Como indiqué en “Una serie de acontecimientos en la península de los Balcanes”, el declive del Imperio Otomano y el auge de los movimientos nacionalistas provocaron que varias regiones buscaran la independencia y que nuevas potencias intentaran expandir su influencia. Rusia y Austria‑Hungría, ansiosas por ampliar su dominio, vieron en los Balcanes un polvorín que podía desencadenar un conflicto mayor.
El caos del Imperio Otomano y la Revolución de los Jóvenes Turcos
Justo antes de la guerra ruso‑japonesa (1904‑1905), la victoria de Japón sobre las potencias europeas estimuló los movimientos nacionalistas en Asia y, paralelamente, en el Imperio Otomano surgió la Revolución de los Jóvenes Turcos (1908). Esta revuelta obligó al sultán a conceder una constitución y abrió la puerta a una serie de cambios internacionales:
- Bulgaria obtuvo su independencia en 1908.
- Austria‑Hungría anexó Bosnia y Herzegovina.
Estos dos hechos alteraron el equilibrio en los Balcanes. Serbia, vecina de Bosnia, se vio amenazada por la presencia austrohúngara, mientras que el nacionalismo eslavo, impulsado por el paneslavismo ruso, favorecía la expansión serbia.
Al mismo tiempo, surgieron otras corrientes nacionalistas: el pan‑turquismo dentro del Imperio Otomano, el pan‑germanismo alemán y el pan‑serbio eslavo, que complicaron aún más la situación.
La Liga Balcánica
En 1912, Grecia, Bulgaria, Serbia y Montenegro formaron la Liga Balcánica bajo la influencia de Rusia, cuyo objetivo era frenar el poder otomano y limitar la expansión austrohúngara. La reciente guerra italo‑turca (1911‑1912) y la crisis marroquí (1911) habían debilitado al Imperio Otomano, creando una oportunidad para que los estados balcánicos reclamaran territorios.
Rusia buscaba, por su parte, un puerto libre de hielo en el mar Negro para potenciar su comercio, mientras que Austria‑Hungría quería consolidar su dominio en la región. Los intereses opuestos de ambas potencias convertían a los Balcanes en un campo de disputa.
El estallido de las Guerras Balcánicas y su vínculo con la Primera Guerra Mundial
Mientras las grandes potencias discutían sobre la crisis marroquí y la rivalidad germano‑francesa, la Liga Balcánica declaró la guerra al Imperio Otomano en medio de la guerra italo‑turca. El conflicto se transformó rápidamente en dos guerras sucesivas que, al terminar, dejaron las bases del alineamiento de la Primera Guerra Mundial.
Primera Guerra Balcánica (1912‑1913)
El 8 de octubre de 1912 la Liga Balcánica atacó al Imperio Otomano. A pesar de los intentos de los grandes poderes de mediar, el conflicto continuó. El Imperio, debilitado por la reciente guerra con Italia, firmó un tratado de paz con esta última y cedió el control de Trípoli y Libia, pero no pudo detener la ofensiva balcánica.
Con el respaldo de Rusia, la Liga derrotó al Imperio Otomano, que perdió la mayor parte de sus territorios europeos. Serbia avanzó hasta la costa del Adriático, acercándose a los intereses austriacos, pero la intervención británica (que contenía a Rusia) y la alemana (que contenía a Austria) evitó una escalada directa entre las potencias.
Segunda Guerra Balcánica (1913)
Tras la victoria, surgieron disputas sobre la repartición de los territorios conquistados. Bulgaria, que se sentía agraviada, atacó a sus antiguos aliados Serbia y Grecia, mientras Montenegro y Rumanía también se involucraron.
La campaña resultó desastrosa para Bulgaria, que quedó aislada y perdió Macedonia y otras áreas. El Imperio Otomano aprovechó la confusión para recuperar parte de territorio en Tracia oriental, mientras que Serbia y Grecia consolidaron sus ganancias.
Estas rivalidades y alianzas redefinieron el mapa balcánico y dejaron a las grandes potencias —especialmente a Alemania y Austria‑Hungría— con una postura más agresiva, sentando las condiciones que desembocarían en la Primera Guerra Mundial.