Historia antigua

Acero, pólvora y papel: las armas de la Monarquía Hispánica

Francesco Antonio del Carreto se convirtió en una figura influyente en la vida política y cortesana de la España del siglo XVII, relacionándose con personajes como don Luis de Haro y, sobre todo, con el propio rey Felipe IV. Durante los diez años que vivió en Madrid, conoció bien el Palacio del Buen Retiro y, en concreto, el Salón de los Reinos, un espacio donde arte y política se fundían para proyectar la grandeza de la Monarquía. Allí se exhibían obras que exaltaban al monarca y a su favorito, el conde‑duque de Olivares, con el objetivo de deslumbrar a embajadores, dignatarios europeos y a los propios súbditos.

Carreto, más que diplomático, era un militar de carrera y consejero del rey. Por ello no pasó desapercibido el detalle que Zurbarán incluyó en su cuadro Defensa de Cádiz contra los ingleses (1634): un personaje casi oculto detrás de la silla de don Fernando Girón, que sostiene un papel. Su vestimenta lleva la cruz de Santiago, y el documento blanco contrasta con el fondo oscuro, funcionando como atributo simbólico que identifica su función.

Para que un objeto pase de ser mera representación a convertirse en símbolo, es necesario que el observador conozca el lenguaje visual que lo sustenta. Zurbarán sabía que su obra debía servir como propaganda monárquica destinada a un amplio público que transitaba por el Salón. Si los símbolos no son comprendidos, la obra no cumple su cometido.

La administración de la Monarquía Hispánica

En la Edad Moderna el papel se volvió esencial en los imperios cuya complejidad administrativa exigía una enorme burocracia. La Monarquía Hispánica, que gobernaba territorios dispares y heterogéneos, dependía de una cultura del papel: funcionarios, secretarios y abogados producían y gestionaban la documentación que hacía posible la transmisión de órdenes y la conservación de la memoria institucional.

El personaje que sostiene el papel en la pintura representa a un miembro destacado de la administración local de Cádiz, identificado por la cruz de Santiago en su pecho. Su presencia en una escena marcadamente militar subraya que la victoria contra los ingleses no solo se debió a la espada y la pólvora, sino también al soporte documental que coordinó estrategia, entrenamiento y disciplina.

El propio Carreto operaba en un mundo donde el papel era omnipresente. Ejemplos de esa realidad aparecen en la obra de Velázquez: el alto funcionario Corral y Arellano aparece con papeles en la mano, mientras que Felipe IV sostiene un billete en su retrato de 1623, y Olivares imita ese gesto en su retrato de 1635. Cada orden firmada en papel movilizaba ejércitos, concedía títulos, confería privilegios en Europa, América y Asia.

Fray Jerónimo de Florencia, predicador de la corte, describió al confidente del rey como “encargado de los papeles y de la negociación inmediata con su príncipe”, evidenciando la confianza real depositada en la documentación como elemento esencial del poder.

Los archivos, genealogías, consultas, relaciones militares y cartas –encriptadas o no– constituían una red de información que sustentaba la autoridad del rey. La Monarquía se construyó, en gran medida, sobre el papel, convirtiéndose en una sociedad “prematuramente orientada al papel”.

Zurbarán y los visitantes del Salón de los Reinos percibían que, más allá de la cruz y la espada, la verdadera arma de la Monarquía era el papel, preservado hoy en los archivos y que, durante la embajada de Carreto, selló el destino de la Casa de Habsburgo.

Fuentes impresas

  • Florencia, Gerónimo de. Sermón que predico a la Majestad Católica del rey don Felipe IV…, Madrid, Luis Sánchez, 1621. BNE, V.E./153/36, fol. 28v.

Bibliografía

  • Bouza Álvarez, F. Del escribano a la biblioteca. La civilización escrita europea en la Edad Moderna (siglos XV‑XVII). Madrid: Síntesis, 1992.
  • Chartier, R. El mundo como representación. Estudios de historia cultural. Barcelona: Gedisa, 1995.
  • Elliott, J.H. y Brown, J. A Palace for the King. Madrid: Taurus, 2011.
  • Elliott, J.H. El conde‑duque de Olivares. Barcelona: Crítica, 1990.
  • Tomas y Valiente, F. Los validos en la monarquía española del XVII. Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1963.

Notas

[1] Florencia, Gerónimo de. Sermón que predico a la Majestad Católica del rey don Felipe IV…, Madrid, Luis Sánchez, 1621. BNE, V.E./153/36, fol. 28v.

[2] Tomas y Valiente, F. Los validos en la monarquía española del XVII, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1963, p. 104.

[3] Elliott, H.; de la Peña, F.J.; Negredo, F. Memoriales y cartas del conde‑duque de Olivares, Madrid, Marcial Pons, 2013, p. 143.

Este artículo fue finalista en el II Concurso Desperta Ferro de Microensayo e Microrelato, categoría microensayo. La documentación, veracidad y originalidad son responsabilidad exclusiva del autor.