En este contexto, la Monarquía Hispánica, obligada a defender los numerosos frentes de su extenso imperio, sobre todo en el plano europeo, no fue una excepción. El agotamiento de Castilla y su descenso demográfico en el siglo XVII redujeron su capacidad para proveer hombres a los Tercios, lo que obligó a los gobernantes a buscar mecanismos alternativos. Dada la estructura territorial de la Monarquía, basada en la unión dinástica de varios reinos, uno de los principios empleados era la obligación de los súbditos de prestar auxilio al monarca. Sin embargo, no debemos olvidar que los reinos de la Corona de Aragón (Aragón, Cataluña y Valencia) conservaban fueros que condicionaban su participación a una serie de supuestos que el rey debía aceptar, entre los que destacaba la limitación geográfica del uso de sus fuerzas dentro de los límites de cada reino (aunque en la práctica no siempre se respetó).
Durante el reinado de Felipe IV, el conde‑duque de Olivares presentó en 1624 un memorial al monarca en el que proponía una Unión de Armas entre los distintos territorios de la Monarquía como forma de repartir la carga militar y fiscal, incorporando la participación de los reinos de la Corona de Aragón. El proyecto fracasó por la reticencia de los llamados a colaborar y por los acontecimientos de 1640 (la revuelta catalana y la guerra con Portugal).
En tiempos de Carlos II se intentó crear las llamadas Milicias Generales, concebidas como refuerzo para cubrir la escasez de soldados en los tercios y extendiéndose también a los territorios aragoneses. Su implantación se vio impulsada por la difícil situación bélica provocada por las ofensivas francesas, llegando a desplazar tropas más allá de las fronteras de los reinos, salvo en el caso catalán, cuyo esfuerzo se centró en la defensa de la frontera frente a los ataques franceses.
Las milicias en España bajo los Borbones
La llegada al trono de
Los intentos de trasladar este modelo a los territorios de la Corona de Aragón fracasaron. En primera instancia, la corte sospechaba del amplio apoyo que esas poblaciones habían brindado al archiduque Carlos, rival de Felipe V, y mostraba escasa voluntad de proporcionar armas, aunque fuera para dotar a los milicianos. Más tarde, bajo Fernando VI, el marqués de Ensenada defendió la medida, pero el proyecto no llegó a concretarse. Los reinos aragoneses se opusieron rotundamente a la creación de milicias provinciales, amparándose en sus fueros y alegando el perjuicio económico que supondría para sus habitantes.
Solo en la isla de Mallorca, también integrante de la Corona de Aragón pero con menor peso institucional, Carlos III decretó en 1762 la formación de dos regimientos de Milicia Provincial, cada uno compuesto por dos batallones, motivado por la participación española en la Guerra de los Siete Años (1756‑1763) del lado de Francia, con resultados desfavorables frente a Gran Bretaña, que además mantuvo el control de Menorca.
Aunque la nobleza mallorquina mostró entusiasmo ante la noticia, la apatía de los ayuntamientos retrasó la ejecución hasta 1764, y los dos regimientos se redujeron a uno solo, formado por milicianos de Palma de Mallorca y del resto de la isla (part forana).
En 1796 se intentó implantar la Milicia Provincial en Valencia, pero la autoridad municipal se negó. La oposición, hasta entonces pacífica, estalló violentamente en 1801 cuando Don Manuel Godoy ordenó la creación de las milicias en la ciudad; la situación se calmó tras la publicación de un decreto que anuló las órdenes previas.
Durante la Guerra de Independencia, las milicias provinciales participaron en la movilización general contra la invasión napoleónica, lo que llevó a su restablecimiento en 1815 por Fernando VII. Sin embargo, a medida que la organización del ejército regular y los sistemas de reclutamiento se reforzaron, su papel decayó hasta su supresión definitiva en el siglo XIX.
Bibliografía
- Contreras Gay, José: Milicias provinciales en el siglo XVIII. Estudio sobre los regimientos de Andalucía. Instituto de Estudios Almerienses, 1993.
- Elliott, J.H.: The Count‑Duke of Olivares. Crítica, Barcelona, 1990.
- Espino López, Antonio: La formación de las Milicias Generales en los reinos de la Corona de Aragón durante el reinado de Carlos II, 1665‑1700. Estudios Humanísticos. Historia, 2003.
- Oñate Algueró, Paloma: Al servicio del rey: la milicia provincial (1734‑1846). Ministerio de Defensa, Madrid, 2003.
- Pascual Ramos, Eduardo: Defensa civil en tiempos de guerra. La milicia de Mallorca (1762‑1769). Vegeta. Anuario de la Facultad de Geografía e Historia, 16, 2016, pp. 265‑288.
Notas
[1] Elliott, J.H.: The Count‑Duke of Olivares. Crítica, Barcelona, 1990.
[2] Espino López, Antonio: La formación de las Milicias Generales en los reinos de la Corona de Aragón durante el reinado de Carlos II, 1665‑1700. Estudios Humanísticos. Historia, 2003, pp. 111‑140.
[3] Contreras Gay, José: Milicias provinciales en el siglo XVIII. Estudio sobre los regimientos de Andalucía. Instituto de Estudios Almerienses, 1993.
[4] Oñate Algueró, Paloma: Al servicio del rey: la milicia provincial (1734‑1846). Ministerio de Defensa, Madrid, 2003.
[5] Pascual Ramos, Eduardo: Defensa civil en tiempos de guerra. La milicia de Mallorca (1762‑1769). Vegeta. Anuario de la Facultad de Geografía e Historia, 16, 2016, pp. 265‑288.
[6] Corona Marzol, Carmen: Valencia y las milicias provinciales borbónicas. Intentos de introducción y oposición institucional en el XVIII. Millars. Geografía e Historia, 11, 1986, pp. 99‑112.