Si alguien cree que el uso de drogas estimulantes para mejorar el rendimiento está limitado al deporte, está equivocado, al igual que quien piensa que la metanfetamina solo pertenece al mundo de Walter White en Breaking Bad. En la Alemania nazi la sustancia jugó un papel crucial para potenciar a los soldados.
Un pedido inesperado
En 1940, el joven soldado Heinrich Böll, futuro Nobel de Literatura, escribió a su familia solicitando “un poco de Pervitin”. En aquel momento la droga, de uso legal, se había vuelto muy popular entre las tropas, sobre todo durante las primeras campañas en Polonia y Francia.
El Pervitin en la Wehrmacht
Durante el Blitzkrieg, la Wehrmacht distribuyó metanfetamina para mantener a los hombres despiertos y eupóricos, según el libro Der totale Rausch de Norman Ohler. Aunque Hitler prohibía alcohol y tabaco, no impedía el consumo de fármacos con receta médica.
La legislación de drogas del Tercer Reich heredó normas de la República de Weimar; muchos oficiales eran adictos a cocaína y morfina. En 1925 Hermann Göring tuvo que internarse en un hospital sueco para desintoxicarse.
El Pervitin, producido por la compañía farmacéutica Temmler desde 1938, era una metanfetamina en forma de pastilla de 3 mg. Prometía combatir la fatiga, el dolor, el hambre y la necesidad de dormir, generando una oleada de adrenalina y una sensación de autoconfianza.
Del café a la tabla de los aviones
La droga no se percibía como nociva, sino como comparable al café. El médico militar Otto Ranke, director del Instituto de Fisiología General de la Defensa, probó el Pervitin en cien estudiantes universitarios y, satisfecho con los resultados, lo recomendó para los soldados. Los aviadores la llamaban “Stuka‑Tabletten” o “Píldoras Hermann‑Göring”.
Distribución masiva
Se suministraron alrededor de 35 millones de tabletas de Pervitin y de su hermano químico Isophan, fabricado por Knoll Pharmaceuticals. Cada pastilla contenía 3 mg de principio activo y se distribuía bajo el acrónimo OBM como estimulante, con una dosis recomendada de una o dos tabletas cuando era necesario permanecer despierto.
El Pervitin fue presentado como un producto “no dañino”, comparable a la Coca‑Cola, e incluso se añadía al chocolate. Su eficacia quedó demostrada en situaciones extremas, como en el frente oriental en 1942, cuando soldados exhaustos bajo temperaturas de –30 °C recuperaron fuerzas tras tomar la pastilla.
Incluso el general Rommel la consumía “como pan de cada día”, según afirma Ohler. No solo los alemanes la usaron; también japoneses y fuerzas aliadas la emplearon.
Posguerra y prohibición
Tras el conflicto, el Pervitin siguió disponible en farmacias con receta y en el mercado negro como antidepresivo y supresor del apetito. Estudiantes de medicina lo utilizaban para mantenerse despiertos durante los exámenes. En la década de 1970 la droga fue prohibida y declarada ilegal.