En el 509 a.C. Roma derribó la monarquía y fundó la República, transformándose de una pequeña ciudad‑estado del centro de Italia en la potencia dominante del Mediterráneo. La República sentó las bases del Imperio romano y de la "Pax Romana".
Del Reino romano a la República
El último rey etrusco, Tarquinio el Soberbio, fue expulsado en 509 a.C. y los romanos sustituyeron el poder absoluto por un sistema donde el poder ejecutivo recaía en dos cónsules, elegidos anualmente, y el Senado, compuesto por la aristocracia patricia, conservaba la autoridad legislativa y asesoría.
Cambios en el sistema político
Los cargos más altos (cónsules, pretores y censores) estaban inicialmente reservados a los patricios. En caso de emergencia se nombraba un dictador, un magistrado con poderes extraordinarios por un periodo limitado.
Esta estructura hacía que la política siguiera siendo, en esencia, una "oligarquía aristocrática".
Comparación con el Reino
Durante el reino, el rey era elegido por una asamblea privada de la nobleza y asesorado por el Senado. La monarquía permitía al rey gobernar de por vida, sin límites claros, lo que provocó el descontento de la ciudadanía y la presión para adoptar un régimen más compartido.
Relaciones con los vecinos
El paso a la República alteró también las relaciones exteriores. La influencia etrusca, que había mantenido a Roma como un estado cliente, empezó a declinar mientras Roma intensificaba sus campañas militares contra los pueblos vecinos.
El auge de la República
El crecimiento militar estuvo liderado cada vez más por la población civil que, a través de sucesivas reformas, obtuvo mayores derechos políticos.
Lucha por la igualdad
- 447 a.C. Creación del cargo de tribuno de la plebe, con poder de veto sobre los cónsules y el Senado.
- 494 a.C. Fundación del Consejo de la plebe, órgano que defendía los intereses de los comunes.
- 451‑450 a.C. Promulgación de las Doce Tablas, que difundieron el derecho más allá de la aristocracia.
- 367 a.C. Ley Licinia Sextia: uno de los dos cónsules debía ser plebeyo.
- 287 a.C. Ley Hortensia: las decisiones del Consejo de la plebe pasaban a ser ley del Estado sin necesidad de aprobación senatorial.
Gracias a estas reformas, Roma expandió su dominio sobre la península itálica, consolidándose entre 298‑272 a.C. como la potencia hegemónica.
Problemas internos: la cuestión del grano
El territorio italiano no producía suficiente trigo para alimentar a la creciente población. La solución fue la conquista de Sicilia, una isla fértil que quedó bajo control romano tras las Guerras Púnicas.
Guerras Púnicas y sus consecuencias
Las tres Guerras Púnicas (264‑146 a.C.) enfrentaron a Roma contra Cartago, potencia marítima y comercial del norte de África.
La primera y segunda guerra
Roma ganó la primera guerra y tomó Sicilia. En la segunda, el general cartaginés Aníbal cruzó los Alpes, amenazando la península itálica y llegando a casi dominarla.
La victoria final
Tras la tercera guerra (149‑146 a.C.) Cartago fue destruida. En 30 a.C. cayó el último reino helenístico, el de Cleopatra, y Roma se convirtió en la autoridad indiscutible del Mediterráneo occidental.
El legionario romano
Los ciudadanos romanos estaban obligados a servir como soldados. No pagaban impuestos directos, pero en tiempos de guerra se equipaban con su propio armamento y recibían raciones y pago diario del ejército. El botín y el salario eran una fuente importante de sustento.
Impacto social de las guerras
La abundancia de trigo siciliano desplomó los precios, lo que provocó que muchos campesinos italianos abandonaran sus tierras para servir en el ejército. Al regresar, muchos se encontraban sin ingresos y sin tierras, lo que profundizó la brecha entre ricos propietarios de latifundios y la población rural empobrecida.
Hacia la guerra civil y el Imperio
Para aplacar a la población descontenta, la élite organizó juegos y espectáculos (el famoso "pan y circo"). Sin embargo, las tensiones crecieron y, en los siglos II‑I a.C., estallaron conflictos civiles. Un líder dictatorial, Julio César, emergió de este caos y sentó las bases para la transformación de la República en el Imperio romano.