Introducción
La muerte de Nelson Mandela sumió al mundo entero en luto. Fue uno de los últimos símbolos de coraje, decencia y sentido de igualdad. Tras pasar un tercio de su vida tras las rejas defendiendo sus ideales, Mandela no alimentó rencores ni buscó venganza contra sus carceleros. Por el contrario, practicó la tolerancia y se mantuvo por encima de quienes intentaron doblegarlo, aun cuando algunos lo tacharon de “mano blanda”. Su ejemplo de templanza inspiró a millones después de su liberación en 1990, convirtiéndose en un emblema de paz y esperanza.
Infancia y nombres
Nelson Mandela nació el 18 de julio de 1918 en Mvezo, una pequeña localidad de la provincia de Eastern Cape, Sudáfrica. Su padre lo llamó Rolihlahla, palabra xhosa que significa “alborotador” o “problemático”. En la escuela primaria, su maestra le asignó el nombre inglés Nelson, práctica habitual de los colonizadores británicos para facilitar la pronunciación.
A los 16 años fue iniciado en la tradición xhosa y recibió el nombre Dalibhunga, que se interpreta como “creador y fundador de un consejo” o “coordinador del diálogo”. Además, por pertenecer al clan Thembu, lo llamaban Madiba, un apelativo de cariño y respeto. Otros nombres que le fueron otorgados fueron Tata (padre), Khulu (abuelo, también “grandioso”).
Lucha contra el apartheid
En la década de 1940, Mandela se unió al Congreso Nacional Africano (ANC) y, al principio, adoptó tácticas violentas para combatir el apartheid, el sistema de segregación racial impuesto por la minoría blanca, que representaba solo el 21 % de la población. Organizó la resistencia y, tras ser obligado a la clandestinidad, planeó actos de sabotaje económico que podrían haberle costado la pena de muerte. En un gesto de desafío, se presentó ante la prensa vistiendo la vestimenta tradicional Thembu.
En junio de 1964 fue condenado a cadena perpetua por intentar socavar al gobierno. Durante su encarcelamiento, trabajó como cantero en canteras de cal, lo que dañó sus pulmones y su visión, pero mantuvo firmes sus convicciones. Perdió a su madre y a su hijo recién nacido, pero aprovechó el tiempo para estudiar por correspondencia y obtuvo una Licenciatura en Derecho de la Universidad de Londres.
Libertad y presidencia
En los años 80, su compañero Oliver Tambo, entonces en el exilio, lideró una campaña internacional para su liberación. Las sanciones crecientes contra el régimen apartheid lograron resultados y, el 11 de febrero de 1990, el presidente sudafricano F. W. de Klerk lo liberó tras 27 años de prisión.
Tras su puesta en libertad comenzaron las negociaciones para una democracia multirracial. En diciembre de 1993, Mandela y de Klerk recibieron conjuntamente el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos de reconciliación. El 16 de abril de 1994, millones de sudafricanos acudieron a las primeras elecciones libres; Mandela se presentó como candidato y ganó, asumiendo la presidencia el 10 de mayo de ese mismo año.
Legado y últimos años
Como presidente, Mandela promovió la reconciliación como única vía para reconstruir la unidad nacional, encarnando con sus actos los ideales de libertad y justicia que siempre defendió. Eligió el perdón sobre el odio y tendió puentes incluso con sus antiguos enemigos, siempre con dignidad.
En sus últimos años siguió siendo “el padre”, “el abuelo” y “el magnánimo” que inspiraba a todo el mundo en la búsqueda de la paz. Su muerte el 5 de diciembre de 2013, a los 95 años, marcó el fin de una era, pero la leyenda de Mandela apenas comienza.
Para profundizar, consulte el obituario de la BBC:
https://www.bbc.co.uk/world/news/2013/12/111222_new_mandela_obituary_am.shtml