Una tradición de impostores
La historia está repleta de personajes que, con gran audacia, asumieron identidades ajenas para vivir a costa de los demás. Algunos inventaron personajes ficticios, como la princesa Caraboo, mientras que otros se hicieron pasar por figuras reales. En la Antigua Roma surgió un caso particularmente sorprendente: varios individuos afirmaron ser el propio emperador Nerón después de su muerte.
El verdadero Nerón y el contexto de su muerte
Nerón Claudio César Augusto Germánico llegó al trono a los dieciséis años, tras ser adoptado por su tío, el emperador Claudio. Su reinado estuvo marcado por excesos, la supuesta culpa del gran incendio de Roma y la persecución de cristianos, aunque gran parte de la información proviene de fuentes hostiles como Suetonio, Tácito y Casio Dión.
En el año 68 d.C. estalló una revuelta en la Galia liderada por Vindex. El Senado apoyó a Galba para derrocar a Nerón. Ante la inminente captura, Nerón se suicidó. Su muerte provocó una damnatio memoriae y un escenario político caótico con cuatro emperadores en un solo año (Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano).
El cadáver de Nerón fue enterrado en una tumba privada en el Monte Pincio, no en el Mausoleo de Augusto, lo que alimentó rumores de que no había muerto realmente.
El mito del Nero redivivus
Desde finales del siglo I surgió la creencia popular de que Nerón había escapado a Partia, se había refugiado allí y planeaba regresar para reclamar el trono. Dos elementos alimentaron la leyenda:
- Un horóscopo que predecía que Nerón perdería su herencia y la recuperaría tras un viaje al Oriente, con algunas versiones señalando Jerusalén como su punto de regreso.
- Los oráculos sibílicos, que más tarde fueron reinterpretados por cristianos como una referencia al Anticristo, asociando el número 666 con las letras del nombre de Nerón.
Esta atmósfera de expectación hizo que los supuestos impostores fueran recibidos con entusiasmo.
Los tres pseudo‑Nerones
Primer impostor (68 d.C.)
Según Tácito, un esclavo o liberto, posiblemente de origen pónico o italiano, se presentó como Nerón en la provincia de Achaia poco después de la muerte del emperador. Reunió a desertores y, junto a ellos, intentó viajar a Roma, pero una tormenta los desvió a la isla de Cítno, donde se alió con piratas.
El gobernador de Galacia y Panfilia, Lucio Nónio Calpurnio Asprenas, fue enviado por Galba para acabar con la amenaza. Tras derrotar al impostor, ordenó su decapitación y envió la cabeza a Roma como prueba.

Segundo impostor (reinado de Tito)
Un siglo después, durante el gobierno de Tito, apareció otro supuesto Nerón. Este individuo, llamado Terencio Máximo, era un residente romano del Oriente que se hacía pasar por el emperador tocando la lira y cantando versos. Su apariencia física recordaba al verdadero Nerón, lo que le permitió atraer a seguidores.
Terencio buscó aliarse con el rey partio Artabano II, quien, resentido con Roma, aceptó la propuesta. Sin embargo, al descubrirse su verdadera identidad, el monarca lo arrestó y ejecutó.

Tercer impostor (época de Domiciano)
Durante el reinado de Domiciano, un tercer impostor surgió en la provincia de Mesia (Balkanes). Su captura provocó la muerte del gobernador Gayo Vetuleno Civica Cereal, acusado por el emperador de incompetencia.
Este caso marcó el último registro documental de un pseudo‑Nerón.

Conclusión
Los tres impostores que afirmaron ser Nerón alimentaron la leyenda del Nero redivivus y demostraron cómo la incertidumbre tras la muerte de un gobernante puede dar pie a mitos y falsificaciones. Aunque la mayoría de los relatos provienen de fuentes hostiles, la historia de estos engañadores sigue fascinando por su audacia y el reflejo que ofrecen de la política y la credulidad de la época.
