Según los expertos, vivimos la tercera gran revolución de la historia de la humanidad: la revolución tecnológica actual, que sigue a la Revolución Industrial del siglo XVIII y a la Revolución Neolítica. Sin la última, las dos primeras no habrían sido posibles, por lo que podemos afirmar que el Neolítico representa el cambio más trascendente de la historia humana.
Esta afirmación es polémica, pero desde el siglo XIX la Revolución Neolítica se ha considerado un paso más en el progreso. A partir del siglo XX arqueólogos, antropólogos y prehistoriadores se han centrado en entender los mecanismos que llevaron a nuestros antepasados a pasar de vivir de la naturaleza a intentar domesticarla. A continuación se presentan las principales hipótesis surgidas en el último siglo.
El fértil creciente donde surgió el Neolítico.
El consenso actual sitúa el inicio del Neolítico en el Cercano Oriente hace unos 10 500 años, desde donde se expandió a China, Europa, Asia y América. El debate gira en torno a los procesos de expansión: ¿una difusión cultural única o evoluciones paralelas en diferentes comunidades? Todas las hipótesis parten del Neolítico del llamado Creciente Fértil.
Hipótesis sobre el origen del Neolítico
El oasis neolítico
Vere Gordon Childe, influyente prehistoriador australiano radicado en Londres, presentó la primera teoría en su libro de 1925 sobre los orígenes de la civilización europea. Para él, la Revolución Neolítica y la Revolución Urbana son inseparables: la agricultura, la ganadería y las ciudades nacieron simultáneamente. La evidencia sería que las ciudades más antiguas, como Jericó, se encuentran en el Creciente Fértil.
Gordon Childe
Childe atribuye el cambio al clima del Holoceno. Tras la última glaciación, el clima templado atrajo a Homo sapiens y a numerosas especies animales al Creciente Fértil, convirtiéndolo en una zona densamente poblada. El posterior calentamiento transformó la región en desiertos y oasis fluviales, obligando a humanos y animales a concentrarse allí, donde surgió la agricultura y la domesticación.
La domesticación más allá del oasis
A principios de la década de 1960, el arqueólogo estadounidense Robert Braidwood propuso una visión distinta. Con la “Nueva Arqueología”, incorporó estudios botánicos y zoológicos y buscó los primeros granos y animales domesticados en las montañas que rodean el oasis de Childe. En Jarmo (Kurdistán), una pequeña comunidad de 150 habitantes practicaba agricultura y ganadería hace 9 000 años, contemporánea a Jericó. Braidwood también estudió sitios en México donde se domesticaron calabazas sin contacto con el Oriente Próximo.
Robert Braidwood
Conclusión de Braidwood: la domesticación no depende de la ubicación geográfica, sino de la experimentación de cada comunidad en busca de mejorar su calidad de vida.
Trabajar más para comer más
En los años 70, siguiendo la línea de la Nueva Arqueología, Lewis Binford y Kent Flannery investigaron los factores internos y externos que impulsaron la agricultura. El fin del Holoceno provocó un aumento del nivel del mar y mayores precipitaciones, lo que expandió la biodiversidad del Creciente Fértil y generó un crecimiento demográfico.
Lewis Binford
El aparente “Edén” se volvió superpoblado y algunos grupos emigraron a áreas menos favorables, donde la presión por la seguridad alimentaria los llevó a experimentar con la agricultura. Flannery realizó un experimento en el Kalahari: recolectando granos silvestres, una familia pudo alimentarse durante un año con solo tres semanas de cosecha, demostrando que los humanos decidieron trabajar más para comer más.
Presión demográfica
El antropólogo estadounidense M. Nathan Cohen atribuye la aparición de la agricultura y la ganadería a la presión demográfica. Para él, este fenómeno no es exclusivo del Oriente Próximo; se repite en distintas regiones y épocas sin necesidad de una conexión directa.
Recreación de una casa de La Draga, un asentamiento neolítico en Baños de la Encina.
Cohen rechaza la idea de que la agricultura surgiera por emigración de grupos sedentarios; sostiene que el Neolítico se desarrolló in situ a partir de pequeños agricultores.
Revolución social
La socióloga Barbara Bender propone que el motor del Neolítico es de orden social. Los grupos de cazadores‑recolectores del Holoceno estaban preparados para asentarse; la producción de excedentes generó la necesidad de protegerlos, originando clases sociales que controlaban la distribución del alimento y, con ello, el poder.
Barbara Bender
En resumen, los excedentes crearon poder, y la adopción de la agricultura respondió a esa dinámica.
La religión como motor de la neolitización
El arqueólogo francés Jacques Cauvin, en su obra de 1994 “La revolución de los símbolos en el Neolítico”, plantea que la religión precedió a la agricultura. El surgimiento de símbolos y rituales generó una sinergia grupal que facilitó la domesticación.
Jacques Cauvin
Ese mismo año comenzaron las excavaciones en Göbekli Tepe (Turquía), que ha revelado el santuario religioso más antiguo del mundo, datado en más de 11 000 años, mucho antes de la agricultura y la sedentarización.
Göbekli Tepe
El arqueólogo británico Ian Hodder resume: “La agricultura y la sedentarización fueron la culminación de un proceso social y simbólico que, desde el Paleolítico, los grupos humanos llevaron in situ en relación con su entorno”.
Conclusiones
Hemos revisado al menos seis enfoques diferentes para explicar el mayor cambio de la historia humana. Es probable que la combinación de todas ellas sea la más acertada.
Sin embargo, ninguna de las hipótesis destaca la capacidad creativa del individuo dentro de la comunidad, una característica que nos diferencia de otras especies. Hoy un compositor busca en sí mismo la chispa que conmueva al público; en el Paleolítico, esa creatividad se refleja en las pinturas rupestres.
Quizá fueron individuos que, motivados por su impulso creativo, decidieron imitar la naturaleza y experimentar con la siembra, sin la presión de cambios climáticos o necesidades de supervivencia.
Lo evidente es que el Neolítico marcó un punto sin retorno. Desde entonces, el ser humano ha transformado el mundo de forma cada vez más acelerada, intentando superar a la naturaleza en un camino sin un final claramente definido.
Imágenes: commons.wikimedia