En la Edad Moderna las armas tradicionales, como la espada, dejaron de ser esenciales en el campo de batalla, pero la espada pasó a ser símbolo de prestigio y nobleza. Poseerla se asoció a la alta sociedad y, en imitación, las clases bajas la adoptaron para aparentar mayor estatus. Así, portar una espada se volvió tan cotidiano como llevar cualquier otro elemento de la vestimenta[1]. Su uso como defensa personal y defensa del honor también se extendió.
Dos armas destacan por su frecuencia de uso y la abundancia de tratados dedicados a ellas: la espada mano y media (también llamada espada bastarda o espada larga) y la espada rapier.
La espada mano y media mide entre 100 y 130 cm; su longitud permite su manejo con ambas manos, aunque en situaciones favorables también puede usarse con una sola. Surgió en el siglo XIV como respuesta a la armadura de placas, pues su gran alcance facilitaba alcanzar puntos débiles. Con la aparición de las armas de fuego, su uso militar decayó y quedó relegado al ámbito civil, especialmente en los territorios italianos y del Sacro Imperio Romano Germánico. A partir de la segunda mitad del siglo XVI fue desplazada progresivamente por la espada rapier[2].
El origen del término rapera es debatido: algunos autores lo consideran de origen hispánico, otros lo relacionan con el francés rapière. En los textos del siglo XV la palabra designaba cualquier espada destinada a llevarse bajo la ropa civil. Con el tiempo quedó asociada al modelo que se popularizó en los siglos XVI y XVII: una hoja larga y delgada, diseñada principalmente para estocadas pero con capacidad de corte, con guarda de mano y a menudo acompañada de una cuchilla de vela en la mano izquierda para defensa. A mediados del siglo XVII la rapier fue reemplazada por la espada ligera de un solo filo, que sacrificó la capacidad de cortar a cambio de mayor velocidad[3][4].
En el ámbito civil, los guardias personales de nobles y burgueses favorecían la alabarda, arma de gran alcance útil para la protección, y también el montante, una espada de dos manos ligeramente más grande que la mano y media[5].
Otras armas curiosas aparecen en la época: la cutela, la espada con cañón integrado o la "espada secreta", oculta dentro de objetos como bastones y utilizada por clérigos y médicos como medio de autodefensa[6].
Los duelos en la Europa moderna
En la sociedad moderna el honor se erigió como uno de los valores supremos, y defenderlo contra cualquier afrenta se consideraba imperativo. El método más habitual era el duelo. Rechazar un desafío se interpretaba como falta de hombría[7], de modo que hombres de la alta nobleza frecuentemente se veían obligados a enfrentar a sus adversarios para salvaguardar su reputación y la de sus familias, pues el honor del varón se entendía como el honor de su esposa e hijos[8].
El número creciente de duelos alarmó a los monarcas europeos[9]. El Concilio de Trento prohibió los duelos, considerándolos consecuencia de la embriaguez y otros excesos[10]; la prohibición se replicó en Inglaterra y en la monarquía hispánica. Sin embargo, los duelos continuaron en la clandestinidad[11]. La Monarquía Hispánica adoptó medidas más estrictas: reguló la letalidad de las armas, prohibió puntas especialmente mortales, obligó a portar la espada siempre envainada y vetó mecanismos que alargaran la hoja o facilitasen el desenvaine rápido, para evitar ventajas injustas[12].
Maestros y tratados de esgrima
Durante la Edad Moderna surgieron salones de esgrima, donde los maestros instruían a sus alumnos. Con el tiempo, las demostraciones públicas se convirtieron en espectáculos en plazas durante ferias, abiertos a cualquier participante[13]. Para garantizar la seguridad se empleaban "espadas negras", armas ligeras sin filo ni punta y con una bola en la punta que amortiguaba el impacto[14].
Los maestros de esgrima eran figuras clave: dominaban el manejo de todo tipo de armas, enseñaban a sus discípulos y regulaban los combates. Cuando consideraban necesario detener una partida, colocaban un bastón entre los contendientes. Además, solían "florear" sus armas ante el público para exhibir su destreza[15].
En 1478 los Reyes Católicos crearon el cargo de "Maestro Mayor", encargado de certificar a quienes poseían los conocimientos necesarios para ser reconocidos oficialmente como maestros de esgrima y para impartir clases[16]. En la Monarquía Católica estaba prohibido enseñar esgrima a grupos desfavorecidos, como judíos y esclavos; infringir la norma podía acarrear la pérdida de la licencia o multas severas[17].
Al final de la Edad Media algunos maestros comenzaron a plasmar su conocimiento en tratados dirigidos a sus discípulos, no al público general. Estos manuscritos asumían que el lector ya poseía nociones básicas de esgrima, por lo que omitían explicaciones elementales y servían más como recordatorio de las lecciones impartidas[18].
El tratado de esgrima más antiguo conservado es anónimo y forma parte de la colección del Royal Armouries (Reino Unido). Conocido como MS I.33, data de principios del siglo XIV y describe técnicas de espada y adarga en latín, con anotaciones en alemán[19].
La invención de la imprenta facilitó la difusión de estos textos, y surgieron distintas escuelas de esgrima en Europa, entre las que destacan la alemana, la italiana y la española. Otros maestros notables incluyen al inglés George Silver, autor de Paradoxes of Defence (1599)[20] y al francés André des Bordes, autor de Discours de la théorie de la pratique et de l’excellence des armes (1610)[21].
Escuelas de esgrima en la Europa moderna
Escuela alemana: Inicia con Johannes Liechtenauer, figura enigmática del siglo XIV cuya influencia perduró hasta el siglo XVI, cuando maestros como Meyer continuaron su tradición[22]. Liechtenauer no dejó tratados, solo una serie de versos crípticos destinados a sus discípulos. Sus seguidores los tradujeron a lenguas comprensibles para los iniciados.
Los sucesores más importantes fueron Peter von Danzig y Hans Talhoffer. En el siglo XVI destacan Paulus Hector Mair, funcionario de Augsburg que, al temer la pérdida del arte de la espada, financió tres tratados en alemán y latín (lo que le valió la ejecución por malversación en 1579)[24], y Joachim Meyer, autor en 1570 del Gründtliche Beschreibung der Kunst des Fechtens, el primer tratado impreso en alemán que introdujo el uso de la rapier en la tradición germánica[25].
Escuelas italianas: El libro más antiguo que se conserva es el de Fiore dei Liberi (principios del XV). Le sigue Filippo Vadi con De Arte Gladiatoria Dimicandi (1482‑1487), que destaca la importancia de la geometría en la esgrima[26]. En Italia no hubo una única tradición, sino varias escuelas. En el siglo XVI florecieron la bolognesa (Antonio Manciolino y Achille Marozzo) y la florentina (Francesco di Sandro Altoni)[27].
En 1553 Camillo Agrippa publicó Trattato di Scientia d’Arme, con un Dialogo di Filosofia, el primer tratado dirigido al público general. Agrippa defendió la razón como guía en el duelo, sentando las bases teóricas que influirían en la esgrima española[28]. Su obra revolucionó la práctica italiana y ejerció una gran influencia en los tratados posteriores[29]; en el siglo XVII destacan los trabajos de Salvatore Fabris, Ridolfo Capoferro y Nicoletto Giganti, que imitaron el método agrippiano[30].
Escuela española (Verdadera Destreza):
En la Península Ibérica del siglo XVI la esgrima era un pasatiempo de la burguesía. Entre sus maestros destaca Francisco Román, cuyo tratado de 1532 se ha perdido[31]. Se desarrolló una escuela vulgar, violenta y carente de bases teóricas; sus "espadas negras" no reproducían las armas blancas y resultaban poco útiles en la práctica[32].
El humanista sevillano Jerónimo Sánchez de Carranza, soldado al servicio del Duque de Medina Sidonia y Felipe II, y gobernador de Honduras, quedó insatisfecho con esa situación. En 1582 publicó De la Filosofía de las Armas y su Destreza, y de la Aggresión y Defensa Cristiana, obra influenciada por Agrippa que proponía un estudio racional de la esgrima mediante matemáticas y geometría, intentando elevarla a arte liberal[33][34].
Sin embargo, Carranza no creó un método práctico propio; esa tarea correspondió al baezano Luis Pacheco de Narváez. Militar de carrera, tras servir en las Islas Canarias regresó a Madrid en 1600 y presentó su Libro de la Grandeza de la Espada, donde desarrolló teórica y prácticamente los principios de la Verdadera Destreza fundados por Carranza[35].
En Madrid la teoría de Pacheco gozó de gran aceptación. Defendió sus ideas en duelos, ganando la admiración de figuras como Lope de Vega y Cervantes. Nunca fue derrotado; la anécdota de su supuesta derrota a manos de Quevedo es una invención posterior[36]. En 1624 fue nombrado Maestro de los Reales por Felipe IV, posición que utilizó para imponer la Verdadera Destreza como método único y legal de enseñanza. Los defensores de la esgrima vulgar intentaron varios procesos, pero Pacheco salió vencedor[37].
Pacheco escribió once obras. Destituido en 1632, murió en la indigencia en 1640. A mediados del siglo XVII surgieron disputas entre seguidores de Carranza y de Pacheco, que en ocasiones desembocaron en duelos entre "carrancistas" y "pachequistas". A finales del siglo XVII el Maestro Mayor prohibió la enseñanza de la esgrima a los carrancistas, consolidando la hegemonía de la Verdadera Destreza en la Monarquía Hispánica[38]. Hasta la popularización de la escuela francesa bajo Luis XIV, la Verdadera Destreza fue la escuela predilecta de la aristocracia europea[39].
Bibliografía
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Notas
[1] J. GUILMAÍN ALONSO (2017, 131‑132).
[2] GRANT, N. (2020, 4‑5, 7).
[3] G. DUEÑAS BERAIZ (2004, 212‑213).
[4] V. CIRLOT (1980, 8‑14).
[5] C. VAN DIJK (2020, 21).
[6] G. DUEÑAS BERAIZ (2004, 214‑222).
[7] J. LUKE (2019, 286).
[8] J. GUILLÉN BERRENDERO, R. SÁNCHEZ (2019, 9‑10).
[9] J. LUKE (2019, 283).
[10] J. GUILLÉN BERRENDERO, R. SÁNCHEZ (2019, 53).
[11] J. GUILMAÍN ALONSO (2017, 132).
[12] G. DUEÑAS BERAIZ (2004, 241‑251).
[13] J. GUILMAÍN ALONSO (2017, 133).
[14] A. BOMPREZZI (2013b, 778‑779).
[15] J. GUILMAÍN ALONSO (2017, 133).
[16] J. GUILMAÍN ALONSO (2015, 2453‑2455).
[17] J. GUILMAÍN ALONSO (2017, 137).
[18] T. DAWSON, D. JAQUET, K. VERELST (2016, 190‑191).
[19] J. HESTER (2012, 20‑21).
[20] J. D. AYLWARD (1956, 62).
[21] T. DAWSON, D. JAQUET, K. VERELST (2016, 361‑362).
[22] T. DAWSON, D. JAQUET, K. VERELST (2016, 250‑252).
[23] J. HESTER (2009, 181).
[24] D. JAQUET (2020, 87‑89).
[25] T. DAWSON, D. JAQUET, K. VERELST (2016, 249).
[26] T. DAWSON, D. JAQUET, K. VERELST (2016, 295‑299).
[27] T. DAWSON, D. JAQUET, K. VERELST (2016, 302‑305).
[28] T. DAWSON, D. JAQUET, K. VERELST (2016, 305‑306).
[29] T. DAWSON, D. JAQUET, K. VERELST (2016, 302‑305).
[30] T. DAWSON, D. JAQUET, K. VERELST (2016, 312‑314).
[31] J. GUILMAÍN ALONSO (2015, 2456‑2459).
[32] A. BOMPREZZI (2013b, 776‑777).
[33] A. BOMPREZZI (2013b, 774).
[34] A. BOMPREZZI (2012, 39).
[35] A. VALLADARES REGUERO (1999, 514‑515).
[36] A. BOMPREZZI (2013a, 4‑5).
[37] A. BOMPREZZI (2013b, 776).
[38] A. BOMPREZZI (2012, 39, 41).
[39] J. GUILLÉN BERRENDERO, R. SÁNCHEZ (2019, 125).