IV. En ese periodo los conflictos entre monarquía y nobleza eran permanentes; la nobleza apoyaba al infante Alfonso. Un episodio representativo es la burlesca ceremonia de 1465 conocida como la \"Farsa de Ávila\", que muestra la profunda división dentro de la política castellana.

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En Galicia la presencia noble era dominante. Casi todo el territorio estaba bajo dominio señorial, destacándose la Iglesia, sobre todo el arzobispado de Santiago, como mayor terrateniente. El realengo era prácticamente inexistente, lo que debilitó aún más la figura del monarca, que rara vez ejercía jurisdicción en la región; desde Enrique II ningún rey puso pie en Galicia, dejando a la nobleza libre para ejercer su poder sin límites. Ante la imposibilidad de ampliar sus feudos, los nobles buscaban nuevas fuentes de ingresos: aumentaban impuestos o atacaban los indefensos dominios eclesiásticos para, después, negociar su encomienda. Esa dinámica incrementó la violencia y el abuso, empeorando la situación social gallega al servicio de los intereses de la nobleza.

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Fue en este contexto que surgió la revuelta \"irmandiña\". Contrario a la creencia popular, no fue un levantamiento campesino, sino urbano. Las irmandades eran asociaciones libres y voluntarias de individuos, sin distinción de oficio, riqueza o estatus. Contaban con financiación, una jerarquía organizadora y asambleas que definían sus líneas de acción; rara vez surgían de forma espontánea y solían regirse por capítulos redactados en común, no siempre con sanción real. Antes de la formación de la irmandad gallega, en noviembre de 1466, tuvo lugar la Junta de Fuensalida de las irmandades de Castilla y León, cuyas \"Capítulos de Fuensalida\" regirían la Santa Irmandade del reino de Galicia.

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La organización de la irmandad era sencilla y se replicaba a pequeña escala, lo que permitía movilizar a muchos grupos reducidos. Sin embargo, esa descentralización dificultaba la coordinación de acciones, una debilidad decisiva para comprender la posterior derrota irmandiña.

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La Santa Irmandade y la guerra irmandiña

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El alzamiento impulsado por la Santa Irmandade surgió de la situación caótica y de los continuos abusos de la nobleza, pero nunca pretendió transformar el orden social vigente. De hecho, la irmandade mostró un claro apoyo a Enrique IV, como evidencia la carta del 6 de julio de 1467 escrita en Cuéllar, que protege a los irmandiños y exime de responsabilidad a los \tenientes\, \merinos\ y \guardias\ de los fuertes bajo juramento de defensa. Esa lealtad surgió de la idealización que el campesinado gallego del XV tenía del rey, vista como refugio frente a los abusos señoriales; Barros señala que muchos de los que lucharon ni siquiera conocían el nombre del monarca.

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En la Santa Irmandade estaban representados la burguesía, el campesinado y sectores de la baja nobleza. Sobresalen los hidalgos Diego de Lemos, Pedro Osorio y Alonso de Lanzós, capitanes de los principales cuerpos de la irmandía. Es probable que otros nobles, temerosos de mostrarse abiertamente, apoyaran la causa de manera encubierta, como indica el indulto concedido al castillo de Pambre, propiedad de Sancho Sánchez de Ulloa.

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La estrategia irmandiña consistía fundamentalmente en atacar los castillos. Los asaltos, aunque numerosos, carecían de una planificación estratégica real. Los nobles, inicialmente asustados y con sus fuerzas divididas por el conflicto con Enrique IV, se vieron obligados a huir. Es importante subrayar que la destrucción provocada por los irmandiños no alcanzó la magnitud que la tradición ha exagerado.

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Una vez en el poder, la Irmandade ejerció la justicia intentando restablecer el orden y los usos anteriores a la usurpación señorial. Existen resoluciones contra campesinos y a favor de monasterios, como el caso de Oseira, que demuestran su intención de devolver la legalidad tradicional.

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En 1469, tras la pausa de los conflictos castellanos provocada por el pacto de los Toros de Guisando (1468), los nobles gallegos regresaron preparados para derrotar a la Santa Irmandade. La corona decidió no intervenir, dejando a la nobleza actuar libremente. El retorno se dio por varios frentes: en primavera, Pedro Álvarez de Sotomayor, conde de Camiña, entró desde Portugal y derrotó a los irmandiños en la batalla de Castro de Framela, para luego avanzar a Santiago. Otros nobles, liderados por Fonseca y Pimentel, llegaron desde Castilla. Los irmandiños propusieron el combate en el monte de Almáciga, pero los nobles cargaron antes de que recibieran refuerzos, provocando la total derrota del contingente comandado por Pedro Osorio. En el este, el conde de Lemos venció a otro ejército irmandiña en Pedrosa y ocupó Monforte. En el noroeste, en la tierra de los Andrade, la resistencia bajo Alonso de Lanzós fue finalmente aplastada. La última resistencia quedó en un pequeño grupo de treinta irmandiños en el antiguo castillo del arzobispo de La Lanzada, bajo el mando de Xoán de Chinchón y Xoán García de Barca; el castillo cayó por traición y los sobrevivientes fueron llevados a Pontevedra para ser ejecutados.

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La represión noble, aunque presente, no fue masiva; sí se documentan ejecuciones y la imposición de contribuciones económicas o personales para reparar los daños, sobre todo la reconstrucción de fortalezas. Tras 1469 los abusos nobles continuaron, pues el rey no pudo controlar el enorme señorío gallego. La preeminencia de la nobleza persistió hasta los Reyes Católicos, cuya visita a Galicia en 1486 simboliza la primera presencia monárquica desde Enrique II en 1376.

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Bibliografía

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  • CLARAMUNT, S.; PORTELA, E.; MITRE, E.; GONZÁLEZ, M. (2006) Historia de la Edad Media. Ed. Ariel.
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Este artículo fue finalista del II Concurso Desperta Ferro de Microensayo e Microcuento en la categoría microensayo. La documentación, veracidad y originalidad son responsabilidad exclusiva del autor.

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