Una historia de cine y rescate
En 2013, Argo de Ben Affleck mostró cómo la CIA sacó a seis diplomáticos estadounidenses de Teherán bajo la excusa de un equipo de rodaje. Inspirado en ese ingenioso cruce entre espionaje y cine, el director Vittorio De Sica logró algo similar durante la Segunda Guerra Mundial: salvar a cientos de judíos con la película La puerta del cielo.
Italia en 1943: el escenario del rescate
En el verano de 1943, los Aliados desembarcaron en Sicilia y bombardeaban Roma, dejando más de 3.000 muertos y 11.000 heridos. El Il Messaggero publicó una carta del Papa Pío XII al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, donde lamentaba la situación de Italia y pedía protección para civiles y lugares de culto.
Excellency:
Los recientes acontecimientos han centrado la atención mundial en Italia… Le rogamos que los comandantes militares hagan todo lo posible por salvar a los inocentes, especialmente a iglesias y casas de caridad.
Tras la caída de Mussolini, el país quedó dividido: los Aliados en el sur y los alemanes, junto a fascistas colaboracionistas, en el norte y centro.
El proyecto cinematográfico como refugio
Ante la persecución nazi, el Papa Pío XII decidió actuar. Con la mediación del futuro Papa Pablo VI, Giovanni Montini, contactó a De Sica para financiar una película cuyo título, La puerta del cielo, simbolizaba una peregrinación al santuario de Loreto en busca de la intercesión de la Virgen.
El objetivo era claro: emplear a tantos judíos, antifascistas y perseguidos por la Gestapo como actores, técnicos y extras, bajo la apariencia de una gran producción al estilo Hollywood. El financiamiento papal ascendió a unos 40.000 USD.
El rodaje se realizó en la iglesia de San Pablo, que sirvió como refugio. En una ocasión, los fascistas irrumpieron y se llevaron a algunos judíos que desaparecieron para siempre. Incluso Joseph Goebbels intentó reclutar a De Sica para el cine fascista italiano, pero el director rechazó la oferta, alegando que debía terminar la película antes de comprometerse con el régimen.
Sin prisa, De Sica prolongó la filmación hasta que los Aliados liberaron Roma el 4 de junio de 1944. Gracias a este plan, trescientas personas, en su mayoría judíos, escaparon de la muerte gracias al Papa y al director.
En 1945, tras algunas discrepancias entre el Vaticano y De Sica, la película se estrenó y obtuvo gran reconocimiento.
Legado y preguntas abiertas
Queda por ver si Pío XII pudo haber hecho más contra la barbarie nazi; los archivos vaticanos de su pontificado podrían arrojar nueva luz en los próximos años.