Willem van Ruysbroeck, conocido en España como Guillermo de Rubruquis, fue un monje franciscano enviado por el rey de Francia como embajador del Gran Khan.
Antecedentes
Hace unos días relatamos las peripecias de Julián, un dominico que, en la Edad Media, cruzó Europa del Este en busca de la "Magna Hungaria". Unos años después, Rubruquis siguió el mismo itinerario descrito por él.
Willem Van Ruysbroeck era flamenco, nacido en Rubrouck (actual norte de Francia) alrededor del año 1220.
Mientras su predecesor vestía hábito dominico, Rubruquis llevaba la túnica franciscana y se incorporó al servicio del monarca galés Luis IX. Lo acompañó en la Séptima Cruzada (1248‑1254), emprendida como agradecimiento a Dios por salvarle de la muerte el año anterior, cuando padeció malaria.
El objetivo de la campaña era conquistar Egipto para presionar a los musulmanes, que habían retomado Jerusalén tras el fin de la tregua de diez años posterior a la Sexta Cruzada. Sin embargo, epidemias y hambruna diezmaron a las tropas cristianas y la expedición terminó en una derrota rotunda, de la que Luis y sus hombres escaparon pagando un enorme rescate.
Durante ese tiempo Rubruquis se convirtió en un experto geógrafo, familiarizado con obras clásicas como De mirabilibus mundi de Cayo Julio Solino. Esa formación, sumada a la experiencia egipcia, convenció al rey de confiarle una misión crucial: viajar a Asia como embajador de la corona francesa y, de paso, intentar convertir al Islam al cristianismo.
El viaje a Oriente
El franciscano partió de Acre rumbo a Constantinopla, acompañado por otro fraile, Bartolomé de Cremona, su asistente Gosset y un intérprete árabe llamado Abdullah, cuyo nombre latino se tradujo como Homo Dei. Desde la capital bizantina iniciaron el 7 de mayo de 1253 la travesía que Julián había descrito en su carta Levél a tatárok életéről (Carta sobre la vida de los tártaros).
Tras cruzar el Mar Negro en barco llegaron a la Crimea, donde los genoveses tenían una factoría comercial. Desde Soldaia siguieron hacia el extremo de la península y, en carretas de bueyes, ingresaron a la Tartaria, una vasta región que abarcaba el mar Caspio, los Urales, el Pacífico y partes de la actual Ucrania, Rusia, Turquestán, Mongolia, Manchuria y Siberia.
La expedición alcanzó la Tartaria Muscovita, la más occidental, donde se abrió ante ellos la inmensa estepa integrada en la Horda de Oro, el gran kanato fundado por Batu Kan, nieto de Gengis Kan.
Rubruquis y sus compañeros cruzaron el río Don y, nueve días después, se encontraron con Sartak Kan, gobernante de la Horda de Oro. Sartak, cristiano nestoriano (una rama separada del cristianismo en el siglo V y considerada herética por Roma), les otorgó un salvo‑conducto para visitar a su padre, Batu Kan, señor de la región del Volga.
Ante Batu Kan fueron recibidos cordialmente, aunque él se negó a convertirse. En su lugar les autorizó a presentarse como embajadores ante el Gran Khan, entonces Möngke, otro nieto de Gengis Kan y hermano de Kublai, quien había ascendido al trono en 1251 gracias al apoyo de Batu.
Möngke había invertido la dirección de la expansión mongola, enfocándola hacia China en lugar de Europa; moriría en 1259 en una campaña contra los chinos. Sus dominios se extendían sin fin hacia el este.
Así, el monje flamenco retomó la ruta hacia Asia Central, siguiendo los pasos del italiano Giovanni da Pian del Carpine. Tras cruzar los ríos Urales e Ili, dejando atrás las ciudades de Ecquius y Cailac, pasó por el lago Baikal y llegó a la ciudad de Ulus a principios de 1254.
Allí descubrió una pequeña comunidad nestoriana protegida por Möngke mismo y continuó hasta la capital, Karakorum. En esa metrópolis, dos misioneros previos —Ascelin de Lombardía (1245) y André de Longjumeau (1249)— ya habían introducido la fe cristiana, y se celebraban intensos debates teológicos entre cristianismo, budismo e islam. Rubruquis participó en algunos de esos diálogos mientras anotaba sus observaciones, y finalmente fue recibido por el Gran Khan.
Rubruquis permaneció en Karakorum hasta el verano. Luego, como si los 9 000 km recorridos no fueran suficientes, inició su regreso a Francia con la respuesta de Möngke a la oferta de conversión: negativa, y además exigiendo vasallaje del rey francés. Partió el 10 de julio, curiosamente dos meses antes del nacimiento de otro famoso viajero, Marco Polo, y tardó un año en llegar a Trípoli por una ruta diferente, bordeando el mar Caspio y atravesando el Cáucaso, Persia, Armenia y Chipre.
Al presentarse ante Luis IX, entregó un fascinante informe titulado Itinerarium fratris Willelmi de Rubruquis de ordine fratrum Minorum. El compendio, de cuarenta capítulos, combina geografía, antropología y etnografía del mundo mongol con la experiencia personal del autor. Entre sus descubrimientos destaca que el mar Caspio es un mar interior, no una extensión del Ártico como se creía.
El Itinerarium, conocido también como Viaje por el Imperio Mongol, se sitúa a la altura del Milión de Marco Polo, aunque sin las fantasías que, paradójicamente, lo hacen aún más popular.