Un hallazgo inesperado en los archivos vaticanos
En 1695, el jesuita Martin Cseles, mientras investigaba la historia de Hungría en los archivos del Vaticano, encontró unos documentos que relatan los viajes de un monje llamado Julianus. Estos relatos describen el encuentro con una población de habla húngara en una zona fronteriza entre Europa del Este y Asia Central, y advierten sobre una inminente invasión tártara.
El Archivum Secretum Apostolicum Vaticanum, conocido como los Archivos Vaticanos, es tan extenso que, según se dice, sus estanterías podrían cubrir unos 85 kilómetros si se alinearan. Aunque la cifra exacta es discutible, su valor bibliográfico es indiscutible: conserva documentos desde su fundación oficial en 1610, y en realidad existen secciones que datan del siglo IV.
Martin Cseles y la búsqueda de la "Gran Hungría"
Martin Cseles nació en 1641 en Rosindol (actual Eslovaquia). Ingresó a la Compañía de Jesús en 1657, estudió filosofía, teología y derecho canónico, y más tarde fue enviado a Roma al servicio del cardenal Kollonich Lipót de Esztergom. También fue rector de la Universidad de Nagyszombat.
En 1695, mientras revisaba documentos sobre la Gran Hungría, Cseles descubrió el manuscrito inéditos del hermano Julianus, una pieza clave para comprender los aspectos geográficos y etnográficos de esa región.
Julianus, el dominico viajero
Julianus era un dominico, probablemente de origen húngaro, que realizó dos viajes a Asia Central bajo la comisión del rey Béla IV. El primero tuvo lugar entre 1235 y 1236. Partió en primavera desde el pueblo de Újfalu acompañado de tres religiosos; sólo quedó vivo su compañero Gerhardus, ya que los demás fallecieron durante la travesía.
Con la intención de encontrar la llamada Ungaria maior o Ungaria magna —el territorio original de los húngaros—, Julianus y Gerhardus cruzaron Constantinopla, el reino cristiano de Sichia (posiblemente Escitia) y el Mar Negro, pasando varios meses en Torginkán.
Un mes después llegaron a la ciudad musulmana de Bunda, donde Julianus se quedó brevemente tras la muerte de su acompañante. Continuó su marcha hasta Bashkiria, conocida entonces como Volga Bulgaria, situada entre las actuales repúblicas de Tatarstán y Chuvashia.
En el este de esa región, una mujer húngara le indicó que, dos días después, encontraría una población que hablaba su lengua. Siguiendo la pista, Julianus descubrió una localidad donde sus habitantes hablaban húngaro. Se cree que estos descendientes fueron dejados atrás durante las migraciones de los magiares, los búlgaros de Volga y los turcos hace cinco siglos.
Los historiadores actuales sitúan la primera división del pueblo magiar entre la segunda mitad del siglo VIII y la mitad del siglo IX: un grupo emigró al sur, mientras el otro permaneció en la Ungaria magna, la comunidad que Julianus había hallado.
El segundo viaje y la amenaza tártara
Tras regresar a su tierra y reportar al rey, Julianus recibió la orden de emprender un nuevo viaje (1237‑1238) para profundizar el estudio de los húngaros orientales y establecer relaciones diplomáticas. Sin embargo, al llegar descubrió que Volga Bulgaria había caído bajo el dominio de los tártaros.
En ese momento, los mongoles —entonces denominados genéricamente como tártaros— estaban liderados por Batu Khan, nieto de Genghis Khan y gobernante de la llamada Horda Azul (una de las dos divisiones del Imperio Mongol, junto a la Horda Blanca de su hermano mayor, Orda Khan).
Batu, apoyado por el famoso general Subotai, había iniciado una campaña para conquistar Europa, arrasando partes de Rusia, Polonia, la zona del Danubio y Transilvania. Derrotó al rey Béla IV en la batalla de Mohi (1241) y siguió devastando Bohemia, Dalmacia y Austria, fundando la temida Horda Dorada. La muerte del Gran Khan Ögedei en 1242 obligó a Batu a volver su atención a Asia, frenando momentáneamente la expansión europea.
En su segundo viaje, Julianus no encontró a los húngaros orientales, probablemente exterminados por los mongoles. Batu le encargó llevar al rey Béla IV un ultimátum de rendición, que fue rechazado y culminó en la derrota húngara en Mohi.
Los escritos de Julianus
El relato del primer viaje fue redactado con la ayuda de un amanuense llamado Riccardus. Una copia fue enviada a Roma para el Papa Gregorio IX y fue la que descubrió Martin Cseles.
El segundo informe, titulado Levél a tatárok életéről (Carta sobre la vida de los tártaros), fue escrito íntegramente por Julianus y se centró en describir a los invasores mongoles, ya que no disponía de nueva información sobre la Gran Hungría.
Se desconoce el destino posterior de Julianus, pero su crónica fue esencial para los estudios posteriores de Cseles y sirvió de guía a otro monje, Guillermo de Rubruk, que realizó una expedición similar años después.