En el artículo anterior de historia mundial describí el estallido de la Primera Guerra Mundial, un conflicto que no sólo arrasó la península de los Balcanes y Europa, sino que también involucró a África y Asia, provocando enormes daños entre la población civil.
A continuación resumiré cómo evolucionó la guerra después de que el frente occidental, donde se enfrentaron Francia, Gran Bretaña y Alemania, se estancara en un punto muerto.
En esta exposición el bloque alemán‑austríaco se denomina Potencias Centrales, mientras que el bloque británico‑francés‑ruso se describe como Aliados.
Participación de países fuera de las potencias europeas
Al prolongarse el estancamiento y crecer el número de víctimas, ambas partes buscaron atraer a naciones neutrales. Con el tiempo, varios de esos países se alinearon con el bando que les ofreció mayores ventajas, ampliando y endureciendo el frente de batalla.
A continuación se analizan la participación de Japón, el Imperio Otomano, Italia y Bulgaria, que ingresaron al conflicto en etapas posteriores.
Japón y sus 21 demandas (1914‑1915)
La razón principal de la entrada de Japón en la guerra fue la Alianza Anglo‑Japonesa de 1902, firmada originalmente contra Rusia y que había sido decisiva en la guerra ruso‑japonesa.
El entonces primer ministro Shigenobu Ōkuma enfrentó críticas internas por decidir, sin el respaldo del parlamento ni del alto mando militar, participar “como nación comercial”. Esta decisión sentó las bases de tensiones posteriores entre el gobierno civil y el ejército.
Ocupación de los archipiélagos del Pacífico
Japón pretendía ocupar las islas del Pacífico bajo control alemán, pero temía provocar a Gran Bretaña y a Estados Unidos, que también tenían intereses en la región. Cuando la flota de colonias alemanas se mostró más activa, la opinión pública británica se suavizó y Japón aprovechó la oportunidad para tomar posesión de los archipiélagos del Pacífico Sur.
Acción contra China
Al inicio de la guerra la dinastía Qing ya estaba colapsando; la revolución de 1911‑12 había derrocado al último emperador y había creado la República de China, mientras que Mongolia declaraba su independencia. Alemania, temerosa de Japón, intentó negociar la devolución de sus posesiones en China, pero Japón ignoró la oferta y declaró la guerra a Alemania, ocupando la bahía de Jiaozhou y la ciudad de Qingdao.
Las "Veintiuna Demandas" a China
El 18 de enero de 1915 Japón presentó a la República de China una serie de exigencias, conocidas como las Veintiuna Demandas, que buscaban ampliar su influencia en Manchuria y Mongolia interior. Entre los motivos estaban:
- La imposibilidad de que Europa se ocupara de los asuntos asiáticos.
- El resentimiento por el Tratado de Shimonoseki y la pérdida de la península de Liaodong.
- El vencimiento de los derechos sobre los ferrocarriles de Lushun, Dalian y el sur de Manchuria, concedidos tras la guerra ruso‑japonesa.
- Los préstamos internacionales (préstamo Shikoku 1910 y Gokoku 1913) que daban a Japón una fuerte presencia económica en China.
Aunque inicialmente se pretendía extender los derechos de concesión, el documento creció hasta 21 artículos y fue duramente criticado tanto dentro de Japón como en el extranjero. Finalmente, la mayor parte de las demandas fueron retiradas, pero revelaron que el verdadero objetivo japonés era consolidar su dominio en el noreste de China.
El Imperio Otomano (1914)
Tras la Revolución de los Jóvenes Turcos, el Imperio Otomano buscó mantener una posición de neutralidad armada, pero la presión de las grandes potencias lo obligó a elegir un bando. Rusia, con ambiciones en los Balcanes, apoyó a los Aliados, mientras que Francia mantenía una enemistad histórica con el Imperio, remontada a la campaña de Napoleón en Egipto y a su apoyo a la independencia griega.
Gran Bretaña había colaborado con los otomanos en asuntos navales, pero el temor de que el Imperio se alineara con Alemania provocó la incautación de un acorazado que los otomanos habían encargado a los alemanes, generando una fuerte oposición interna.
Por su parte, Alemania envió asesores militares que ayudaron a reformar el ejército otomano y, tras la victoria en la Guerra greco‑turca de 1897, ganó una alta reputación. Además, dos buques de la flota mediterránea alemana fueron transferidos a la Armada otomana, reforzando su capacidad naval.
Ante este contexto, el Imperio decidió aliarse con las Potencias Centrales, pese a los intensos debates internos sobre la conveniencia de tal alianza.
Italia (1915)
Italia, aunque formaba parte de la Triple Alianza con Alemania y Austria‑Hungría, permaneció inicialmente neutral. Los Aliados le ofrecieron la devolución de territorios considerados “Italia irredenta” (Trentino, Tirol del Sur, Dalmacia y el Adriático), mediante el Tratado Secreto de Londres. Italia renunció al pacto con las Potencias Centrales y, en 1915, entró en la guerra del lado de los Aliados como nación comercial.
Bulgaria (1915)
Después de Italia, el Reino de Bulgaria se incorporó al conflicto. Tras la derrota en la Segunda Guerra de los Balcanes, Bulgaria buscó recuperar los territorios que Serbia le había arrebatado. Al alinearse con las Potencias Centrales, esperaba lograr esas reclamaciones territoriales.
Diplomacia secreta británica y tratados clave
Con el conflicto convirtiéndose en una guerra total, ambas coaliciones intensificaron sus esfuerzos diplomáticos, intentando atraer a países neutrales mediante negociaciones secretas.
En el Oriente Medio, Gran Bretaña firmó una serie de acuerdos que, aunque pretendían debilitar al Imperio Otomano, resultaron contradictorios:
- Acuerdo Hussein‑McMahon: promesa de apoyo a un estado árabe independiente a cambio de una rebelión contra los otomanos.
- Acuerdo Sykes‑Picot: reparto del territorio otomano entre Gran Bretaña, Francia y Rusia, con Palestina como zona internacional.
- Declaración Balfour: promesa británica de establecer un hogar nacional judío en Palestina.
Estas promesas incompatibles sembraron la base de futuros conflictos en Oriente Medio, pues ignoraron la presencia y los derechos de la población árabe y palestina.
Gran Bretaña también buscó el apoyo de la India, ofreciendo una mayor autonomía a cambio de colaboración en la guerra.
Etapas finales de la Primera Guerra Mundial
Al final del conflicto, la alianza de los Aliados contaba con veinte países, frente a las cuatro Potencias Centrales (Alemania, Austria‑Hungría, Imperio Otomano y Bulgaria). En número, los Aliados tenían una clara ventaja, pero las Potencias Centrales mostraron una gran tenacidad.
La guerra se transformó en un conflicto total que involucró a la población civil: mujeres trabajando en fábricas de armamento, ataques a barcos mercantes y el uso de armas de destrucción masiva.
En 1917, Alemania implementó la guerra submarina sin restricciones, hundiendo sin previo aviso cualquier buque que se acercara a sus costas. El hundimiento del transatlántico Lusitania en 1915, que causó la muerte de 128 estadounidenses, provocó una fuerte protesta de EE. UU. y aumentó la opinión pública anti‑alemana.
Este tipo de agresión presionó a los Estados Unidos a entrar en la guerra del lado de los Aliados, aportando millones de soldados y una enorme capacidad industrial que resultó decisiva.
Al mismo tiempo, el frente oriental se vio afectado por la Revolución Rusa y la continua presión de la guerra submarina alemana, lo que aceleró la retirada de Rusia del conflicto.
En el próximo artículo abordaré la participación de Estados Unidos y la salida de Rusia de la guerra.